un regalo de cumpleaños y de navidad que le hice a mi querida hermana 
Un deporte, una academia, una pasión y el legado de una leyenda que ha pasado por cada una de las generaciones que han estudiado en la Academia Fuego Alado, pensar que todo comenzó entre los siglos XVI y XVIII cuando una joven leona rescato a una cría de dragón en medio de una batalla entre jinetes que se estaba librando en uno de los poblados cercanos a la capital, el caos, el fuego y la sangre estaba por doquier, no había un lugar hacia dónde mirar sin ver el cuerpo sin vida de alguien. La leona solo corrió hacia el bosque con la cría en brazos mientras esta se movía intentando escapar, a pesar de sus numerosos intentos por morderla la felina le mantenía sujeta con la intención de al menos poder proteger algo entre tanto caos, ambos se ocultaron en un pequeño refugio hecho con anterioridad para situaciones como esta, con la entrada cubierta con ramas y hojas no les quedo de otra que esperar hasta todo terminara.
Al día siguiente el aroma de madera y carne calcinada inundaba el ambiente, el pueblo había sido reducido a cenizas y la muerte era dueña del lugar. Ya era la cuarta vez que al llegar a un nuevo pueblo para establecerse, este era destruido con el tiempo, así que recolecto todo lo que pudiese ser de ayuda en su camino hacia la capital, debido que en su estadía aquí había escuchado que la capital nunca era arrasada por las peleas. Comida, monedas y cualquier cosa de valor que pudiese llevar consigo sin que fuera una molestia, la cría por otro lado solo estaba interesada en comer la carne del ganado que no había logrado escapar y de tomar el sol. Después de tener todo lo necesario y asegurarse de que ambos habían comido bien, tomo a la cría la cual estaba algo reacia a seguirla y comenzó su camino.
Luego de unas 3 semanas y un par de paradas en algunos pueblos de camino para suplirse de lo necesario para continuar, al fin habían llegado a la capital, al parecer no eran los únicos que buscaban refugio en la ciudad debido a todos los que acampaban afuera de sus muros, en sus puertas habían guardias revisando a todo el que intentaba entrar formando de esta manera una gran fila. Pasaron horas antes de que fuera su turno, donde uno de los guardias le pregunto de donde venía, por qué deseaba entrar a la ciudad y en que podría beneficiar su estadía en la misma, todo sin voltear a verle hasta que un pequeño rugido le hizo levantar la mirada “al parecer tenemos a una nueva jinete para nuestras filas” gracias al pequeño se encontraba dentro de la ciudad, lo malo fue que no pudo contemplarle mucho, debido a que fue escoltada directo a las barracas donde le fueron tomados sus datos y los de la cría, para después otorgarle su uniforme e indicarle donde dormiría a partir de ahora. Al lado de la litera había un par de nidos y un baúl donde colocar sus cosas.
El tiempo pasaba y su entrenamiento militar avanzaba como el promedio. La cría fue creciendo con el tiempo, aunque en ocasiones no hacía caso, solía ser de gran ayuda a su manera.
Las prácticas y simulacros dieron paso a las batallas en la guerra cuando ambos estuvieron listos, en ocasiones llegando ilesos o con heridas. En este punto era imposible decir un estimado de cuántas vidas se habían perdido en los diferentes territorios. El ver tanta sangre y muerte le hizo buscar la manera de resolver la guerra y evitar así más pérdidas de vidas inocentes.
-¿Crees que sea posible terminar con todo esto en algún momento?- pregunto desde el lomo del escamoso.
-no se… para ello los jinetes no deberían pelear más, y debido que ellos nos atacaran y nosotros nos defenderemos causando que luego cambiemos lugares al devolver el ataque, nos deja atrapados en un ciclo interminable- menciono este mientras sobre volaban el campamento junto a varios compañeros con cierta distancia unos de otros para cubrir mejor el terreno –sabes odio que nos hagan estar de guardia y patrullar en las noches-
-eso es porque eres de los pocos en el escuadrón que ven perfectamente en la noche, además no te quejas cuando te sirven un poco más de comida al terminar el turno como premio-
Ambos rieron con eso último, aunque la felina se había quedado pensativa con aquellas palabras de su dragón, debido que este tenía razón, para detener la guerra era necesario que los jinetes dejaran de pelear, ya que estos eran la fuerza más letal que tenía cada país.
Con el tiempo fue subiendo de rango gracias a los logros y condecoraciones ganadas en batalla, terminando así al mando de una legión de jinetes, que poco a poco fueron simpatizando con sus ideales, quienes terminaron por desertar dejando el claro mensaje de no querer seguir con la guerra. Esta noticia recorrió las naciones y poco a poco se unieron más, al punto, que la mayoría de países quedaban solo protegidos por soldados de a pie. De los pocos que aún seguían peleando por sus países vieron esto como una ventaja que no podía desperdiciarse, pero lo que no se esperaban era que todos los desertores evitaban cualquier ataque que se intentara, sus números eran bastos y cualquier enfrentamiento era un suicidio, dejando la retirada como la mejor opción posible, pero no se podía estar en todos lados, así que habían pueblos que no pudieron ser protegidos.
