Viaje a Vika-B Capítulo 08
Viaje a Vika-B
© 2022-2024 Ben Zider. Basado en la historia “Vika-B” escrita por Sethtriggs. Ambientada en el Universo Chakat creado por Goldfur. Art by Sethtriggs
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CAPITULO 8
Tras degustar la comida en el restaurante, el profesor Zider y Evod siguieron a Chorre hacia su habitación, ubicada en la zona residencial de la Estación. Mientras caminaban por los pasillos, Ben divisó a lo lejos a la doctora Petra Picha. Intentó acercarse a ella para conversar, pero la voxxan se dirigía apresuradamente hacia la zona administrativa. Portaba una serie de documentos y su semblante reflejaba inquietud.
—Es la profesora Picha —murmuró para sí. Evod, irguiendo las orejas, inquirió:
—¿Ocurre algo malo con ella, Ben?
—Supongo que tiene motivos para estar preocupada. Estar al frente de un proyecto como este conlleva una responsabilidad inmensa —respondió el humano.
—Tengo entendido que la colonización avanza favorablemente —comentó Evod.
—Sí, yo diría que el proyecto progresa adecuadamente —masculló el profesor sin ahondar en detalles.
—¡Es por aquí! —exclamó Chorre al llegar a una de las habitaciones de la zona residencial. Al abrirse la puerta, un ambiente acogedor les dio la bienvenida.
—Adelante, por favor —invitó la mofeta, meneando la cola.
Al ingresar, Evod y Ben observaron que dos skunktaurs más se encontraban en el interior. Una de ellos, en fase femenina, pertenecía a la casa black paw, mientras que el otro, un robusto ejemplar en fase mas-culina, era de la casa blue paw.
—Profesor Zider, Evod... Les presento a Shalur Skunktaur y Brucan Skunktaur, miembros de mi equipo —dijo Chorre, introduciendo a sus dos compañeros.
—Es un placer conocerlos —saludó Ben, estrechando sus manos.
—Lo mismo digo —añadió Evod con una sonrisa afable.
—Vaya, hacía bastante tiempo que no conversaba con un humano —comentó Shalur, sonriendo.
—Je, je... A mí me sucede lo contrario —respondió Ben—. Interactúo con los skunktaur constantemen-te.
—El profesor reside en nuestro Archipiélago y trabaja en Dewclaw —aclaró Chorre.
—Oh, ¿un maestro de skunktaurs, eh? —agregó Brucan, aproximándose a él.
—Así es, imparto clases de control de calidad a futuros ingenieros —explicó Ben.
—Yo también estudié en Dewclaw hace muchos años. Me gradué en ingeniería —compartió Brucan.
—Entonces, seguramente conociste a la decana Rogar —señaló el humano.
—Sí, por supuesto. Ella era decana en mi época. La recuerdo vívidamente. Ya le expresé mis condolen-cias a Chorre y ahora te las extiendo a ti —añadió el skunktaur, abrazando al profesor.
—Gracias, Brucan —respondió Ben, conmovido.
—El profesor Zider vino a Vika-B cumpliendo el último deseo de tía Rogar. Eran amigos entrañables —se apresuró a explicar Chorre, colocando una mano en el hombro del humano.
—Oh, lamento escuchar eso, profesor —dijo Shalur, abrazándolo también.
—¿Estás bien, Ben? —preguntó Evod con amabilidad.
—Sí, todo está bien. Gracias por sus condolencias —respondió el humano, algo conmovido.
—Evod, Ben, pónganse cómodos. Les traeré algo de comer y beber —anunció Chorre mientras se dirigía a la cocina por refrigerios.
—Yo solo beberé, Chorre —dijo Evod, considerando su reciente comida en el casino.
—Igual yo. Gracias —añadió el humano.
Todos se acomodaron plácidamente en amplios sofás de textura suave, diseñados para tauros. Evod y Ben se sentaron juntos, y a cada lado, Shalur y Brucan. Chorre no tardó en regresar con refrigerios para todos.
—¿Así que llegaron hace poco a la Estación Espacial? ¿Vinieron en un vuelo regular? —preguntó de pronto el profesor.
Los tres skunktaurs intercambiaron miradas y sonrieron.
—No, cariño. Nosotros viajamos en nuestro propio crucero espacial. Es pequeño, pero lo suficientemen-te potente para trasladarnos con impulso warp —respondió Shalur con una sonrisa.
—Vaya, eso es impresionante —comentó Evod, tras saborear el jugo de frutas voxxan que Chorre había traído.
—Ben, ¿podemos continuar lo que estábamos haciendo en el restaurante de la nave? —preguntó el skunktaur de la red paw house.
—De acuerdo —asintió el humano.
—Muy bien. Shalur, tú también ayúdame con tus talentos. Necesito ser lo más preciso posible —dijo Chorre. Los dos skunktaur formaron un círculo, sentándose junto a Ben y tomando sus manos.
—Veo que tienes práctica en la meditación, profesor. Eso ayudará mucho —agregó—. Bien, cierren los ojos y tranquilicen sus pensamientos lo más que puedan. Ahora me conectaré mentalmente contigo, Ben. Shalur, intenta proyectar tu presencia en la realidad que aparezca en su mente.
—Entendido —respondió el skunktaur especialista en proyecciones astrales.
—¿Esto no será peligroso para Ben? —susurró de pronto Evod a Brucan.
—No te preocupes, cariño. Ellos lo hacen constantemente como parte de nuestro trabajo de exploración. Serán cuidadosos, ya verás —lo tranquilizó el corpulento skunktaur de talento telequinético.
Al cabo de un par de minutos, los tres entraron en un estado de profunda concentración y quietud. Ben se dejó llevar por las palabras que mentalmente Chorre le transmitía. Una oscuridad y silencio total se apoderaron de la mente de todos. Ben percibió con total claridad un paisaje lluvioso cerca de la costa. El cielo era gris y había tempestad. El profesor reconoció el lugar como cercano a su hogar en el Archi-piélago Skunktaur. De pronto, la voz infantil de su pequeña hija de cinco años irrumpió en su mente:
—¡Tía Rogar! —exclamó la niña, señalando el almacén donde la familia solía guardar herramientas y utensilios de jardinería. Ben se aproximó y vio en su interior a un viejo skunktaur de pelaje gris, empa-pado y jadeante. Chorre se sobresaltó al verlo. Shalur proyectó su espíritu hacia la escena, intentando percibir más sensaciones.
