Prologo: Proyecto Galdra (Corviknight TF) (ESP)
Proyecto Galdra
Prólogo.
"Ravnens natt" ("La noche del cuervo")
La tranquilidad de la noche fue interrumpida por vidrios rotos, seguido tras unos momentos por el conocido sonido de los gritos.
En un callejón cercano, un hombre parecía haber chocado con varios cubos de basura, haciendo que usadas botellas de alcohol salieran despedidas por el impacto, y como resultado de esto se estrellaran contra el suelo, haciendo que el vidrio del cual estaban hechas se rompiera en miles de punzantes trozos.
Eso explica el sonido de los vidrios rotos, pero ¿y los gritos?
Estos provenían de la persona, que a estas alturas ya se había levantado y dejado atrás los objetos con los que había colisionado, pero si realmente alguien hubiera estado por la zona a tan altas horas de la noche podría haber dicho sin ningún tipo de duda, que no parecían sonidos que un humano podría hacer de forma normal.
Sin embargo, no había nadie a parte del que caminaba por el oscuro callejón que pudiera ayudarle.
Lo conocía bien, ya que pasaba sus noches ahí, pero en esas circunstancias se encontraba nervioso, cosa que hizo que se tropezara anteriormente con los cubos de basura.
Su respiración estaba agitada y apoyó su espalda sobre una de las descuidadas paredes de ladrillos de esa zona de la ciudad mientras su cuerpo iba bajando cada vez más hasta que se sentó sobre el frio pavimento, para tratar de relajarse un poco.
Aunque no lo consiguió.
-Esto... esto no es real. -Pensó mientras trataba de calmar su mente-
El vagabundo cerró los ojos lo más fuerte que pudo, para no ver lo que ocurría, aunque esto no hizo que no lo sintiera.
Desde lo más profundo de su cuerpo notó como este comenzaba a moverse de una forma inusual.
Al principio pensó que era producto de algunas de las bebidas que había consumido hace unas horas, pero ese movimiento interno no fue causa de tales substancias.
Comenzó a notar dolor, uno que iba escarbando hacia fuera de su cuerpo.
Rápidamente pudo sentir que algo extraño le ocurrían a sus pies. Estos parecían estar hechos de agujas al rojo vivo, ya que pudo notar miles de punzadas en estos, así como en todo tejido en esa zona.
Escuchó crujidos y notó como sus pies, extrañamente salieron fuera de sus, ya de por si, rotos zapatos, bastantes centímetros de los que se suponía que deberían estar.
Abrió sus ojos, con incertidumbre por lo que había sentido y observó como sus pies habían sido sustituidos por dos enormes patas, con cuatro dedos cada una y terminados en enormes garras.
Pudo mover sus dedos delanteros y observó como los tres apéndices que se encontraban frente a sus ojos se movían, mientras notó como su cuarto dedo, que se encontraba donde antes estaba su talón, también se movió.
De forma rápida, pataleó para intentar de alguna forma, que sus extremidades inferiores volvieran a su forma original, pero sólo lo empeoró, ya que la piel de esa zona empezaba a cubrirse con una capa de color negro.
Al ver eso, su corazón se aceleró, cosa que hizo que esta trepara por su cuerpo más rápidamente.
Gritó.
Gritó todo lo que pudo, pidiendo ayuda, aunque solo se escucharon los mismos sonidos que había emitido antes.
Su corazón se aceleró más, mientras veía como ese extraño tejido negro había logrado llegar hasta su cintura de forma extremadamente rápida, y esto solo hizo que lo hiciera a una mayor velocidad.
Intentando poder controlar de alguna manera extraña lo que le estaba pasando, se quitó la ropa.
No fue difícil, ya que estaba corroída por el tiempo y las inclemencias que debe soportar una persona sin techo.
Una vez hecho, tocó lo que estaba creciendo en su cuerpo con su mano.
Pudo notar como era suave, aunque eso no lo tranquilizó en absoluto.
