Proyecto Skywing: La Supremacía de Zerros
A veces nuestros mundos sucumben a la oscuridad, producto de la avaricia y el egoísmo.
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Magolobo
Proyecto Skywing-Relatos de la Revolución: La Supremacía de Zerros
Autor: Manuel Rodrigo Morales Reyes
Desde hacía mitad de siglo, en Atalia el crimen organizado crecía de manera exponencial, crecía tanto que empezaron a surgir las primeras familias más poderosas de ese país y de ahí al mundo, entre ellas la de Marcelo del Cerro (Zerros). El poder de este hombre no era más que su palabra de convencer a los demás de que ganarían dinero para sustentar a su familia de una forma poco ortodoxa pero ilegal, no era más que el cuento de cómo ingresar al mundo del narcotráfico y la trata de personas. Desde el principio la mafia crecía bastante para ser de alguien que había crecido en un ambiente callejero, creció tanto que se volvió la familia más poderosa del país.
-¡Nadie se acerca a mis chicas, ni a mi dinero! –Decía su frase más socorrida.- ¡Todo aquél que ose atacarme pagará con su cabeza en bandeja de plata para la cena!
Era una familia bastante grande, y como toda familia que está metida de cabeza en asuntos oscuros, las pérdidas eran enormes. Marcelo perdió a su único hijo en un atentado contra su auto mientras él bajaba a abrir la puerta metálica de la cochera de uno de sus amigos. Su madre murió en asesinato y su esposa murió electrocutada mientras buscaba operarse el rostro. Toda su familia iba muriendo hasta que al final quedase él.
Cuando Marcelo del Cerro tendría 56 años, toda Atalia era suya y comenzaría a realizar negocios con Franmania, parte de Asia y con los esclavistas del Rey del Centro de África. A partir de ese entonces entraría en operaciones el joven Falacci, el más leal de todos sus hombres.
-Los negocios del este de Franmania han sido un éxito, señor. La policía ignora que estamos siendo los ojos de la seguridad de los bancos
-Por algo sabía que serías tú el hombre indicado Falacci. Quiero que sustentes mi imperio cuando muera
-No diga eso Señor Marcelo. Zerros es más que su nombre, es su alma que perdurará por siempre
Marcelo sonrió y se echó a dormir en su sofá.
Falacci provenía de una familia acomodad del sur de Atalia, pero el estilo de vida de un banquero le parecía bastante simple y aburrida, para él, unirse a la mafia era el sueño de su vida, incluso él mismo ordenaba a asesinar a sus contrincantes o a los que le hacían una “falta” como tirarle café caliente en un restaurante, mandó matar a varios meseros pero ese error. Falacci era despiadado en su ámbito, le respetaban todos los miembros de su gente, incluso Marcelo contaba con él para garantizar que un trabajo de asesinato o control de condominios fuera un exitazo.
-¿Te digo algo curioso? –inició Marcelo mientras se acostaba en su alcoba.- Siempre había querido tener un ejército de verdad, mi propio ejército. Un ejército que declarase la guerra a quien fuese y que no se detuviera ante nada. ¿Qué opinas si compramos barcos de guerra?
-¡¿Barcos de Guerra?!
-Si, barcos de guerra, tanques, aviones y armas, lo mejor de lo mejor. El sueño de un niño vuelto realidad. Imagina que uses un uniforme único, uno elegante, imagina estar al frente de tu propio barco de guerra. “El Cuarto Jinete”, que diga eso en su reverso.
-Si no está jugando señor. Tenga en mente que mañana tendrá su propia armada...
Por supuesto no fue mañana, pero a la semana ya tenía al menos un centenar de barcos de guerra Ironclad, hechos en Ukrajina y en Franmania. Tenían un enorme número de aviones de batalla como el Soulhunter y otros cazas. Compró el porta-portaviones más resistente de Atalia y mandó hacer 700,000 uniformes.
-Las armas son lo de menos, los barcos las incluían y no creo que sea difícil construirlas ¡porque tengo los planos!
-¡Eres el mejor Falacci! ¡Eres el emisario de mis sueños! ¡¿Quién necesita a Dios cuando te tengo a ti?!
-No exagere Señor, sus deseos son órdenes
Total, la mafia de Zerros ya no sería un grupo criminal como otro, se había vuelto más rígido, más poderoso, más preparado. Los barcos de guerra eran bastante resistentes, en muchas ocasiones con ellos despedazaron en despiadados bombardeos las casas de las demás familias de la mafia con sus integrantes adentro: niños, bebés, mujeres. Nunca a los propietarios de éstas. Con ello obligaban a las demás mafias a desviar gente y recursos a la mafia de los barcos de guerra flotantes, al Gran Ejército de Zerros.
Los negocios iban de un lugar a otro, primero eran mafias, pero no eran suficientes para los deseos de Marcelo del Cerro, luego serían poblados enteros, ciudades pequeñas y más tarde empezarían a amenazar a otros países aledaños. Falacci ignoraba por completo de dónde venían los recursos, creía que la droga por sí sola era suficiente para abastecer el sueño de ser el líder de una armada. La prostitución forzada de mujeres menores de edad, la esclavitud de jóvenes a manos de los reinos Africanos, el secuestro de familias civiles enteras y el asesinato de moderadores de la paz. Pareciera que eran simples rumores, pero empezaban a circular fotografías entre los periodistas como el de una mujer dormida a un lado del cuerpo de su hijo de 15 años semi-decapitado, el de un padre tratando de mantener a su hija violada sobre su cuerpo para darle calor, el de unos niños que lloran ante el cuerpo de sus hermanos mayores abatidos por las balas de los hombres de Zerros, policías colgados de cabeza en postes de luz por hacer su trabajo, el de un maestro interponiéndose entre un rifle y los niños, el de una mujer desnuda sollozando envuelta en lodo en el jardín de su casa quemada, el de niños que suplican a un soldado de Zerros que no mate a su padre “que lo hizo para que tuvieran un poco de pan”... Guerra a fin de cuentas, pero sin declaración oficial.