—Hay alguien más —dijo mentalmente el skunktaur de la casa black paw, palabras que fueron captadas por Chorre, quien asintió en silencio. Luego, este intentó penetrar en la mente de aquella mofeta que vivía en los recuerdos de Ben. De pronto, el viejo skunktaur levantó la cabeza y abrió los ojos, mirando directamente a Chorre. Éste, sobresaltado, rompió su concentración, desconectando a los tres.
—¡Era él! ¡Era papá! ¡Estoy segura! —exclamó de pronto el skunktaur, sorprendido.
—¿A qué te refieres? —inquirió el profesor, abriendo los ojos.
—Ese viejo skunktaur que ayudaste en tu casa aquella vez era papá.
—¿Bram? ¿Dices que el viejo Bram es Vroeg en realidad?
—Lo fue en ese momento. Papá ocupó su cuerpo y mente. Ya te dije que Vroeg era un telépata muy poderoso. Tal como ocurrió con Esteban, proyectó su presencia desde algún otro lugar.
—¿Hablas en serio? Vaya, eso es... difícil de creer. Bueno, actualmente Bram vive conmigo en New Bletchley. Lo sacamos de un asilo de ancianos en Amistad y lo adoptamos, dándole un hogar y una familia —afirmó el profesor.
Al escuchar estas palabras, Chorre no pudo evitar emocionarse al recordar a su padre. Sus ojos comenzaron a humedecerse a medida que emergía su figura en sus memorias.
—Yo... Hace muchos años, Vroeg y mi madre Maine encontraron vagando por las calles de Amistad a un pequeño niño humano de cinco años de edad. Su nombre era Fa Ping. Lo adoptaron y lo criaron en secreto con mucho amor, antes de que Rena y yo naciéramos. Vive oculto en Chakona bajo la protección del gobierno, por ser el último descendiente de una antigua dinastía terrana.
Todos se sorprendieron ante aquella revelación.
—Vaya, nunca nos mencionaste eso, Chorre —dijo Brucan, rascándose la cabeza.
—Eso es obvio, grandulón. ¿No ves que acaba de decir que es un secreto del gobierno? —replicó Shalur, burlón.
—No lo hice porque era un secreto familiar. Pero hace varias semanas viajé a Chakona y estuve con Fa Ping y mi hermana Rena. Y cuando tú, Ben, mencionaste que habías adoptado a Bram, recordé el mismo gesto que tuvieron mis padres con mi hermano, una criatura de tu especie. Es curioso cómo la vida nos sorprende —reflexionó Chorre, suspirando.
—Vaya. Rogar siempre habló de tu padre Vroeg con mucha admiración. Aunque no lo conocí, siento que fue una gran persona —respondió el profesor.
—Lo fue, y pese a que solía viajar mucho por las estrellas, igual que yo, papá siempre se las arreglaba para estar con nosotros y mamá... Ben, al adoptar a uno de los nuestros, me recuerdas mucho a él. Sé cuán noble es ese acto —dijo Chorre, tomando las manos del humano.
—Bram se ganó mi corazón y el de mi familia. Es divertido, ocurrente, bromista y muy enigmático a veces, pero ama mucho a los míos, y nosotros lo amamos a él. Es un skunktaur muy longevo. Nació en la segunda generación de skunktaurs. Era un cachorro cuando se produjo la liberación.
—Vaya, eso es grandioso —comentó Brucan, sonriendo.
—Ben, quizá estoy un poco obsesionado con papá porque no estuve presente cuando murió —continuó diciendo Chorre—. Me sentí culpable por no estar con él en ese momento. Yo me encontraba trabajando en un sistema muy alejado de Chakona. Ni siquiera pude llegar a tiempo a su funeral, ni consolar a mis hermanos Rena y Ping. Es irónico. Lo mismo ocurrió con tía Rogar... Fa Ping también lamentó no estar al lado de Vroeg por su condición de refugiado. Solo Rena y Esteban pudieron estar cerca. Ese mucha-cho humano estuvo ahí por nosotros... Es por eso que tal vez necesito saber que Vroeg aún está... —soltó emocionado Chorre. Brucan y Shalur se acercaron a su compañero y lo abrazaron con cariño. Evod, conmovido, también lo abrazó.
—Lo entiendo, Chorre. No sé si en esa ocasión fue Bram u otra persona a quien mi hija encontró y refugié en mi casa. Lo único cierto es que tuvimos una conversación muy profunda, algo que no ha vuelto a ocurrir con Bram desde entonces. Entiendo que su mente no es tan desarrollada como la de los skunktaurs de generaciones posteriores. Pero también está el hecho de que Bram y Vroeg convivieron juntos en el asilo para refugiados cerca de la bahía Topacio. Tal vez Vroeg le enseñó a Bram ciertas cosas —dijo el profesor con criterio racional.
—La muerte no es más que un tropiezo en la larga carrera de la existencia —añadió—. Eso lo dijo Bram aquella vez y Rogar mencionó que así también pensaba Vroeg.
—Eso es cierto. Gracias, Ben, por permitirme corroborar esa información en tu mente. Pero es hora de relajarnos un poco. Supongo que, en el futuro, tendré la oportunidad de saludar a mi hermano Ugkar cuando sea posible bajar a la superficie del planeta —agregó Chorre.
—No hay de qué, amigo. Espero que ustedes dos se conozcan. Si necesitas ayuda con eso, puedo hablar con la Doctora Picha, a cargo del proyecto —ofreció Ben.
—Gracias. Ya veremos. Por ahora, relajémonos. Ben, Evod, ¿podrían quedarse un poco más con nosotros?
—Por mí no hay problema, Chorre. ¿Tú qué dices, Evod? ¿Nos quedamos un poco más? —inquirió Ben.
—Seguro. Thannese podrá sobrevivir sin nosotros un tiempo —respondió el chakat, moviendo la cola.
Todos se acomodaron en los sofás y continuaron la agradable conversación por horas. Los skunktaurs se enteraron de que el humano llevaba muchos años viviendo en el archipiélago y que la mayoría de sus amigos eran skunktaurs.
—Hace algunos años, cuando era estudiante en Dewclaw, conocí a un skunktaur que practicaba la me-ditación en la ciudad de Amistad. También enseñaba una nueva técnica de cepillado para relajar a los tauros, especialmente a los skunktaurs. Su nombre era Karyom, de la casa black paw, como tú, Shalur.
—Oh, interesante —comentó éste.
—Y además, Karyom fue denmate de Ugkar, cosa que supe hace apenas un año, cuando Rogar me lo presentó en Dewclaw —agregó el profesor.
—Vaya, eso no lo sabía —dijo Chorre con curiosidad.
—Y, ¿qué es el cepillado de relajación? —inquirió Brucan con interés.
—Si traes un cepillo, te lo demostraré —respondió el profesor.