Unos momentos después, el dedo con el que había tocado estaba siendo invadido por la misma negrura, y este comenzó a cambiar de igual forma.
Se extendió, causando incomodidad y dolor en el, cada vez, menos hombre.
Creció el mismo tejido negro en su mano, aunque de esta, comenzaron a emerger lo que parecían ser plumas oscuras.
El hombre se quedó mirando estas, asombrado y preocupado a partes iguales.
Las miró tanto tiempo que no pudo darse cuenta que todo su cuerpo ya había sido cubierto por el tejido negro, y de este comenzaron a aparecer plumas más.
Eran enormes, más que las de cualquier pájaro que el vagabundo había visto en su larga vida y al tocarlas con su otra mano, pudo observar como el proceso se había repetido de forma idéntica en su otra extremidad.
Con dolor, notó como su mandíbula comenzó a empujar hacia fuera mientras pudo ver como los pocos dientes que le quedaban caían, haciendo pequeños ruidos al chocar contra el suelo.
El hueso se extendió hasta formar algo similar a un gran pico, que fue cubierto por el color negro.
Sus ojos se abrieron como platos al notar como no podía respirar, pero esto no duró mucho al notar como algo dentro de su pecho crecía y pudo tomar aliento de nuevo.
Más plumas crecieron en su cabeza y en su tórax mientras que, para finalizar, su cráneo se hizo más grande y sus ojos crecieron dentro de sus cuencas oculares para ocupar el nuevo espacio que ese extraño acontecimiento les había provisto.
El color de estos, pasó de un nubloso azul claro a los rojizos ojos de un cazador.
Una vez que los cambios cesaron, el ahora extraño ser se dejó caer al suelo, ya que no podía soportar el cansancio producido por tan inesperado cambio.
El golpe fue amortiguado por las resistentes nuevas plumas del ave, la cual soltó un suspiro de cansancio y miró al cielo nocturno desde el suelo del callejón.
-Despertaré en cualquier momento... Esto ha sido el sueño más extraño que he tenido, seguramente habré tenido un coma etílico y estaré soñando cosas raras. -Recordó todo el dolor que había sentido unos momentos antes, ahora sustituido por una extraña calma al ya no sentirlo- Aunque es el sueño más realista que he tenido... -Pensó y miró sus nuevas alas-
Observó las pocas estrellas que se podían observar gracias a la contaminación lumínica producidas por las luces de la ciudad, y tras unos minutos, se levantó sobre sus nuevas patas, observando su nuevo cuerpo animal, aunque era uno de un tamaño extremadamente enorme, ya que, sin haberlo notado gracias a los cambios can repentinos, ahora medía unos dos metros y pico, cosa que en su anterior forma humana no llegaba a sobrepasar el metro setenta.
Comenzó a dar sus primeros pasos en esa forma, y sorprendentemente, solo le llevó cinco minutos aprender a volar con sus nuevas y enormes alas negras.
-Bueno. -Sonrió- Supongo que ahora podré ir hacia donde siempre he querido ir, no tengo impedimentos con el cómo llegar.
Pudo escuchar unos pasos que se acercaban hacia donde se encontraba.
-¿Quién es? -Pensó, mientras su cuerpo se ponía en un modo de alerta, haciendo que las plumas de su pecho crecieran, para parecer más grande de lo que ya era-
Un hombre con uniforme se acercó al callejón, ya que era su trabajo habitual, recoger la basura y descargarla en su camión.
-Genial, no está el vagabundo ese.
Mejor, así podré estar tranquilo sin que me intente robar la cartera o que me pegue algo. -Comentó al aire y se acercó a los cubos de basura que se encontraban en el suelo- Este se habrá emborrachado demasiado y se habrá caído aquí. -Suspiró- Claro, como otros limpiamos sus estropicios pues lo deja aquí tirado.
Esos comentarios molestaron bastante al ave, aunque sabía que eso último tenía razón, le parecía insultante que le hubiera acusado de que intentar robar su cartera, ya que nunca había recurrido a la práctica de expropiar los bienes ajenos, aun cuando su situación era bastante mala.