En una ocasión Falacci mientras paseaba por Franmania, unos sicarios abrieron fuego con sus Thomson contra él y el carro en el que Marcelo iba. Los acompañantes perdieron su cabeza cuando las balas taladraban sus cerebros, Marcelo recibió algunos tiros en la espalda y Falacci salió ileso a pesar de haber chocado el carro contra un borde y saliera despedido hacia el canal.
¡SPLASH!
El auto fue arrastrado hasta atorarse en una escalera, Falacci, sacó como pudo a Marcelo y se lo llevó a duras penas a un hospital.
-Falacci –Dijo.- Sigue con mi sueño por favor, no dejes que Zerros sea simplemente un cuento, deja que sea una leyenda de Atalia
-Lo haré, señor
-Siempre deseé ser el miembro más importante de mi ejército, ahora te toca a ti compartirlo. Voy a extrañar la vista que ofrecía el “Cuarto Jinete” cuando volaba por las montañas de la frontera entre Hispania y Franmania
-Lo sé, señor
-Ahora... Ahora... Aho...
Acto seguido Marcelo murió, el droide médico que estaba a un lado de la cama citó la hora del deceso y el nombre del paciente. Falacci miró al robot, desenfundó su pistola y despedazó su cabeza sacando chispas y piezas mecánicas de su cabeza.
El ascenso de Falacci sería tan importante que las Familias criminales lo respetarían tanto que hacían comercio con él, delataban a sus adversarios y mencionaban puntos clave para derrotar a un gobernante a veces sin derramar un poco de sangre, pero sí resentimiento e injusticia.
-…Es que quiero entender –iniciaba Lidia “Balanegra” en una reunión en el edificio de gobernación de Franmania, por la ventana se veía parte del engrane gigante distintivo del país hacer el giro cuando pasaba la hora.- Quiere que intercambiemos información por hombres y recursos por protección ¿No es acaso algo totalitario?
-No quiero verme totalitario señora Lidia, lo que quiero es que Zerros pueda pasar por Franmania sin tener que abrir fuego, yo no quiero ver ese engrane salirse de su lugar y que aplaste a la gente de la calle por culpa de un disparo, no quiero eso, quiero que se me deje pasar y que el gobierno no meta sus narices ni gente en mis asuntos
-No me expliqué...
-Si se explicó señora –inició Bartolo Carmesí, un traficante de blancas local, ahora aliado a Zerros.- los negocios que realiza nuestro líder Falacci consisten en que todos nosotros podamos seguir con nuestros negocios como si nada.
-A lo que voy es: la policía tiene familia, los soldados tienen familia, los Franmaneses en General tienen familia, su estilo de hacer negocios destruye el prestigio de las mafias aquí en Franmania
-¿Una de las más violentas pistoleras del país diciendo eso?
Su esposo, Romero DiLeone, quería decirle a su amada que no siguiera hablando, que podría entrar en terreno lodoso.
-Quiero decir, las mafias de Franmania respetan a la policía, le dejan seguir con sus investigaciones y siempre podemos eliminar las evidencias que nos involucren sin necesidad de abrir fuego, y si de abrir fuego se requiere, procuramos mantener el menor número de bajas posible porque al final y al cabo la gente nos respeta porque les dejamos seguir y que nos dejen seguir. No sé qué métodos hagan en Atalia, pero aquí en Franmania la mafia y la policía se respeta mutuamente.
Bartolo Carmesí se levantó de la mesa y le asestó un fuerte puñetazo a Lidia “Balanegra” que la dejó atónita, Romero ni metió las manos.
-¿Entonces los fotógrafos tienen razón? ¿No son más que criminales de poca monta con dinero? –luego se tocó su vientre, no quería que su bebé sintiera la furia que sentía en ese momento.- Voy a dejarlos pasar por Franmania sin que nada les suceda, pero si empiezan a tocar a la gente de Franmania así porque sí, no podré asegurarles nada.
Todos los ahí presentes vieron como ella sacaba una pluma que centallaba al momento de cambiar la tinta (la firma de Balanegra era con pluma y tinta invisible para validar su palabra) y lanzaba el documento a la cara de Falacci.
-Si no hay más que decir –se levantó de la mesa.- me voy a casa. Gracias por la cena, estuvo rica –dijo con sarcasmo y dijo en Franmanés para que nadie le entendiera.- “La Cocina de verdad está en este país, nuestra gente es de calidad y no como ustedes que come del alcantarillado para saciar su apetito de poder”
Romero y Lidia salieron del edificio para irse a su residencia, Falacci miró como el carro iba por la calle central y desaparecía al girar en una avenida.
-Podríamos ponerle una bomba, algo que la haga pensar en sus palabras –dijo a los cuatro vientos Bartolo Carmesí.- ¿Qué opina Don?
-Lo que sucede en este país es asunto de nosotros, puedes hacer lo que quieras Bartolo...
Así fueron las negociaciones con la mitad del mundo cuando lo inesperado comenzó: en varios países habían sublevaciones, Atalia estaba por ejemplo en un estado de Guerra Civil, pues alguien que levantó su espada contra Zerros se llamaba Juan Morales Peña, el hermano mayor del General Peña, las escaramuzas daban inicio…
-¡No quiero saber de rebeliones, todo aquél que no esté conforme sucumbirá ante la furia de nuestros cañones y la fiereza de mis soldados, porque ahora y más que nunca Zerros es más fuerte de lo normal, ahora somos invencibles, tomamos lo que queremos, jodemos lo que queremos y nadie puede refutarlo, de ser así pagarán muy caro su osadía...!
Tras una negociación que salió mal en Hispania, gracias a que el General Peña Padre, optó por erradicar las bandas criminales de Zerros en el país y perseguir a todos los delincuentes como marca la ley. Falacci encolerizó y mandó su flota personal, ahora que había más barcos zurcando los demás cielos a Madrid, la capital de Hispania.