—Oh, suena bien —agregó Evod.
Brucan se levantó y fue al dormitorio a buscar cepillos. Al volver con tres de ellos en sus manos, Ben le indicó:
—Ahora siéntate aquí, estira tu cuerpo y cierra los ojos.
El skunktaur acomodó su gran cuerpo en el suelo y Ben se arrodilló a su lado, comenzando a cepillarlo.
—Relájate e imagina que el cepillo va nutriendo tu cuerpo de energía —pronunció el humano con voz suave. El skunktaur así lo hizo y rápidamente comenzó a sentir una agradable sensación en su piel. Sin darse cuenta, Brucan fue absorbido poco a poco por sensaciones placenteras y relajantes, que le hacían perder la noción de su propio cuerpo. A medida que Ben cepillaba lentamente los brazos, las patas, el cuello, el lomo y la cola, esa sensación de libertad se acrecentaba.
Todos quedaron sorprendidos por el profundo estado de relajación que el profesor había inducido en Brucan solo con cepillarlo. Tal fue el efecto que, sin percatarse, el skunktaur en fase masculina desenvainó poco a poco su pene, quedando completamente erecto. Cuando Ben terminó, Brucan abrió los ojos. Todos lo miraban con asombro.
—¿Eh? ¡Oh! Lo siento, lo siento, ¡no me di cuenta! —dijo el gran skunktaur completamente sonrojado.
—Hmmm... Parece que tuviste un sueño placentero, Brucan —dijo Shalur en tono burlesco.
—Tranquilo. No hay nada de qué avergonzarse. Es normal que la relajación llegue a ese nivel cuando experimentas esta técnica por primera vez. Quizá debí advertírtelo, pero dime, ¿cómo te sentiste? —inquirió el profesor.
Brucan, aún relajado, declaró:
—Oh, fue genial, profesor. Sentí mi cuerpo muy liviano. Y ahora me siento muy bien.
—¡Yo quiero ser el próximo! —exclamó Shalur con entusiasmo mientras se acomodaba junto a Ben.
—De acuerdo.
—Pero quiero estar cómoda —agregó, mientras se quitaba la blusa de su torso, dejándolo desnudo. Ben se sorprendió ante la intrepidez de la mofeta. Sus pechos femeninos eran un poco más pequeños que los de Chorre, pero igualmente bien formados.
—Ok, Shalur. Cierra los ojos —dijo Ben antes de empezar el cepillado.
Shalur estiró sus brazos y patas con pereza, dejando que el cepillo los recorriera centímetro a centímetro. Al igual que Brucan, Shalur experimentó un estado de relajación profundo. Los pezones de sus pechos se pusieron rígidos, mientras se proyectaba astralmente de manera involuntaria. Cuando Ben terminó de cepillar todo su cuerpo, el skunktaur estaba tan emocionado que espontáneamente le dio un beso en la boca en agradecimiento.
—¡Muac! Eres maravilloso, Ben. Esto es más relajante que usar la proyección astral.
El humano, sorprendido, solo atinó a sonreír. Evod hizo una mueca disimulada de desagrado.
—Me alegro, Shalur. El objetivo de esta técnica es armonizar el flujo de energía corporal a través del cepillado. Eh... Bien, ¿quién sigue? ¿Chorre?
—De acuerdo, pero también me pondré cómoda —dijo ésta para luego quitarse la blusa. Los pechos y vientre de Chorre eran de un blanco más claro que los de Shalur, muy similar al pelaje de Ugkar.
—Vaya, eres parecida a tu hermano. Imagino que, en fase masculina, ustedes dos deben verse iguales —comentó el profesor.
—Eso me dijo Rena, aunque Ugkar usa el pelo más corto —sentenció.
—Eso es cierto. Ahora cierra los ojos. Y no uses tus talentos. Suprímelos y solo relájate, ¿ok?
—Como ordenes —respondió el skunktaur.
Tras unos minutos de cepillado, Chorre sintió una especie de energía que erizaba sus pelos casi sin tocarlos. La sensación fue tan agradable para hy que espontáneamente le hacía sonreír. Jamás pensó que un humano tuviera tal habilidad, más propia de un skunktaur. Luego de terminar, Chorre declaró:
— Vaya... ¡Esto realmente se siente muy bien! ¿Y esta técnica la aprendiste de ese Karyom?
—Sí, hy lo enseñaba en sus talleres de meditación en Amistad. Lamentablemente, Karyom fue una de las víctimas del atentado de H1 en el aeropuerto. Tristemente, tu hermano estuvo ahí cuando eso ocurrió.
—Sí, lo sé. Rena me contó todo. Ya llegará el momento de hablar de ello con Ugkar cuando nos veamos, supongo —remató Chorre. Luego agregó—: Pero ahora, ¡es el turno de Evod!
—¿Eh? No... No es necesario, Ben, gracias —respondió el chakat completamente avergonzado.
—¡Vamos, Evod, es genial! —agregó Shalur entusiasmado.
—Evod, desde que llegué a la estación espacial, te has preocupado mucho por mí y has sido muy ama-ble. Permíteme devolverte algo de todo lo bueno que tú me has dado —dijo el profesor mientras invita-ba al chakat a sentarse junto a él, estirando la mano.
Evod, después de unos segundos de duda, accedió y estiró su cuerpo junto al profesor. Sin embargo, decidió no desnudarse como los otros tauros, ya que sentía un poco de pudor frente a Ben. El chakat cerró los ojos y, al igual que el resto, se relajó extraordinariamente. Una sensación de paz y tranquilidad se apoderó de sus sentidos. Su respiración se hacía cada vez más pausada y profunda.
Al cabo de unos minutos, el chakat abrió los ojos y miró al humano con un profundo deseo de afecto. Con su brazo, acercó la cabeza de Ben hasta su hocico y le dio un profundo beso en la boca. Los tres skunktaurs celebraron ese gesto tan espontáneo, lo que hizo a Evod volver en sí.
—¿Eh? ¡Ben! ¡Yo no quería! ¡Lo siento! —se disculpó el chakat completamente sonrojado.
Ben, un poco descolocado, solo atinó a decir:
—¡Wow! Eso fue... Lindo, Evod... Perdón si el cepillado te incomodó.
—No... Perdóname tú por ser tan atrevida... Yo... No debí hacer eso. No sé qué me pasó —respondió el chakat aún sonrojado.
—Awww... ¡Eso fue tan lindo de tu parte, Evod! —comentó alegremente Shalur, quien disfrutaba mu-cho de las manifestaciones románticas.
—Aprende de shi, Brucan, para que uses con más delicadeza tu fase masculina —remató.