Así que procedió a saltar desde las sombras del callejón donde se encontraba escondido y comenzó a recriminarle lo que había dicho momentos antes de él, mientras extendía sus alas, cubriendo una gran parte del callejón con el color negro de sus plumas.
-Yo nunca te he intentado robar nada, perro mentiroso.
Me gustaría verte a ti en mi situación, viviendo en la calle porque te fue mal en la vida.
¡Así que más respeto con lo que insinúas de mí!
El hombre, al ver a aquella extraña y enorme ave, con ojos rojos que le miraban con un gesto amenazante, y ese extraño sonido que producía de su pico, salió corriendo sin pensarlo mientras gritaba, ya que no había entendido ni una sola palabra de lo que había dicho el ex humano.
-Eso, corre ¡cobarde!
¡A ver si así tratas mejor a las personas como yo! -Recordó que ahora mismo no era un humano- Ah, creo que me he pasado un poco. -Sonrió- Bueno, se lo merecía. -Volvió a observar el cielo- Iré a dar una vuelta, o un vuelo, o lo que hagan los pájaros.
Una extraña calma le invadió y tras recoger como pudo la basura que había tirado cuando comenzó a escuchar como cosas raras le ocurrían en su garganta y por tal nerviosismo se tropezó con esos viejos cubos de basura, hace unos veinte minutos más o menos.
Tomó uno de los cubos y comenzó a colocarlo bien, mientras recogía la basura y los cristales que se rompieron por su culpa e hizo lo mismo con el segundo.
Una vez que terminó, sonrió y comenzó a elevarse cada vez más, gracias a sus grandes alas.
-Seré un vagabundo pero sé limpiar las cosas que rompo. -Comentó mientras observaba por última vez aquel callejón-
Una vez que se encontraba a una altura adecuada, observó su ciudad desde el aire y comenzó a volar lejos, cubierto por la oscuridad de la noche.
Prólogo.
"Ravnens natt" ("La noche del cuervo")
La tranquilidad de la noche fue interrumpida por vidrios rotos, seguido tras unos momentos por el conocido sonido de los gritos.
En un callejón cercano, un hombre parecía haber chocado con varios cubos de basura, haciendo que usadas botellas de alcohol salieran despedidas por el impacto, y como resultado de esto se estrellaran contra el suelo, haciendo que el vidrio del cual estaban hechas se rompiera en miles de punzantes trozos.
Eso explica el sonido de los vidrios rotos, pero ¿y los gritos?
Estos provenían de la persona, que a estas alturas ya se había levantado y dejado atrás los objetos con los que había colisionado, pero si realmente alguien hubiera estado por la zona a tan altas horas de la noche podría haber dicho sin ningún tipo de duda, que no parecían sonidos que un humano podría hacer de forma normal.
Sin embargo, no había nadie a parte del que caminaba por el oscuro callejón que pudiera ayudarle.
Lo conocía bien, ya que pasaba sus noches ahí, pero en esas circunstancias se encontraba nervioso, cosa que hizo que se tropezara anteriormente con los cubos de basura.
Su respiración estaba agitada y apoyó su espalda sobre una de las descuidadas paredes de ladrillos de esa zona de la ciudad mientras su cuerpo iba bajando cada vez más hasta que se sentó sobre el frio pavimento, para tratar de relajarse un poco.
Aunque no lo consiguió.
-Esto... esto no es real. -Pensó mientras trataba de calmar su mente-
El vagabundo cerró los ojos lo más fuerte que pudo, para no ver lo que ocurría, aunque esto no hizo que no lo sintiera.
Desde lo más profundo de su cuerpo notó como este comenzaba a moverse de una forma inusual.
Al principio pensó que era producto de algunas de las bebidas que había consumido hace unas horas, pero ese movimiento interno no fue causa de tales substancias.