-¡...Zerros no es un motivo de broma, nosotros estamos en movimiento y seremos el más grande de todos los gobernantes del mundo. Hispania, ahora que me oyen, ahora que sienten el miedo al ver cómo mi flota pasa por entre sus rascacielos, os digo algo! ¡Les mando un saludo de parte de Marcelo del Cerro!
Acto seguido, los cañones principales del Cuarto Jinete se separaron y comenzaron a disparar contra los edificios que tenía delante, los cañones laterales disparaban al azar y el resto de los barcos bombardearía las sobre transitadas calles de la capital.
¡BOOOMMM! ¡CRASH! ¡BAMFRRR!
Los edificios eran demolidos con la gente en su interior, las calles explotaban cuando las bombas pegaban contra el suelo, los transportes aéreos que huían o llegaban a Hispania con motivo de vacaciones, eran derribados por los aviones de batalla.
-¡Mamá! –gritaba un niño entre la multitud que moría atravezada por las balas de un Soulhunter que pasó a gran velocidad -¡¿Dónde estás?!
Los integrantes de un edificio de oficinas resbalaban por las ventanas luego de que fuese partido en dos y caían hacia las ígneas calles a casi medio kilómetro de distancia. En un hospital, una enfermera entraba a la sala de incubación en que los bebés lloraban por el ruido que se hace en la lejanía, ella tomó una bebé con la esperanza de poderla salvar, poco después un misil entró por una ventana y desapareciera el cuarto en un cúmulo de llamas.
-Ayuda –suplicaba cansada una joven estudiante que tenía atravesada una viga por su hombro.- alguien ayúdeme
Cerca, unos niños lloraban al ver cómo todo mundo era masacrado por los aviones de guerra que bajaban y hacían disparos a la población, uno de los niños fue atravesado, matándolo al acto.
Las iglesias reventaban tras recibir un proyectil, los rascacielos eran partidos o demolidos por completos al ser despedazados por el fuego de los cañones de los barcos, la tierra se abría en par para abrir paso a un foso de drenaje ahora tiñéndose de rojo por la sangre de tanta gente aniquilada.
Un misil pegó en la Universidad de Madrid matando a muchos estudiantes que escuchaban horrorizados la radio holográfica.
-Hispania hoy paga por su atrocidad -musitó Falacci mientras contemplaba como el rascacielos que tenía delante caía hacia los edificios pequeños que estaban ante este.- Y ha pagado muy caro.
Sin embargo se distrajo un poco al ver cómo a la lejanía, cerca de la humeante Universidad, un joven se había quedado parado observando el barco en el que él estaba, por la distancia, su rostro no se veía, pero daba la impresión de que estaba haciendo contacto visual con él. Se trataba del joven General Peña, quien en años posteriores le demostraría que significaba haber nacido en Hispania y demostrarle que es perder a un millón de compatriotas en su haber…
Pasaron los años, y Falacci se hizo muy viejo, tanta guerra le había mostrado una lección que de haberla aprendido, se hubiera negado a la petición de ser el General de su propio ejército, ya no tenía el toque del inicio, ahora sentía pena ajena por su persona, sentía asco al ver las fotografías de los periodistas que cubrían la guerra, sentía pena hasta por una mujer de cabello blanco que era violada por uno de sus hombres: Raymundo de la Vega, lo había contratado para que entrenase a su hombres y no hacía más que asaltar poblados pequeños y “probar” las chicas que vivían, no importaba si eran niñas, jóvenes o ancianas, satisfacía con ellas sus delitos.
¡BUUURGGHHH!
Vomitó, estaba sentado en un bar en el que se serviría un poco de alcohol, pero la camarera no regresó después de que Raymundo la citó para que le ayudase a servir a un amigo que tenía afuera que no podía moverse, una mera mentira.
-No llores tanto, no te pasó nada –iniciaba Raymundo cuando volvía al vacío local.- No te hice nada
La mujer lloraba, tenía manchas de sangre en su falda y tenía roto un labio.
Falacci volvió a vomitar, entre más viejo, más asco sentía hacia sus acciones. No eran un ejército de verdad, eran criminales de todo el mundo organizados para cometer atrocidades a gran escala, si querían cometer delitos de forma impune, de violar a los indefensos de forma impune, de matar a los minusválidos de forma impune, el ejército de Zerros era la opción que debías tomar.
-¿Un beso? –dijo Raymundo, besó a la chica de forma agresiva y la dejó.- Ahora sírvele a mi jefe –la chica seguía llorando.- ¡Sírvele a mi jefe! –gritó-.
La mujer fue por otra bebida y se la puso torpemente de modo tal que cayó el vaso, rebotó y se rompió desperdigando su licor al suelo
-¡Mira lo que hiciste! ¿Sabes? Creo que puedo enseñarte a tener más cuidado
Tomó a la chica de la mano, ella no quería y se dejó caer, luego estaba siendo arrastrada.
-¡¡BASTA!! –Rugió Falacci-.
El joven dejó a la chica y se retiró afuera.
¿Qué he hecho? Se decía para sí Falacci, no sería hasta ahora cuando resentiría el sentimiento de culpa de haber matado a muchísima gente sólo por furia, se lo harían saber unos niños que tenían prótesis robóticas en gran parte del cuerpo preguntando cosas como: “¿Me da dinero para comer? ¿Me crecerá un nuevo mi ojo? ¿Me da su sombrero? Quiero transportar las cenizas de mis papás en mi cabeza, el jarro en el que estaban se rompió”.
¡Cállense niños! ¡Cállense! ¡Yo maté a sus papás! ¡Lo siento muchísimo, en verdad! ¡No estaba pensando! ¡Lo siento mucho! ¡Por favor, perdónenme! ¡Estaba en un estado de egoísmo! ¡Lo siento mucho! Su súplica era para sí, lloraba en silencio, lloraba por negarle a tanta gente la oportunidad de vivir, de negarles a muchas mujeres de ser madres y casarse y tener familias maravillosas, negarle a esos niños con ojos de cristal y piezas de robot de tener sus miembros completos, de hacer estupideces de los cuáles tuvieran a un papá y mamá que vinieran al acto cada vez que les pasaba algo. De negarse a sí mismo, ser una mejor persona.