—¡Meh! Igual disfrutas lo bruto que puedo ser —se defendió el skunktaur. Todos se echaron a reír.
—Ben, muchas gracias por esta maravillosa experiencia con el cepillo. Realmente estoy sorprendida. Todos lo estamos —declaró Chorre.
—Ahora, si tú lo deseas, estamos dispuestos a devolverte el favor, querido. Es nuestro turno de relajarte —dijo Shalur con una voz sensual, mientras se aproximaba al humano moviendo su esponjosa cola.
—Lo mismo va para ti, querida —agregó mirando a Evod, quien espontáneamente dejó escapar un leve ronroneo.
—Je, je... Como quieran —dijo felizmente Ben, acostumbrado a las expresiones de cariño y mimos de los skunktaurs del archipiélago.
—Shalur, no incomodes a nuestros invitados —reprendió Chorre, conociendo la situación sentimental del profesor.
—No te preocupes. No tengo inconveniente en pasar un buen rato. No es raro hacerlo en casa con mi pareja y amigos skunktaurs. Mientras no haya otra mujer humana aquí acariciándome, creo que sobreviviré —bromeó el profesor.
—Ben, ¿estás seguro de esto? —inquirió de pronto Evod acercándose a él.
—Je, tú ya me has dado muchos abrazos y caricias, Evod, ¿por qué te extrañas?
—Sí, pero siempre respetando los límites, Ben.
—Está bien, Evod. No te preocupes. Seguiremos respetando los límites entonces. No hay problema —respondió el profesor con una sonrisa.
El chakat se encogió de hombros. Chorre, al notar su preocupación, se acercó a hym y le dijo:
—Evod, tú también compartes momentos con tus amigos chakats de la estación, ¿verdad? —preguntó Chorre.
—Sí, pero somos chakats y chakat-kin; nuestra naturaleza es ser afectuosos y cariñosos. Ben es humano, y ellos tienden a la monogamia —explicó el chakat.
—Hmm... ¿No será que sientes celos de que Ben interactúe con nosotros? Eso es inusual en un chakat —observó Chorre repentinamente.
—¡¿Qué?! ¡Te... te equivocas! ¡Y deja de leer mi mente! —respondió Evod, irritada y ruborizada.
—¡De acuerdo, de acuerdo! Lo lamento, Evod. Me resulta difícil mantener mi habilidad desactivada. Por favor, discúlpame —dijo Chorre.
Luego, telepáticamente, advirtió al chakat: Pero ten cuidado con tus emociones, Evod. No es lo mismo interactuar con un humano que enamorarse de él.
—No te preocupes por eso —murmuró Evod.
—Bueno, ¡pongámonos cómodos! —invitó Shalur con una sonrisa, indicando a todos que se acomodaran en los mullidos sofás.
Brucan regresó de la cocina con nuevos aperitivos y bebidas, que dispuso en una mesita cercana. Ben tomó los cepillos y comenzó a acariciar suavemente a Shalur y Brucan, quienes se recostaron a ambos lados del humano. Un aroma agradable, típico de las mofetas contentas y relajadas, empezó a impregnar el ambiente.
Chorre se sentó detrás de Ben, permitiendo que este se apoyara en su torso. El humano se dejó llevar y recostó su cabeza en el suave pecho de Chorre. El skunktaur colocó sus manos a los lados de la cabeza de Ben, utilizando su talento para aliviar el dolor que aún sentía por la pérdida de Rogar. Evod, uniéndose al grupo, se recostó en las piernas de Ben.
—Querida, ¿por qué no nos deleitas con tu hermosa figura? —sugirió Brucan, entusiasmado ante la idea de ver al chakat sin ropa.
Evod miró a Ben, ligeramente sonrojada. El humano también se ruborizó, guiñándole un ojo. El chakat entonces estiró los brazos, indicando a Brucan que le quitara la blusa con su telequinesis. La mofeta así lo hizo, revelando el torso del chakat.
—Eres hermosa —comentó Brucan, acercándose para acariciar y percibir su aroma.
—Tú tampoco estás nada mal —comentó Evod con una risita.
Chorre, sosteniendo la cabeza de Ben contra su pecho, recordó de pronto a su hermano Ping y cómo solía relajarlo con su talento.
—¿Te encuentras bien? —preguntó la mofeta de la casa Red Paw.
—Sí, Chorre. Gracias por ayudarme a olvidar las tristezas de la vida, aunque sea por un instante —dijo el humano, acariciando su rostro mientras miraba los profundos ojos celestes del skunktaur.
Por primera vez, Chorre se sonrojó, esquivando la mirada.
—Se nota que has convivido bastante con los de mi especie. Sabes cómo tratarnos —comentó la mofe-ta.
—He aprendido mucho de los skunktaurs. Siempre los he admirado —respondió el profesor.
—Yo también sé cómo tratar a los humanos. Gracias a mi hermano Ping, aprendí mucho sobre ustedes —dijo Chorre, complacida al notar a Ben más tranquilo mental y emocionalmente.
—Tú tienes algo especial, cariño —agregó—, y puedo entender por qué Evod te aprecia tanto.
—¿Eh?
Mientras Brucan y Shalur permanecían relajados y tendidos junto a ellos, Evod se acercó al humano y apoyó su cabeza sobre sus piernas. El profesor la acarició con ternura, estirando su cabello trenzado.
—Espero no haber sido demasiado atrevida contigo, Ben —declaró con un suspiro.
—Para nada, Evod. Está bien para mí. Y yo espero que ese beso que te di no haya sido...
—Me gustó... Me gustó mucho tu beso —balbuceó el chakat.
—Ya te había dicho que eres un hermoso ejemplar —reconoció el humano, quien tranquilamente se qui-tó la camisa para sentir el suave pelaje de Evod con su piel. Esta se sorprendió por el gesto, pero Ben la invitó a apoyar su cabeza sobre su torso.
—Así puedo sentirte mejor, Evod. Gracias por todo el cariño y el apoyo que me has brindado desde que llegué —pronunció el humano mientras acariciaba suavemente la cabeza del chakat.
—Prrrr —ronroneó Evod, extasiada. Se acomodó acurrucando su cabeza sobre el humano. Para Ben, el aroma del chakat era tan agradable como el de los skunktaurs.
—Evod, ¿crees que Thannese se preocupe porque aún no hemos regresado al laboratorio?
—preguntó el profesor, un poco somnoliento.
—Prrrr... No te preocupes. Ya te dije que él sobrevivirá sin nosotros un rato —sentenció el chakat con un suspiro, mientras luchaba por no quedarse dormido en ese cómodo lugar junto a Ben y sus nuevos amigos skunktaurs.