Comenzó a notar dolor, uno que iba escarbando hacia fuera de su cuerpo.
Rápidamente pudo sentir que algo extraño le ocurrían a sus pies. Estos parecían estar hechos de agujas al rojo vivo, ya que pudo notar miles de punzadas en estos, así como en todo tejido en esa zona.
Escuchó crujidos y notó como sus pies, extrañamente salieron fuera de sus, ya de por si, rotos zapatos, bastantes centímetros de los que se suponía que deberían estar.
Abrió sus ojos, con incertidumbre por lo que había sentido y observó como sus pies habían sido sustituidos por dos enormes patas, con cuatro dedos cada una y terminados en enormes garras.
Pudo mover sus dedos delanteros y observó como los tres apéndices que se encontraban frente a sus ojos se movían, mientras notó como su cuarto dedo, que se encontraba donde antes estaba su talón, también se movió.
De forma rápida, pataleó para intentar de alguna forma, que sus extremidades inferiores volvieran a su forma original, pero sólo lo empeoró, ya que la piel de esa zona empezaba a cubrirse con una capa de color negro.
Al ver eso, su corazón se aceleró, cosa que hizo que esta trepara por su cuerpo más rápidamente.
Gritó.
Gritó todo lo que pudo, pidiendo ayuda, aunque solo se escucharon los mismos sonidos que había emitido antes.
Su corazón se aceleró más, mientras veía como ese extraño tejido negro había logrado llegar hasta su cintura de forma extremadamente rápida, y esto solo hizo que lo hiciera a una mayor velocidad.
Intentando poder controlar de alguna manera extraña lo que le estaba pasando, se quitó la ropa.
No fue difícil, ya que estaba corroída por el tiempo y las inclemencias que debe soportar una persona sin techo.
Una vez hecho, tocó lo que estaba creciendo en su cuerpo con su mano.
Pudo notar como era suave, aunque eso no lo tranquilizó en absoluto.
Unos momentos después, el dedo con el que había tocado estaba siendo invadido por la misma negrura, y este comenzó a cambiar de igual forma.
Se extendió, causando incomodidad y dolor en el, cada vez, menos hombre.
Creció el mismo tejido negro en su mano, aunque de esta, comenzaron a emerger lo que parecían ser plumas oscuras.
El hombre se quedó mirando estas, asombrado y preocupado a partes iguales.
Las miró tanto tiempo que no pudo darse cuenta que todo su cuerpo ya había sido cubierto por el tejido negro, y de este comenzaron a aparecer plumas más.
Eran enormes, más que las de cualquier pájaro que el vagabundo había visto en su larga vida y al tocarlas con su otra mano, pudo observar como el proceso se había repetido de forma idéntica en su otra extremidad.
Con dolor, notó como su mandíbula comenzó a empujar hacia fuera mientras pudo ver como los pocos dientes que le quedaban caían, haciendo pequeños ruidos al chocar contra el suelo.
El hueso se extendió hasta formar algo similar a un gran pico, que fue cubierto por el color negro.
Sus ojos se abrieron como platos al notar como no podía respirar, pero esto no duró mucho al notar como algo dentro de su pecho crecía y pudo tomar aliento de nuevo.
Más plumas crecieron en su cabeza y en su tórax mientras que, para finalizar, su cráneo se hizo más grande y sus ojos crecieron dentro de sus cuencas oculares para ocupar el nuevo espacio que ese extraño acontecimiento les había provisto.
El color de estos, pasó de un nubloso azul claro a los rojizos ojos de un cazador.
Una vez que los cambios cesaron, el ahora extraño ser se dejó caer al suelo, ya que no podía soportar el cansancio producido por tan inesperado cambio.
El golpe fue amortiguado por las resistentes nuevas plumas del ave, la cual soltó un suspiro de cansancio y miró al cielo nocturno desde el suelo del callejón.