“¿Quién necesita a Dios cuando te tengo a ti como emisario de mis sueños?” Yo necesito a Dios en este mundo –se decía.- Lo necesito ahora y más que nunca en un ambiente en el que el perdón no es para mí, dónde el infierno está representado en esos niños mutilados, en mí que no vio más allá de su alcancía y su falta de empatía, que ahora está pagando muy caro el ser “El Comandante de tu propio barco” ¿Me perdonará Dios? ¿Me perdonará toda esa gente? ¡¡NO!! ¡Nadie te perdonará! ¡Nada cambiará el dolor que sienten esas mujeres, esos niños, esa gente! ¡Nada cambia que has sido el primer y único ser humano en ser el portador del mal a la Tierra! ¡Los Sacerdotes no te perdonarán, los papás no te perdonarán! ¡No te perdonará la mujer que ha sido atacada por Raymundo de la Vega!
-Mira que tenemos aquí –entró una mujer rubia al lugar acompañada de una de cabello castaño.- Que mal, ya la han tocado
-¿Podemos hacer algo más no? –Inició la otra.- es muy bonita
Ambas se posicionaron detrás de ella y la empezaban a acariciar, la rubia le lamió el cuello, haciéndola llorar amargamente y cerrar los ojos de terror.
-¡Verónica! ¡Julia! –Gritó Falacci mientras desenfundaba su arma.- ¡Aléjense de la mujer!
-¿General? –Dijo Julia.- ¿Está seguro de dispararle a sus clientes?
-Sólo queríamos divertirnos nada más
-Sólo Aléjense –preparó su arma-.
Julia y Verónica, las Tiachi, dejaron en paz a la mujer y se sentaron en una mesa que estaba atrás. Falacci se disponía sentarse cuando del pecho de la mujer salió un objeto metálico y sanguinolento, un arpón, cayó muerta bocabajo revelando como las Tiachi se burlaban de la cara de incredulidad de su jefe, se reían a carcajadas.
-¡Qué Putada! –dijo Verónica
-¡Señor, no os dijo si la quería viva!
Ambas se reían, se levantaron de la mesa y se sirvieron por su cuenta alcohol y comenzarían a fumar alguna clase de droga. Tiempo después se fueron.
Falacci bebió y bebió, se dispuso a salir de nuevo a las ruinas del poblado cuando reparó en la chica, tenía lágrimas en sus ojos vacíos de vida, la puso acostada, secó sus lágrimas con su uniforme y la abrazaría, luego estallaría en auténtico llanto. Ya no podía hacer nada, quería acabar con Zerros, quería acabar con ese sueño que no era suyo, pero... si decía que quería renunciar, otro tomaría su lugar, si decía que acabaría con Zerros, lo matarían y otro tomaría su lugar, si decía que o hacía qué sería inútil.
-Señor, estamos por irnos –dijo uno de sus hombres a su espalda.- ¿Un beso de despedida?
Falacci desenfundó su pistola y le voló el cráneo. Lo pateó y caminó a su navío aterrizado.
Años después, después de haberse enfrentado a Peña frente a frente, se vio forzado a retirarse y dispersar su flota por el mundo, sólo que cuando algunos fueron a las zonas árticas, encontraron un objeto inusual dentro de un gigantesco edificio que flotaba sobre os témpanos de hielo y la Aurora Boreal.
-Este objeto es curioso –decía su científico personal.- genera energía de manera inusual y parece alguna clase de generador, esto será un punto y aparte en nuestro ejército, podríamos probarlo en el sujeto de pruebas que encontramos en el mar o en el experimento que hice hace años y se escapó, si tan sólo la tuviera de nuevo...
-¿Qué pretendes conseguir con la chica?
-Quiero ver si podemos crear tropas que resistan más y se adapten al medio ambiente de forma extraordinaria, quiero la perfección humana a otro nivel, hasta que se escapó.
-¿Dónde está el sujeto de pruebas?
En un bote, pasó de un barco a otro para ver a una persona joven en una camilla, con ropas de paciente, dormía. Su aspecto bastante fino le hizo parecerse más a una dama que a un hombre, era muy “hermosa”.
-Déjenme a solas, quiero verificar algo –indicó Falacci a su gente y al Doctor-.
Contempló el semblante de la persona que tenía delante, de la “chica” que tenía delante, no titubeó, acarició su melena rubia y besó su boca, al despegarse dijo en voz baja.
-Tú me ayudarás a acabar esta pesadilla –los arneses que tenía los aflojó como para que en varios intentos se pudiera escapar.- Te ayudaré a que me ayudes, te lo suplico
La volvió a besar, quién sabe cómo hubiera reaccionado si se enterase que esa “chica” se llamaba Malcolm White. Fue al puente de mando, dañó las puertas para que se abrieran con el menor impulso posible, bajó la iluminación de algunos corredores para que sirviesen de guía de modo que si pasaba entre menos iluminación, no chocara con los compartimientos en los que los demás soldados no chocaran con él. Sabía que esa pirámide mágica acabaría con esa pesadilla para convertirla en un sueño. Luego citó a sus más importantes oficiales a la sala de conferencias que tenía vista al mar e hizo el mayor tiempo de charla sobre los usos y maravillas de la pirámide de modo que nade estaba atento cuando el chico la chica rubia entró de lleno a la sala, tomó la pirámide y despedazó el ventanal para caer al mar que sobrevolaba cerca de Hispania. Falacci se comportó como siempre, de modo que cuando se enteró que la élite que tenía en Franmania fue aniquilada por Romeo DiLeone mandó a sus tropas como si de verdad supiera lo que estaba haciendo. Mandó innecesariamente a Samuel de Ángelo a la rebelión de Ukrajina a perder en vano tropas y unidades. Quería terminar el nombre de Zerros del mundo...