© 2022-2024 Ben Zider. Basado en la historia “Vika-B” escrita por Sethtriggs. Ambientada en el Universo Chakat creado por Goldfur. Art by Sethtriggs
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CAPITULO 8
Tras degustar la comida en el restaurante, el profesor Zider y Evod siguieron a Chorre hacia su habitación, ubicada en la zona residencial de la Estación. Mientras caminaban por los pasillos, Ben divisó a lo lejos a la doctora Petra Picha. Intentó acercarse a ella para conversar, pero la voxxan se dirigía apresuradamente hacia la zona administrativa. Portaba una serie de documentos y su semblante reflejaba inquietud.
—Es la profesora Picha —murmuró para sí. Evod, irguiendo las orejas, inquirió:
—¿Ocurre algo malo con ella, Ben?
—Supongo que tiene motivos para estar preocupada. Estar al frente de un proyecto como este conlleva una responsabilidad inmensa —respondió el humano.
—Tengo entendido que la colonización avanza favorablemente —comentó Evod.
—Sí, yo diría que el proyecto progresa adecuadamente —masculló el profesor sin ahondar en detalles.
—¡Es por aquí! —exclamó Chorre al llegar a una de las habitaciones de la zona residencial. Al abrirse la puerta, un ambiente acogedor les dio la bienvenida.
—Adelante, por favor —invitó la mofeta, meneando la cola.
Al ingresar, Evod y Ben observaron que dos skunktaurs más se encontraban en el interior. Una de ellos, en fase femenina, pertenecía a la casa black paw, mientras que el otro, un robusto ejemplar en fase mas-culina, era de la casa blue paw.
—Profesor Zider, Evod... Les presento a Shalur Skunktaur y Brucan Skunktaur, miembros de mi equipo —dijo Chorre, introduciendo a sus dos compañeros.
—Es un placer conocerlos —saludó Ben, estrechando sus manos.
—Lo mismo digo —añadió Evod con una sonrisa afable.
—Vaya, hacía bastante tiempo que no conversaba con un humano —comentó Shalur, sonriendo.
—Je, je... A mí me sucede lo contrario —respondió Ben—. Interactúo con los skunktaur constantemen-te.
—El profesor reside en nuestro Archipiélago y trabaja en Dewclaw —aclaró Chorre.
—Oh, ¿un maestro de skunktaurs, eh? —agregó Brucan, aproximándose a él.
—Así es, imparto clases de control de calidad a futuros ingenieros —explicó Ben.
—Yo también estudié en Dewclaw hace muchos años. Me gradué en ingeniería —compartió Brucan.
—Entonces, seguramente conociste a la decana Rogar —señaló el humano.
—Sí, por supuesto. Ella era decana en mi época. La recuerdo vívidamente. Ya le expresé mis condolen-cias a Chorre y ahora te las extiendo a ti —añadió el skunktaur, abrazando al profesor.
—Gracias, Brucan —respondió Ben, conmovido.
—El profesor Zider vino a Vika-B cumpliendo el último deseo de tía Rogar. Eran amigos entrañables —se apresuró a explicar Chorre, colocando una mano en el hombro del humano.
—Oh, lamento escuchar eso, profesor —dijo Shalur, abrazándolo también.
—¿Estás bien, Ben? —preguntó Evod con amabilidad.
—Sí, todo está bien. Gracias por sus condolencias —respondió el humano, algo conmovido.
—Evod, Ben, pónganse cómodos. Les traeré algo de comer y beber —anunció Chorre mientras se dirigía a la cocina por refrigerios.
—Yo solo beberé, Chorre —dijo Evod, considerando su reciente comida en el casino.
—Igual yo. Gracias —añadió el humano.
Todos se acomodaron plácidamente en amplios sofás de textura suave, diseñados para tauros. Evod y Ben se sentaron juntos, y a cada lado, Shalur y Brucan. Chorre no tardó en regresar con refrigerios para todos.
—¿Así que llegaron hace poco a la Estación Espacial? ¿Vinieron en un vuelo regular? —preguntó de pronto el profesor.
Los tres skunktaurs intercambiaron miradas y sonrieron.
—No, cariño. Nosotros viajamos en nuestro propio crucero espacial. Es pequeño, pero lo suficientemen-te potente para trasladarnos con impulso warp —respondió Shalur con una sonrisa.
—Vaya, eso es impresionante —comentó Evod, tras saborear el jugo de frutas voxxan que Chorre había traído.
—Ben, ¿podemos continuar lo que estábamos haciendo en el restaurante de la nave? —preguntó el skunktaur de la red paw house.
—De acuerdo —asintió el humano.
—Muy bien. Shalur, tú también ayúdame con tus talentos. Necesito ser lo más preciso posible —dijo Chorre. Los dos skunktaur formaron un círculo, sentándose junto a Ben y tomando sus manos.
—Veo que tienes práctica en la meditación, profesor. Eso ayudará mucho —agregó—. Bien, cierren los ojos y tranquilicen sus pensamientos lo más que puedan. Ahora me conectaré mentalmente contigo, Ben. Shalur, intenta proyectar tu presencia en la realidad que aparezca en su mente.
—Entendido —respondió el skunktaur especialista en proyecciones astrales.
—¿Esto no será peligroso para Ben? —susurró de pronto Evod a Brucan.
—No te preocupes, cariño. Ellos lo hacen constantemente como parte de nuestro trabajo de exploración. Serán cuidadosos, ya verás —lo tranquilizó el corpulento skunktaur de talento telequinético.
Al cabo de un par de minutos, los tres entraron en un estado de profunda concentración y quietud. Ben se dejó llevar por las palabras que mentalmente Chorre le transmitía. Una oscuridad y silencio total se apoderaron de la mente de todos. Ben percibió con total claridad un paisaje lluvioso cerca de la costa. El cielo era gris y había tempestad. El profesor reconoció el lugar como cercano a su hogar en el Archi-piélago Skunktaur. De pronto, la voz infantil de su pequeña hija de cinco años irrumpió en su mente:
—¡Tía Rogar! —exclamó la niña, señalando el almacén donde la familia solía guardar herramientas y utensilios de jardinería. Ben se aproximó y vio en su interior a un viejo skunktaur de pelaje gris, empa-pado y jadeante. Chorre se sobresaltó al verlo. Shalur proyectó su espíritu hacia la escena, intentando percibir más sensaciones.
—Hay alguien más —dijo mentalmente el skunktaur de la casa black paw, palabras que fueron captadas por Chorre, quien asintió en silencio. Luego, este intentó penetrar en la mente de aquella mofeta que vivía en los recuerdos de Ben. De pronto, el viejo skunktaur levantó la cabeza y abrió los ojos, mirando directamente a Chorre. Éste, sobresaltado, rompió su concentración, desconectando a los tres.
