"Entonces ella se escondió, intentando retener los sollozos y calmar los espasmos de su cuerpo.
Podía oír el grito del bosque ir en crescendo en su cabeza mientras este se quemaba y se volvía cenizas. Los cazadores ya habían capturado a los pocos que quedaban de ellos y ella sabía que jamás los volvería a ver.
Su cuerpo pequeño y débil era incapaz de hacer algo, pues su naturaleza mansa y apacible era incapaz de contraatacar.
Podo oír el grito feroz de uno de sus hermanos y luego el sonido de una espada. Ella no tuvo que ver para saber lo que había pasado cuando uno de los cazadores maldijo a otro pro haber asesinado a un “perfecto ejemplar”.
Tapo su boca con ambas manos, rogando porque no la escucharan.
Ella se mantuvo en silencio con el rostro empapados en lágrimas que no dejaban de salir. Su pecho subía y bajaba con rapidez y su corazón parecía querer salir de su pecho.
Su madre le había advertido hasta el día de su muerte: Jamás salgas del bosque o la muerte te esperará del otro lado. Sus hermanos no habían oído y ahora todos estaban muertos, pues el cuerno de un unicornio era tan valioso como si de diamantes se tratara.
Las luces de las antorchas se alejaban mientras el fuego en el bosque se apaciguaba por la fuerte lluvia que empezó a caer. Ella se quedó detrás de ese árbol, inmóvil, aun con las manos tapando su boca mientras la lluvia la empapaba.
No podía moverse, su cuerpo se negaba. Ella sabía que debía volver a lo profundo del bosque, pero sin embargo era incapaz de siquiera arrastrarse.
Ni siquiera cuando dejó de oír los pasos crujir, ni cuando la lluvia se detuvo, ni cuando el sol empezó a asomarse.
No supo cuando tiempo estuvo allí, en la misma posición, con los músculos de su cuerpo acalambrados.
Ahora ella era la última que quedaba.”
Relato/Lorelei. © Mizu-Kumi
Podía oír el grito del bosque ir en crescendo en su cabeza mientras este se quemaba y se volvía cenizas. Los cazadores ya habían capturado a los pocos que quedaban de ellos y ella sabía que jamás los volvería a ver.
Su cuerpo pequeño y débil era incapaz de hacer algo, pues su naturaleza mansa y apacible era incapaz de contraatacar.
Podo oír el grito feroz de uno de sus hermanos y luego el sonido de una espada. Ella no tuvo que ver para saber lo que había pasado cuando uno de los cazadores maldijo a otro pro haber asesinado a un “perfecto ejemplar”.
Tapo su boca con ambas manos, rogando porque no la escucharan.
Ella se mantuvo en silencio con el rostro empapados en lágrimas que no dejaban de salir. Su pecho subía y bajaba con rapidez y su corazón parecía querer salir de su pecho.
Su madre le había advertido hasta el día de su muerte: Jamás salgas del bosque o la muerte te esperará del otro lado. Sus hermanos no habían oído y ahora todos estaban muertos, pues el cuerno de un unicornio era tan valioso como si de diamantes se tratara.
Las luces de las antorchas se alejaban mientras el fuego en el bosque se apaciguaba por la fuerte lluvia que empezó a caer. Ella se quedó detrás de ese árbol, inmóvil, aun con las manos tapando su boca mientras la lluvia la empapaba.
No podía moverse, su cuerpo se negaba. Ella sabía que debía volver a lo profundo del bosque, pero sin embargo era incapaz de siquiera arrastrarse.
Ni siquiera cuando dejó de oír los pasos crujir, ni cuando la lluvia se detuvo, ni cuando el sol empezó a asomarse.
No supo cuando tiempo estuvo allí, en la misma posición, con los músculos de su cuerpo acalambrados.
Ahora ella era la última que quedaba.”
Relato/Lorelei. © Mizu-Kumi
Category All / All
Species Unspecified / Any
Size 1280 x 1280px
File Size 244.8 kB
FA+

Comments