-Muy bien –dijo en voz baja mientras contemplaba como Malcolm caía gritando como chica por la ventana.- hoy termina la pesadilla y comienza mi redención, un nuevo sueño…
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Autor: Manuel Rodrigo Morales Reyes
Desde hacía mitad de siglo, en Atalia el crimen organizado crecía de manera exponencial, crecía tanto que empezaron a surgir las primeras familias más poderosas de ese país y de ahí al mundo, entre ellas la de Marcelo del Cerro (Zerros). El poder de este hombre no era más que su palabra de convencer a los demás de que ganarían dinero para sustentar a su familia de una forma poco ortodoxa pero ilegal, no era más que el cuento de cómo ingresar al mundo del narcotráfico y la trata de personas. Desde el principio la mafia crecía bastante para ser de alguien que había crecido en un ambiente callejero, creció tanto que se volvió la familia más poderosa del país.
-¡Nadie se acerca a mis chicas, ni a mi dinero! –Decía su frase más socorrida.- ¡Todo aquél que ose atacarme pagará con su cabeza en bandeja de plata para la cena!
Era una familia bastante grande, y como toda familia que está metida de cabeza en asuntos oscuros, las pérdidas eran enormes. Marcelo perdió a su único hijo en un atentado contra su auto mientras él bajaba a abrir la puerta metálica de la cochera de uno de sus amigos. Su madre murió en asesinato y su esposa murió electrocutada mientras buscaba operarse el rostro. Toda su familia iba muriendo hasta que al final quedase él.
Cuando Marcelo del Cerro tendría 56 años, toda Atalia era suya y comenzaría a realizar negocios con Franmania, parte de Asia y con los esclavistas del Rey del Centro de África. A partir de ese entonces entraría en operaciones el joven Falacci, el más leal de todos sus hombres.
-Los negocios del este de Franmania han sido un éxito, señor. La policía ignora que estamos siendo los ojos de la seguridad de los bancos
-Por algo sabía que serías tú el hombre indicado Falacci. Quiero que sustentes mi imperio cuando muera
-No diga eso Señor Marcelo. Zerros es más que su nombre, es su alma que perdurará por siempre
Marcelo sonrió y se echó a dormir en su sofá.
Falacci provenía de una familia acomodad del sur de Atalia, pero el estilo de vida de un banquero le parecía bastante simple y aburrida, para él, unirse a la mafia era el sueño de su vida, incluso él mismo ordenaba a asesinar a sus contrincantes o a los que le hacían una “falta” como tirarle café caliente en un restaurante, mandó matar a varios meseros pero ese error. Falacci era despiadado en su ámbito, le respetaban todos los miembros de su gente, incluso Marcelo contaba con él para garantizar que un trabajo de asesinato o control de condominios fuera un exitazo.
-¿Te digo algo curioso? –inició Marcelo mientras se acostaba en su alcoba.- Siempre había querido tener un ejército de verdad, mi propio ejército. Un ejército que declarase la guerra a quien fuese y que no se detuviera ante nada. ¿Qué opinas si compramos barcos de guerra?
-¡¿Barcos de Guerra?!
-Si, barcos de guerra, tanques, aviones y armas, lo mejor de lo mejor. El sueño de un niño vuelto realidad. Imagina que uses un uniforme único, uno elegante, imagina estar al frente de tu propio barco de guerra. “El Cuarto Jinete”, que diga eso en su reverso.
-Si no está jugando señor. Tenga en mente que mañana tendrá su propia armada...
Por supuesto no fue mañana, pero a la semana ya tenía al menos un centenar de barcos de guerra Ironclad, hechos en Ukrajina y en Franmania. Tenían un enorme número de aviones de batalla como el Soulhunter y otros cazas. Compró el porta-portaviones más resistente de Atalia y mandó hacer 700,000 uniformes.
-Las armas son lo de menos, los barcos las incluían y no creo que sea difícil construirlas ¡porque tengo los planos!
-¡Eres el mejor Falacci! ¡Eres el emisario de mis sueños! ¡¿Quién necesita a Dios cuando te tengo a ti?!
-No exagere Señor, sus deseos son órdenes
Total, la mafia de Zerros ya no sería un grupo criminal como otro, se había vuelto más rígido, más poderoso, más preparado. Los barcos de guerra eran bastante resistentes, en muchas ocasiones con ellos despedazaron en despiadados bombardeos las casas de las demás familias de la mafia con sus integrantes adentro: niños, bebés, mujeres. Nunca a los propietarios de éstas. Con ello obligaban a las demás mafias a desviar gente y recursos a la mafia de los barcos de guerra flotantes, al Gran Ejército de Zerros.
Los negocios iban de un lugar a otro, primero eran mafias, pero no eran suficientes para los deseos de Marcelo del Cerro, luego serían poblados enteros, ciudades pequeñas y más tarde empezarían a amenazar a otros países aledaños. Falacci ignoraba por completo de dónde venían los recursos, creía que la droga por sí sola era suficiente para abastecer el sueño de ser el líder de una armada. La prostitución forzada de mujeres menores de edad, la esclavitud de jóvenes a manos de los reinos Africanos, el secuestro de familias civiles enteras y el asesinato de moderadores de la paz. Pareciera que eran simples rumores, pero empezaban a circular fotografías entre los periodistas como el de una mujer dormida a un lado del cuerpo de su hijo de 15 años semi-decapitado, el de un padre tratando de mantener a su hija violada sobre su cuerpo para darle calor, el de unos niños que lloran ante el cuerpo de sus hermanos mayores abatidos por las balas de los hombres de Zerros, policías colgados de cabeza en postes de luz por hacer su trabajo, el de un maestro interponiéndose entre un rifle y los niños, el de una mujer desnuda sollozando envuelta en lodo en el jardín de su casa quemada, el de niños que suplican a un soldado de Zerros que no mate a su padre “que lo hizo para que tuvieran un poco de pan”... Guerra a fin de cuentas, pero sin declaración oficial.