—¡Era él! ¡Era papá! ¡Estoy segura! —exclamó de pronto el skunktaur, sorprendido.
—¿A qué te refieres? —inquirió el profesor, abriendo los ojos.
—Ese viejo skunktaur que ayudaste en tu casa aquella vez era papá.
—¿Bram? ¿Dices que el viejo Bram es Vroeg en realidad?
—Lo fue en ese momento. Papá ocupó su cuerpo y mente. Ya te dije que Vroeg era un telépata muy poderoso. Tal como ocurrió con Esteban, proyectó su presencia desde algún otro lugar.
—¿Hablas en serio? Vaya, eso es... difícil de creer. Bueno, actualmente Bram vive conmigo en New Bletchley. Lo sacamos de un asilo de ancianos en Amistad y lo adoptamos, dándole un hogar y una familia —afirmó el profesor.
Al escuchar estas palabras, Chorre no pudo evitar emocionarse al recordar a su padre. Sus ojos comenzaron a humedecerse a medida que emergía su figura en sus memorias.
—Yo... Hace muchos años, Vroeg y mi madre Maine encontraron vagando por las calles de Amistad a un pequeño niño humano de cinco años de edad. Su nombre era Fa Ping. Lo adoptaron y lo criaron en secreto con mucho amor, antes de que Rena y yo naciéramos. Vive oculto en Chakona bajo la protección del gobierno, por ser el último descendiente de una antigua dinastía terrana.
Todos se sorprendieron ante aquella revelación.
—Vaya, nunca nos mencionaste eso, Chorre —dijo Brucan, rascándose la cabeza.
—Eso es obvio, grandulón. ¿No ves que acaba de decir que es un secreto del gobierno? —replicó Shalur, burlón.
—No lo hice porque era un secreto familiar. Pero hace varias semanas viajé a Chakona y estuve con Fa Ping y mi hermana Rena. Y cuando tú, Ben, mencionaste que habías adoptado a Bram, recordé el mismo gesto que tuvieron mis padres con mi hermano, una criatura de tu especie. Es curioso cómo la vida nos sorprende —reflexionó Chorre, suspirando.
—Vaya. Rogar siempre habló de tu padre Vroeg con mucha admiración. Aunque no lo conocí, siento que fue una gran persona —respondió el profesor.
—Lo fue, y pese a que solía viajar mucho por las estrellas, igual que yo, papá siempre se las arreglaba para estar con nosotros y mamá... Ben, al adoptar a uno de los nuestros, me recuerdas mucho a él. Sé cuán noble es ese acto —dijo Chorre, tomando las manos del humano.
—Bram se ganó mi corazón y el de mi familia. Es divertido, ocurrente, bromista y muy enigmático a veces, pero ama mucho a los míos, y nosotros lo amamos a él. Es un skunktaur muy longevo. Nació en la segunda generación de skunktaurs. Era un cachorro cuando se produjo la liberación.
—Vaya, eso es grandioso —comentó Brucan, sonriendo.
—Ben, quizá estoy un poco obsesionado con papá porque no estuve presente cuando murió —continuó diciendo Chorre—. Me sentí culpable por no estar con él en ese momento. Yo me encontraba trabajando en un sistema muy alejado de Chakona. Ni siquiera pude llegar a tiempo a su funeral, ni consolar a mis hermanos Rena y Ping. Es irónico. Lo mismo ocurrió con tía Rogar... Fa Ping también lamentó no estar al lado de Vroeg por su condición de refugiado. Solo Rena y Esteban pudieron estar cerca. Ese mucha-cho humano estuvo ahí por nosotros... Es por eso que tal vez necesito saber que Vroeg aún está... —soltó emocionado Chorre. Brucan y Shalur se acercaron a su compañero y lo abrazaron con cariño. Evod, conmovido, también lo abrazó.
—Lo entiendo, Chorre. No sé si en esa ocasión fue Bram u otra persona a quien mi hija encontró y refugié en mi casa. Lo único cierto es que tuvimos una conversación muy profunda, algo que no ha vuelto a ocurrir con Bram desde entonces. Entiendo que su mente no es tan desarrollada como la de los skunktaurs de generaciones posteriores. Pero también está el hecho de que Bram y Vroeg convivieron juntos en el asilo para refugiados cerca de la bahía Topacio. Tal vez Vroeg le enseñó a Bram ciertas cosas —dijo el profesor con criterio racional.
—La muerte no es más que un tropiezo en la larga carrera de la existencia —añadió—. Eso lo dijo Bram aquella vez y Rogar mencionó que así también pensaba Vroeg.
—Eso es cierto. Gracias, Ben, por permitirme corroborar esa información en tu mente. Pero es hora de relajarnos un poco. Supongo que, en el futuro, tendré la oportunidad de saludar a mi hermano Ugkar cuando sea posible bajar a la superficie del planeta —agregó Chorre.
—No hay de qué, amigo. Espero que ustedes dos se conozcan. Si necesitas ayuda con eso, puedo hablar con la Doctora Picha, a cargo del proyecto —ofreció Ben.
—Gracias. Ya veremos. Por ahora, relajémonos. Ben, Evod, ¿podrían quedarse un poco más con nosotros?
—Por mí no hay problema, Chorre. ¿Tú qué dices, Evod? ¿Nos quedamos un poco más? —inquirió Ben.
—Seguro. Thannese podrá sobrevivir sin nosotros un tiempo —respondió el chakat, moviendo la cola.
Todos se acomodaron en los sofás y continuaron la agradable conversación por horas. Los skunktaurs se enteraron de que el humano llevaba muchos años viviendo en el archipiélago y que la mayoría de sus amigos eran skunktaurs.
—Hace algunos años, cuando era estudiante en Dewclaw, conocí a un skunktaur que practicaba la me-ditación en la ciudad de Amistad. También enseñaba una nueva técnica de cepillado para relajar a los tauros, especialmente a los skunktaurs. Su nombre era Karyom, de la casa black paw, como tú, Shalur.
—Oh, interesante —comentó éste.
—Y además, Karyom fue denmate de Ugkar, cosa que supe hace apenas un año, cuando Rogar me lo presentó en Dewclaw —agregó el profesor.
—Vaya, eso no lo sabía —dijo Chorre con curiosidad.
—Y, ¿qué es el cepillado de relajación? —inquirió Brucan con interés.
—Si traes un cepillo, te lo demostraré —respondió el profesor.
—Oh, suena bien —agregó Evod.