-Despertaré en cualquier momento... Esto ha sido el sueño más extraño que he tenido, seguramente habré tenido un coma etílico y estaré soñando cosas raras. -Recordó todo el dolor que había sentido unos momentos antes, ahora sustituido por una extraña calma al ya no sentirlo- Aunque es el sueño más realista que he tenido... -Pensó y miró sus nuevas alas-
Observó las pocas estrellas que se podían observar gracias a la contaminación lumínica producidas por las luces de la ciudad, y tras unos minutos, se levantó sobre sus nuevas patas, observando su nuevo cuerpo animal, aunque era uno de un tamaño extremadamente enorme, ya que, sin haberlo notado gracias a los cambios can repentinos, ahora medía unos dos metros y pico, cosa que en su anterior forma humana no llegaba a sobrepasar el metro setenta.
Comenzó a dar sus primeros pasos en esa forma, y sorprendentemente, solo le llevó cinco minutos aprender a volar con sus nuevas y enormes alas negras.
-Bueno. -Sonrió- Supongo que ahora podré ir hacia donde siempre he querido ir, no tengo impedimentos con el cómo llegar.
Pudo escuchar unos pasos que se acercaban hacia donde se encontraba.
-¿Quién es? -Pensó, mientras su cuerpo se ponía en un modo de alerta, haciendo que las plumas de su pecho crecieran, para parecer más grande de lo que ya era-
Un hombre con uniforme se acercó al callejón, ya que era su trabajo habitual, recoger la basura y descargarla en su camión.
-Genial, no está el vagabundo ese.
Mejor, así podré estar tranquilo sin que me intente robar la cartera o que me pegue algo. -Comentó al aire y se acercó a los cubos de basura que se encontraban en el suelo- Este se habrá emborrachado demasiado y se habrá caído aquí. -Suspiró- Claro, como otros limpiamos sus estropicios pues lo deja aquí tirado.
Esos comentarios molestaron bastante al ave, aunque sabía que eso último tenía razón, le parecía insultante que le hubiera acusado de que intentar robar su cartera, ya que nunca había recurrido a la práctica de expropiar los bienes ajenos, aun cuando su situación era bastante mala.
Así que procedió a saltar desde las sombras del callejón donde se encontraba escondido y comenzó a recriminarle lo que había dicho momentos antes de él, mientras extendía sus alas, cubriendo una gran parte del callejón con el color negro de sus plumas.
-Yo nunca te he intentado robar nada, perro mentiroso.
Me gustaría verte a ti en mi situación, viviendo en la calle porque te fue mal en la vida.
¡Así que más respeto con lo que insinúas de mí!
El hombre, al ver a aquella extraña y enorme ave, con ojos rojos que le miraban con un gesto amenazante, y ese extraño sonido que producía de su pico, salió corriendo sin pensarlo mientras gritaba, ya que no había entendido ni una sola palabra de lo que había dicho el ex humano.
-Eso, corre ¡cobarde!
¡A ver si así tratas mejor a las personas como yo! -Recordó que ahora mismo no era un humano- Ah, creo que me he pasado un poco. -Sonrió- Bueno, se lo merecía. -Volvió a observar el cielo- Iré a dar una vuelta, o un vuelo, o lo que hagan los pájaros.
Una extraña calma le invadió y tras recoger como pudo la basura que había tirado cuando comenzó a escuchar como cosas raras le ocurrían en su garganta y por tal nerviosismo se tropezó con esos viejos cubos de basura, hace unos veinte minutos más o menos.
Tomó uno de los cubos y comenzó a colocarlo bien, mientras recogía la basura y los cristales que se rompieron por su culpa e hizo lo mismo con el segundo.
Una vez que terminó, sonrió y comenzó a elevarse cada vez más, gracias a sus grandes alas.
-Seré un vagabundo pero sé limpiar las cosas que rompo. -Comentó mientras observaba por última vez aquel callejón-
Una vez que se encontraba a una altura adecuada, observó su ciudad desde el aire y comenzó a volar lejos, cubierto por la oscuridad de la noche.
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