En una ocasión Falacci mientras paseaba por Franmania, unos sicarios abrieron fuego con sus Thomson contra él y el carro en el que Marcelo iba. Los acompañantes perdieron su cabeza cuando las balas taladraban sus cerebros, Marcelo recibió algunos tiros en la espalda y Falacci salió ileso a pesar de haber chocado el carro contra un borde y saliera despedido hacia el canal.
¡SPLASH!
El auto fue arrastrado hasta atorarse en una escalera, Falacci, sacó como pudo a Marcelo y se lo llevó a duras penas a un hospital.
-Falacci –Dijo.- Sigue con mi sueño por favor, no dejes que Zerros sea simplemente un cuento, deja que sea una leyenda de Atalia
-Lo haré, señor
-Siempre deseé ser el miembro más importante de mi ejército, ahora te toca a ti compartirlo. Voy a extrañar la vista que ofrecía el “Cuarto Jinete” cuando volaba por las montañas de la frontera entre Hispania y Franmania
-Lo sé, señor
-Ahora... Ahora... Aho...
Acto seguido Marcelo murió, el droide médico que estaba a un lado de la cama citó la hora del deceso y el nombre del paciente. Falacci miró al robot, desenfundó su pistola y despedazó su cabeza sacando chispas y piezas mecánicas de su cabeza.
El ascenso de Falacci sería tan importante que las Familias criminales lo respetarían tanto que hacían comercio con él, delataban a sus adversarios y mencionaban puntos clave para derrotar a un gobernante a veces sin derramar un poco de sangre, pero sí resentimiento e injusticia.
-…Es que quiero entender –iniciaba Lidia “Balanegra” en una reunión en el edificio de gobernación de Franmania, por la ventana se veía parte del engrane gigante distintivo del país hacer el giro cuando pasaba la hora.- Quiere que intercambiemos información por hombres y recursos por protección ¿No es acaso algo totalitario?
-No quiero verme totalitario señora Lidia, lo que quiero es que Zerros pueda pasar por Franmania sin tener que abrir fuego, yo no quiero ver ese engrane salirse de su lugar y que aplaste a la gente de la calle por culpa de un disparo, no quiero eso, quiero que se me deje pasar y que el gobierno no meta sus narices ni gente en mis asuntos
-No me expliqué...
-Si se explicó señora –inició Bartolo Carmesí, un traficante de blancas local, ahora aliado a Zerros.- los negocios que realiza nuestro líder Falacci consisten en que todos nosotros podamos seguir con nuestros negocios como si nada.
-A lo que voy es: la policía tiene familia, los soldados tienen familia, los Franmaneses en General tienen familia, su estilo de hacer negocios destruye el prestigio de las mafias aquí en Franmania
-¿Una de las más violentas pistoleras del país diciendo eso?
Su esposo, Romero DiLeone, quería decirle a su amada que no siguiera hablando, que podría entrar en terreno lodoso.
-Quiero decir, las mafias de Franmania respetan a la policía, le dejan seguir con sus investigaciones y siempre podemos eliminar las evidencias que nos involucren sin necesidad de abrir fuego, y si de abrir fuego se requiere, procuramos mantener el menor número de bajas posible porque al final y al cabo la gente nos respeta porque les dejamos seguir y que nos dejen seguir. No sé qué métodos hagan en Atalia, pero aquí en Franmania la mafia y la policía se respeta mutuamente.
Bartolo Carmesí se levantó de la mesa y le asestó un fuerte puñetazo a Lidia “Balanegra” que la dejó atónita, Romero ni metió las manos.
-¿Entonces los fotógrafos tienen razón? ¿No son más que criminales de poca monta con dinero? –luego se tocó su vientre, no quería que su bebé sintiera la furia que sentía en ese momento.- Voy a dejarlos pasar por Franmania sin que nada les suceda, pero si empiezan a tocar a la gente de Franmania así porque sí, no podré asegurarles nada.
Todos los ahí presentes vieron como ella sacaba una pluma que centallaba al momento de cambiar la tinta (la firma de Balanegra era con pluma y tinta invisible para validar su palabra) y lanzaba el documento a la cara de Falacci.
-Si no hay más que decir –se levantó de la mesa.- me voy a casa. Gracias por la cena, estuvo rica –dijo con sarcasmo y dijo en Franmanés para que nadie le entendiera.- “La Cocina de verdad está en este país, nuestra gente es de calidad y no como ustedes que come del alcantarillado para saciar su apetito de poder”
Romero y Lidia salieron del edificio para irse a su residencia, Falacci miró como el carro iba por la calle central y desaparecía al girar en una avenida.
-Podríamos ponerle una bomba, algo que la haga pensar en sus palabras –dijo a los cuatro vientos Bartolo Carmesí.- ¿Qué opina Don?
-Lo que sucede en este país es asunto de nosotros, puedes hacer lo que quieras Bartolo...
Así fueron las negociaciones con la mitad del mundo cuando lo inesperado comenzó: en varios países habían sublevaciones, Atalia estaba por ejemplo en un estado de Guerra Civil, pues alguien que levantó su espada contra Zerros se llamaba Juan Morales Peña, el hermano mayor del General Peña, las escaramuzas daban inicio…
-¡No quiero saber de rebeliones, todo aquél que no esté conforme sucumbirá ante la furia de nuestros cañones y la fiereza de mis soldados, porque ahora y más que nunca Zerros es más fuerte de lo normal, ahora somos invencibles, tomamos lo que queremos, jodemos lo que queremos y nadie puede refutarlo, de ser así pagarán muy caro su osadía...!
Tras una negociación que salió mal en Hispania, gracias a que el General Peña Padre, optó por erradicar las bandas criminales de Zerros en el país y perseguir a todos los delincuentes como marca la ley. Falacci encolerizó y mandó su flota personal, ahora que había más barcos zurcando los demás cielos a Madrid, la capital de Hispania.
-¡...Zerros no es un motivo de broma, nosotros estamos en movimiento y seremos el más grande de todos los gobernantes del mundo. Hispania, ahora que me oyen, ahora que sienten el miedo al ver cómo mi flota pasa por entre sus rascacielos, os digo algo! ¡Les mando un saludo de parte de Marcelo del Cerro!