Los años pasaban, pero cada vez era menos los que participaban en la guerra, hasta que al fin un 19 de abril de 1578 se logró el primer pacto entre jinetes a nivel mundial, donde uno de sus fragmentos decía lo siguiente “…ningún jinete entrara en combate bélico en beneficio a la ambición de las naciones…”

Un deporte, una academia, una pasión y el legado de una leyenda que ha pasado por cada una de las generaciones que han estudiado en la Academia Fuego Alado, pensar que todo comenzó entre los siglos XVI y XVIII cuando una joven leona rescato a una cría de dragón en medio de una batalla entre jinetes que se estaba librando en uno de los poblados cercanos a la capital, el caos, el fuego y la sangre estaba por doquier, no había un lugar hacia dónde mirar sin ver el cuerpo sin vida de alguien. La leona solo corrió hacia el bosque con la cría en brazos mientras esta se movía intentando escapar, a pesar de sus numerosos intentos por morderla la felina le mantenía sujeta con la intención de al menos poder proteger algo entre tanto caos, ambos se ocultaron en un pequeño refugio hecho con anterioridad para situaciones como esta, con la entrada cubierta con ramas y hojas no les quedo de otra que esperar hasta todo terminara.
Al día siguiente el aroma de madera y carne calcinada inundaba el ambiente, el pueblo había sido reducido a cenizas y la muerte era dueña del lugar. Ya era la cuarta vez que al llegar a un nuevo pueblo para establecerse, este era destruido con el tiempo, así que recolecto todo lo que pudiese ser de ayuda en su camino hacia la capital, debido que en su estadía aquí había escuchado que la capital nunca era arrasada por las peleas. Comida, monedas y cualquier cosa de valor que pudiese llevar consigo sin que fuera una molestia, la cría por otro lado solo estaba interesada en comer la carne del ganado que no había logrado escapar y de tomar el sol. Después de tener todo lo necesario y asegurarse de que ambos habían comido bien, tomo a la cría la cual estaba algo reacia a seguirla y comenzó su camino.
Luego de unas 3 semanas y un par de paradas en algunos pueblos de camino para suplirse de lo necesario para continuar, al fin habían llegado a la capital, al parecer no eran los únicos que buscaban refugio en la ciudad debido a todos los que acampaban afuera de sus muros, en sus puertas habían guardias revisando a todo el que intentaba entrar formando de esta manera una gran fila. Pasaron horas antes de que fuera su turno, donde uno de los guardias le pregunto de donde venía, por qué deseaba entrar a la ciudad y en que podría beneficiar su estadía en la misma, todo sin voltear a verle hasta que un pequeño rugido le hizo levantar la mirada “al parecer tenemos a una nueva jinete para nuestras filas” gracias al pequeño se encontraba dentro de la ciudad, lo malo fue que no pudo contemplarle mucho, debido a que fue escoltada directo a las barracas donde le fueron tomados sus datos y los de la cría, para después otorgarle su uniforme e indicarle donde dormiría a partir de ahora. Al lado de la litera había un par de nidos y un baúl donde colocar sus cosas.
El tiempo pasaba y su entrenamiento militar avanzaba como el promedio. La cría fue creciendo con el tiempo, aunque en ocasiones no hacía caso, solía ser de gran ayuda a su manera.
Las prácticas y simulacros dieron paso a las batallas en la guerra cuando ambos estuvieron listos, en ocasiones llegando ilesos o con heridas. En este punto era imposible decir un estimado de cuántas vidas se habían perdido en los diferentes territorios. El ver tanta sangre y muerte le hizo buscar la manera de resolver la guerra y evitar así más pérdidas de vidas inocentes.
-¿Crees que sea posible terminar con todo esto en algún momento?- pregunto desde el lomo del escamoso.
-no se… para ello los jinetes no deberían pelear más, y debido que ellos nos atacaran y nosotros nos defenderemos causando que luego cambiemos lugares al devolver el ataque, nos deja atrapados en un ciclo interminable- menciono este mientras sobre volaban el campamento junto a varios compañeros con cierta distancia unos de otros para cubrir mejor el terreno –sabes odio que nos hagan estar de guardia y patrullar en las noches-
-eso es porque eres de los pocos en el escuadrón que ven perfectamente en la noche, además no te quejas cuando te sirven un poco más de comida al terminar el turno como premio-
Ambos rieron con eso último, aunque la felina se había quedado pensativa con aquellas palabras de su dragón, debido que este tenía razón, para detener la guerra era necesario que los jinetes dejaran de pelear, ya que estos eran la fuerza más letal que tenía cada país.
Con el tiempo fue subiendo de rango gracias a los logros y condecoraciones ganadas en batalla, terminando así al mando de una legión de jinetes, que poco a poco fueron simpatizando con sus ideales, quienes terminaron por desertar dejando el claro mensaje de no querer seguir con la guerra. Esta noticia recorrió las naciones y poco a poco se unieron más, al punto, que la mayoría de países quedaban solo protegidos por soldados de a pie. De los pocos que aún seguían peleando por sus países vieron esto como una ventaja que no podía desperdiciarse, pero lo que no se esperaban era que todos los desertores evitaban cualquier ataque que se intentara, sus números eran bastos y cualquier enfrentamiento era un suicidio, dejando la retirada como la mejor opción posible, pero no se podía estar en todos lados, así que habían pueblos que no pudieron ser protegidos.
Los años pasaban, pero cada vez era menos los que participaban en la guerra, hasta que al fin un 19 de abril de 1578 se logró el primer pacto entre jinetes a nivel mundial, donde uno de sus fragmentos decía lo siguiente “…ningún jinete entrara en combate bélico en beneficio a la ambición de las naciones…”
Category Artwork (Digital) / Fantasy
Species Dragon (Other)
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