Brucan se levantó y fue al dormitorio a buscar cepillos. Al volver con tres de ellos en sus manos, Ben le indicó:
—Ahora siéntate aquí, estira tu cuerpo y cierra los ojos.
El skunktaur acomodó su gran cuerpo en el suelo y Ben se arrodilló a su lado, comenzando a cepillarlo.
—Relájate e imagina que el cepillo va nutriendo tu cuerpo de energía —pronunció el humano con voz suave. El skunktaur así lo hizo y rápidamente comenzó a sentir una agradable sensación en su piel. Sin darse cuenta, Brucan fue absorbido poco a poco por sensaciones placenteras y relajantes, que le hacían perder la noción de su propio cuerpo. A medida que Ben cepillaba lentamente los brazos, las patas, el cuello, el lomo y la cola, esa sensación de libertad se acrecentaba.
Todos quedaron sorprendidos por el profundo estado de relajación que el profesor había inducido en Brucan solo con cepillarlo. Tal fue el efecto que, sin percatarse, el skunktaur en fase masculina desenvainó poco a poco su pene, quedando completamente erecto. Cuando Ben terminó, Brucan abrió los ojos. Todos lo miraban con asombro.
—¿Eh? ¡Oh! Lo siento, lo siento, ¡no me di cuenta! —dijo el gran skunktaur completamente sonrojado.
—Hmmm... Parece que tuviste un sueño placentero, Brucan —dijo Shalur en tono burlesco.
—Tranquilo. No hay nada de qué avergonzarse. Es normal que la relajación llegue a ese nivel cuando experimentas esta técnica por primera vez. Quizá debí advertírtelo, pero dime, ¿cómo te sentiste? —inquirió el profesor.
Brucan, aún relajado, declaró:
—Oh, fue genial, profesor. Sentí mi cuerpo muy liviano. Y ahora me siento muy bien.
—¡Yo quiero ser el próximo! —exclamó Shalur con entusiasmo mientras se acomodaba junto a Ben.
—De acuerdo.
—Pero quiero estar cómoda —agregó, mientras se quitaba la blusa de su torso, dejándolo desnudo. Ben se sorprendió ante la intrepidez de la mofeta. Sus pechos femeninos eran un poco más pequeños que los de Chorre, pero igualmente bien formados.
—Ok, Shalur. Cierra los ojos —dijo Ben antes de empezar el cepillado.
Shalur estiró sus brazos y patas con pereza, dejando que el cepillo los recorriera centímetro a centímetro. Al igual que Brucan, Shalur experimentó un estado de relajación profundo. Los pezones de sus pechos se pusieron rígidos, mientras se proyectaba astralmente de manera involuntaria. Cuando Ben terminó de cepillar todo su cuerpo, el skunktaur estaba tan emocionado que espontáneamente le dio un beso en la boca en agradecimiento.
—¡Muac! Eres maravilloso, Ben. Esto es más relajante que usar la proyección astral.
El humano, sorprendido, solo atinó a sonreír. Evod hizo una mueca disimulada de desagrado.
—Me alegro, Shalur. El objetivo de esta técnica es armonizar el flujo de energía corporal a través del cepillado. Eh... Bien, ¿quién sigue? ¿Chorre?
—De acuerdo, pero también me pondré cómoda —dijo ésta para luego quitarse la blusa. Los pechos y vientre de Chorre eran de un blanco más claro que los de Shalur, muy similar al pelaje de Ugkar.
—Vaya, eres parecida a tu hermano. Imagino que, en fase masculina, ustedes dos deben verse iguales —comentó el profesor.
—Eso me dijo Rena, aunque Ugkar usa el pelo más corto —sentenció.
—Eso es cierto. Ahora cierra los ojos. Y no uses tus talentos. Suprímelos y solo relájate, ¿ok?
—Como ordenes —respondió el skunktaur.
Tras unos minutos de cepillado, Chorre sintió una especie de energía que erizaba sus pelos casi sin tocarlos. La sensación fue tan agradable para hy que espontáneamente le hacía sonreír. Jamás pensó que un humano tuviera tal habilidad, más propia de un skunktaur. Luego de terminar, Chorre declaró:
— Vaya... ¡Esto realmente se siente muy bien! ¿Y esta técnica la aprendiste de ese Karyom?
—Sí, hy lo enseñaba en sus talleres de meditación en Amistad. Lamentablemente, Karyom fue una de las víctimas del atentado de H1 en el aeropuerto. Tristemente, tu hermano estuvo ahí cuando eso ocurrió.
—Sí, lo sé. Rena me contó todo. Ya llegará el momento de hablar de ello con Ugkar cuando nos veamos, supongo —remató Chorre. Luego agregó—: Pero ahora, ¡es el turno de Evod!
—¿Eh? No... No es necesario, Ben, gracias —respondió el chakat completamente avergonzado.
—¡Vamos, Evod, es genial! —agregó Shalur entusiasmado.
—Evod, desde que llegué a la estación espacial, te has preocupado mucho por mí y has sido muy ama-ble. Permíteme devolverte algo de todo lo bueno que tú me has dado —dijo el profesor mientras invita-ba al chakat a sentarse junto a él, estirando la mano.
Evod, después de unos segundos de duda, accedió y estiró su cuerpo junto al profesor. Sin embargo, decidió no desnudarse como los otros tauros, ya que sentía un poco de pudor frente a Ben. El chakat cerró los ojos y, al igual que el resto, se relajó extraordinariamente. Una sensación de paz y tranquilidad se apoderó de sus sentidos. Su respiración se hacía cada vez más pausada y profunda.
Al cabo de unos minutos, el chakat abrió los ojos y miró al humano con un profundo deseo de afecto. Con su brazo, acercó la cabeza de Ben hasta su hocico y le dio un profundo beso en la boca. Los tres skunktaurs celebraron ese gesto tan espontáneo, lo que hizo a Evod volver en sí.
—¿Eh? ¡Ben! ¡Yo no quería! ¡Lo siento! —se disculpó el chakat completamente sonrojado.
Ben, un poco descolocado, solo atinó a decir:
—¡Wow! Eso fue... Lindo, Evod... Perdón si el cepillado te incomodó.
—No... Perdóname tú por ser tan atrevida... Yo... No debí hacer eso. No sé qué me pasó —respondió el chakat aún sonrojado.
—Awww... ¡Eso fue tan lindo de tu parte, Evod! —comentó alegremente Shalur, quien disfrutaba mu-cho de las manifestaciones románticas.
—Aprende de shi, Brucan, para que uses con más delicadeza tu fase masculina —remató.