Acto seguido, los cañones principales del Cuarto Jinete se separaron y comenzaron a disparar contra los edificios que tenía delante, los cañones laterales disparaban al azar y el resto de los barcos bombardearía las sobre transitadas calles de la capital.
¡BOOOMMM! ¡CRASH! ¡BAMFRRR!
Los edificios eran demolidos con la gente en su interior, las calles explotaban cuando las bombas pegaban contra el suelo, los transportes aéreos que huían o llegaban a Hispania con motivo de vacaciones, eran derribados por los aviones de batalla.
-¡Mamá! –gritaba un niño entre la multitud que moría atravezada por las balas de un Soulhunter que pasó a gran velocidad -¡¿Dónde estás?!
Los integrantes de un edificio de oficinas resbalaban por las ventanas luego de que fuese partido en dos y caían hacia las ígneas calles a casi medio kilómetro de distancia. En un hospital, una enfermera entraba a la sala de incubación en que los bebés lloraban por el ruido que se hace en la lejanía, ella tomó una bebé con la esperanza de poderla salvar, poco después un misil entró por una ventana y desapareciera el cuarto en un cúmulo de llamas.
-Ayuda –suplicaba cansada una joven estudiante que tenía atravesada una viga por su hombro.- alguien ayúdeme
Cerca, unos niños lloraban al ver cómo todo mundo era masacrado por los aviones de guerra que bajaban y hacían disparos a la población, uno de los niños fue atravesado, matándolo al acto.
Las iglesias reventaban tras recibir un proyectil, los rascacielos eran partidos o demolidos por completos al ser despedazados por el fuego de los cañones de los barcos, la tierra se abría en par para abrir paso a un foso de drenaje ahora tiñéndose de rojo por la sangre de tanta gente aniquilada.
Un misil pegó en la Universidad de Madrid matando a muchos estudiantes que escuchaban horrorizados la radio holográfica.
-Hispania hoy paga por su atrocidad -musitó Falacci mientras contemplaba como el rascacielos que tenía delante caía hacia los edificios pequeños que estaban ante este.- Y ha pagado muy caro.
Sin embargo se distrajo un poco al ver cómo a la lejanía, cerca de la humeante Universidad, un joven se había quedado parado observando el barco en el que él estaba, por la distancia, su rostro no se veía, pero daba la impresión de que estaba haciendo contacto visual con él. Se trataba del joven General Peña, quien en años posteriores le demostraría que significaba haber nacido en Hispania y demostrarle que es perder a un millón de compatriotas en su haber…
Pasaron los años, y Falacci se hizo muy viejo, tanta guerra le había mostrado una lección que de haberla aprendido, se hubiera negado a la petición de ser el General de su propio ejército, ya no tenía el toque del inicio, ahora sentía pena ajena por su persona, sentía asco al ver las fotografías de los periodistas que cubrían la guerra, sentía pena hasta por una mujer de cabello blanco que era violada por uno de sus hombres: Raymundo de la Vega, lo había contratado para que entrenase a su hombres y no hacía más que asaltar poblados pequeños y “probar” las chicas que vivían, no importaba si eran niñas, jóvenes o ancianas, satisfacía con ellas sus delitos.
¡BUUURGGHHH!
Vomitó, estaba sentado en un bar en el que se serviría un poco de alcohol, pero la camarera no regresó después de que Raymundo la citó para que le ayudase a servir a un amigo que tenía afuera que no podía moverse, una mera mentira.
-No llores tanto, no te pasó nada –iniciaba Raymundo cuando volvía al vacío local.- No te hice nada
La mujer lloraba, tenía manchas de sangre en su falda y tenía roto un labio.
Falacci volvió a vomitar, entre más viejo, más asco sentía hacia sus acciones. No eran un ejército de verdad, eran criminales de todo el mundo organizados para cometer atrocidades a gran escala, si querían cometer delitos de forma impune, de violar a los indefensos de forma impune, de matar a los minusválidos de forma impune, el ejército de Zerros era la opción que debías tomar.
-¿Un beso? –dijo Raymundo, besó a la chica de forma agresiva y la dejó.- Ahora sírvele a mi jefe –la chica seguía llorando.- ¡Sírvele a mi jefe! –gritó-.
La mujer fue por otra bebida y se la puso torpemente de modo tal que cayó el vaso, rebotó y se rompió desperdigando su licor al suelo
-¡Mira lo que hiciste! ¿Sabes? Creo que puedo enseñarte a tener más cuidado
Tomó a la chica de la mano, ella no quería y se dejó caer, luego estaba siendo arrastrada.
-¡¡BASTA!! –Rugió Falacci-.
El joven dejó a la chica y se retiró afuera.
¿Qué he hecho? Se decía para sí Falacci, no sería hasta ahora cuando resentiría el sentimiento de culpa de haber matado a muchísima gente sólo por furia, se lo harían saber unos niños que tenían prótesis robóticas en gran parte del cuerpo preguntando cosas como: “¿Me da dinero para comer? ¿Me crecerá un nuevo mi ojo? ¿Me da su sombrero? Quiero transportar las cenizas de mis papás en mi cabeza, el jarro en el que estaban se rompió”.
¡Cállense niños! ¡Cállense! ¡Yo maté a sus papás! ¡Lo siento muchísimo, en verdad! ¡No estaba pensando! ¡Lo siento mucho! ¡Por favor, perdónenme! ¡Estaba en un estado de egoísmo! ¡Lo siento mucho! Su súplica era para sí, lloraba en silencio, lloraba por negarle a tanta gente la oportunidad de vivir, de negarles a muchas mujeres de ser madres y casarse y tener familias maravillosas, negarle a esos niños con ojos de cristal y piezas de robot de tener sus miembros completos, de hacer estupideces de los cuáles tuvieran a un papá y mamá que vinieran al acto cada vez que les pasaba algo. De negarse a sí mismo, ser una mejor persona.
“¿Quién necesita a Dios cuando te tengo a ti como emisario de mis sueños?” Yo necesito a Dios en este mundo –se decía.- Lo necesito ahora y más que nunca en un ambiente en el que el perdón no es para mí, dónde el infierno está representado en esos niños mutilados, en mí que no vio más allá de su alcancía y su falta de empatía, que ahora está pagando muy caro el ser “El Comandante de tu propio barco” ¿Me perdonará Dios? ¿Me perdonará toda esa gente? ¡¡NO!! ¡Nadie te perdonará! ¡Nada cambiará el dolor que sienten esas mujeres, esos niños, esa gente! ¡Nada cambia que has sido el primer y único ser humano en ser el portador del mal a la Tierra! ¡Los Sacerdotes no te perdonarán, los papás no te perdonarán! ¡No te perdonará la mujer que ha sido atacada por Raymundo de la Vega!
-Mira que tenemos aquí –entró una mujer rubia al lugar acompañada de una de cabello castaño.- Que mal, ya la han tocado
-¿Podemos hacer algo más no? –Inició la otra.- es muy bonita
Ambas se posicionaron detrás de ella y la empezaban a acariciar, la rubia le lamió el cuello, haciéndola llorar amargamente y cerrar los ojos de terror.
-¡Verónica! ¡Julia! –Gritó Falacci mientras desenfundaba su arma.- ¡Aléjense de la mujer!
-¿General? –Dijo Julia.- ¿Está seguro de dispararle a sus clientes?
-Sólo queríamos divertirnos nada más
-Sólo Aléjense –preparó su arma-.
Julia y Verónica, las Tiachi, dejaron en paz a la mujer y se sentaron en una mesa que estaba atrás. Falacci se disponía sentarse cuando del pecho de la mujer salió un objeto metálico y sanguinolento, un arpón, cayó muerta bocabajo revelando como las Tiachi se burlaban de la cara de incredulidad de su jefe, se reían a carcajadas.
-¡Qué Putada! –dijo Verónica
-¡Señor, no os dijo si la quería viva!
Ambas se reían, se levantaron de la mesa y se sirvieron por su cuenta alcohol y comenzarían a fumar alguna clase de droga. Tiempo después se fueron.
Falacci bebió y bebió, se dispuso a salir de nuevo a las ruinas del poblado cuando reparó en la chica, tenía lágrimas en sus ojos vacíos de vida, la puso acostada, secó sus lágrimas con su uniforme y la abrazaría, luego estallaría en auténtico llanto. Ya no podía hacer nada, quería acabar con Zerros, quería acabar con ese sueño que no era suyo, pero... si decía que quería renunciar, otro tomaría su lugar, si decía que acabaría con Zerros, lo matarían y otro tomaría su lugar, si decía que o hacía qué sería inútil.
-Señor, estamos por irnos –dijo uno de sus hombres a su espalda.- ¿Un beso de despedida?
Falacci desenfundó su pistola y le voló el cráneo. Lo pateó y caminó a su navío aterrizado.
Años después, después de haberse enfrentado a Peña frente a frente, se vio forzado a retirarse y dispersar su flota por el mundo, sólo que cuando algunos fueron a las zonas árticas, encontraron un objeto inusual dentro de un gigantesco edificio que flotaba sobre os témpanos de hielo y la Aurora Boreal.
-Este objeto es curioso –decía su científico personal.- genera energía de manera inusual y parece alguna clase de generador, esto será un punto y aparte en nuestro ejército, podríamos probarlo en el sujeto de pruebas que encontramos en el mar o en el experimento que hice hace años y se escapó, si tan sólo la tuviera de nuevo...
-¿Qué pretendes conseguir con la chica?
-Quiero ver si podemos crear tropas que resistan más y se adapten al medio ambiente de forma extraordinaria, quiero la perfección humana a otro nivel, hasta que se escapó.
-¿Dónde está el sujeto de pruebas?
En un bote, pasó de un barco a otro para ver a una persona joven en una camilla, con ropas de paciente, dormía. Su aspecto bastante fino le hizo parecerse más a una dama que a un hombre, era muy “hermosa”.
-Déjenme a solas, quiero verificar algo –indicó Falacci a su gente y al Doctor-.
Contempló el semblante de la persona que tenía delante, de la “chica” que tenía delante, no titubeó, acarició su melena rubia y besó su boca, al despegarse dijo en voz baja.
-Tú me ayudarás a acabar esta pesadilla –los arneses que tenía los aflojó como para que en varios intentos se pudiera escapar.- Te ayudaré a que me ayudes, te lo suplico
La volvió a besar, quién sabe cómo hubiera reaccionado si se enterase que esa “chica” se llamaba Malcolm White. Fue al puente de mando, dañó las puertas para que se abrieran con el menor impulso posible, bajó la iluminación de algunos corredores para que sirviesen de guía de modo que si pasaba entre menos iluminación, no chocara con los compartimientos en los que los demás soldados no chocaran con él. Sabía que esa pirámide mágica acabaría con esa pesadilla para convertirla en un sueño. Luego citó a sus más importantes oficiales a la sala de conferencias que tenía vista al mar e hizo el mayor tiempo de charla sobre los usos y maravillas de la pirámide de modo que nade estaba atento cuando el chico la chica rubia entró de lleno a la sala, tomó la pirámide y despedazó el ventanal para caer al mar que sobrevolaba cerca de Hispania. Falacci se comportó como siempre, de modo que cuando se enteró que la élite que tenía en Franmania fue aniquilada por Romeo DiLeone mandó a sus tropas como si de verdad supiera lo que estaba haciendo. Mandó innecesariamente a Samuel de Ángelo a la rebelión de Ukrajina a perder en vano tropas y unidades. Quería terminar el nombre de Zerros del mundo...
-Muy bien –dijo en voz baja mientras contemplaba como Malcolm caía gritando como chica por la ventana.- hoy termina la pesadilla y comienza mi redención, un nuevo sueño…
Category Story / Fantasy
Species Unspecified / Any
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