—¡Meh! Igual disfrutas lo bruto que puedo ser —se defendió el skunktaur. Todos se echaron a reír.
—Ben, muchas gracias por esta maravillosa experiencia con el cepillo. Realmente estoy sorprendida. Todos lo estamos —declaró Chorre.
—Ahora, si tú lo deseas, estamos dispuestos a devolverte el favor, querido. Es nuestro turno de relajarte —dijo Shalur con una voz sensual, mientras se aproximaba al humano moviendo su esponjosa cola.
—Lo mismo va para ti, querida —agregó mirando a Evod, quien espontáneamente dejó escapar un leve ronroneo.
—Je, je... Como quieran —dijo felizmente Ben, acostumbrado a las expresiones de cariño y mimos de los skunktaurs del archipiélago.
—Shalur, no incomodes a nuestros invitados —reprendió Chorre, conociendo la situación sentimental del profesor.
—No te preocupes. No tengo inconveniente en pasar un buen rato. No es raro hacerlo en casa con mi pareja y amigos skunktaurs. Mientras no haya otra mujer humana aquí acariciándome, creo que sobreviviré —bromeó el profesor.
—Ben, ¿estás seguro de esto? —inquirió de pronto Evod acercándose a él.
—Je, tú ya me has dado muchos abrazos y caricias, Evod, ¿por qué te extrañas?
—Sí, pero siempre respetando los límites, Ben.
—Está bien, Evod. No te preocupes. Seguiremos respetando los límites entonces. No hay problema —respondió el profesor con una sonrisa.
El chakat se encogió de hombros. Chorre, al notar su preocupación, se acercó a hym y le dijo:
—Evod, tú también compartes momentos con tus amigos chakats de la estación, ¿verdad? —preguntó Chorre.
—Sí, pero somos chakats y chakat-kin; nuestra naturaleza es ser afectuosos y cariñosos. Ben es humano, y ellos tienden a la monogamia —explicó el chakat.
—Hmm... ¿No será que sientes celos de que Ben interactúe con nosotros? Eso es inusual en un chakat —observó Chorre repentinamente.
—¡¿Qué?! ¡Te... te equivocas! ¡Y deja de leer mi mente! —respondió Evod, irritada y ruborizada.
—¡De acuerdo, de acuerdo! Lo lamento, Evod. Me resulta difícil mantener mi habilidad desactivada. Por favor, discúlpame —dijo Chorre.
Luego, telepáticamente, advirtió al chakat: Pero ten cuidado con tus emociones, Evod. No es lo mismo interactuar con un humano que enamorarse de él.
—No te preocupes por eso —murmuró Evod.
—Bueno, ¡pongámonos cómodos! —invitó Shalur con una sonrisa, indicando a todos que se acomodaran en los mullidos sofás.
Brucan regresó de la cocina con nuevos aperitivos y bebidas, que dispuso en una mesita cercana. Ben tomó los cepillos y comenzó a acariciar suavemente a Shalur y Brucan, quienes se recostaron a ambos lados del humano. Un aroma agradable, típico de las mofetas contentas y relajadas, empezó a impregnar el ambiente.
Chorre se sentó detrás de Ben, permitiendo que este se apoyara en su torso. El humano se dejó llevar y recostó su cabeza en el suave pecho de Chorre. El skunktaur colocó sus manos a los lados de la cabeza de Ben, utilizando su talento para aliviar el dolor que aún sentía por la pérdida de Rogar. Evod, uniéndose al grupo, se recostó en las piernas de Ben.
—Querida, ¿por qué no nos deleitas con tu hermosa figura? —sugirió Brucan, entusiasmado ante la idea de ver al chakat sin ropa.
Evod miró a Ben, ligeramente sonrojada. El humano también se ruborizó, guiñándole un ojo. El chakat entonces estiró los brazos, indicando a Brucan que le quitara la blusa con su telequinesis. La mofeta así lo hizo, revelando el torso del chakat.
—Eres hermosa —comentó Brucan, acercándose para acariciar y percibir su aroma.
—Tú tampoco estás nada mal —comentó Evod con una risita.
Chorre, sosteniendo la cabeza de Ben contra su pecho, recordó de pronto a su hermano Ping y cómo solía relajarlo con su talento.
—¿Te encuentras bien? —preguntó la mofeta de la casa Red Paw.
—Sí, Chorre. Gracias por ayudarme a olvidar las tristezas de la vida, aunque sea por un instante —dijo el humano, acariciando su rostro mientras miraba los profundos ojos celestes del skunktaur.
Por primera vez, Chorre se sonrojó, esquivando la mirada.
—Se nota que has convivido bastante con los de mi especie. Sabes cómo tratarnos —comentó la mofe-ta.
—He aprendido mucho de los skunktaurs. Siempre los he admirado —respondió el profesor.
—Yo también sé cómo tratar a los humanos. Gracias a mi hermano Ping, aprendí mucho sobre ustedes —dijo Chorre, complacida al notar a Ben más tranquilo mental y emocionalmente.
—Tú tienes algo especial, cariño —agregó—, y puedo entender por qué Evod te aprecia tanto.
—¿Eh?
Mientras Brucan y Shalur permanecían relajados y tendidos junto a ellos, Evod se acercó al humano y apoyó su cabeza sobre sus piernas. El profesor la acarició con ternura, estirando su cabello trenzado.
—Espero no haber sido demasiado atrevida contigo, Ben —declaró con un suspiro.
—Para nada, Evod. Está bien para mí. Y yo espero que ese beso que te di no haya sido...
—Me gustó... Me gustó mucho tu beso —balbuceó el chakat.
—Ya te había dicho que eres un hermoso ejemplar —reconoció el humano, quien tranquilamente se qui-tó la camisa para sentir el suave pelaje de Evod con su piel. Esta se sorprendió por el gesto, pero Ben la invitó a apoyar su cabeza sobre su torso.
—Así puedo sentirte mejor, Evod. Gracias por todo el cariño y el apoyo que me has brindado desde que llegué —pronunció el humano mientras acariciaba suavemente la cabeza del chakat.
—Prrrr —ronroneó Evod, extasiada. Se acomodó acurrucando su cabeza sobre el humano. Para Ben, el aroma del chakat era tan agradable como el de los skunktaurs.
—Evod, ¿crees que Thannese se preocupe porque aún no hemos regresado al laboratorio?
—preguntó el profesor, un poco somnoliento.
—Prrrr... No te preocupes. Ya te dije que él sobrevivirá sin nosotros un rato —sentenció el chakat con un suspiro, mientras luchaba por no quedarse dormido en ese cómodo lugar junto a Ben y sus nuevos amigos skunktaurs.
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