BloodSiners (concepto)
BloodSiners (Concepto)
Autor: Manuel R. M. Reyes
¿Qué es un BloodSiner? Es esa pregunta la que me lleva rondando la cabeza durante al menos 12 años. Quiero decir que es un ser que se alimenta del odio, se apropia de las vidas de las personas y a su vez se libera. Un BloodSiner es un ser muy poderoso, incontrolable, violento y tal vez hasta apasionado. Pero en sí ¿Qué es un BloodSiner? Es algo que vive en mi sangre, tal vez en la sangre en general, como si fuera un eritrocito que trae oxígeno al cuerpo como un manantial vitalicio. Arrancarlo implica desgarrarte las venas y la piel, como un grito de furia estando desnudo. Surrealista, irrealista, eso es un BloodSiner.
-He de admitir que cuando te conocí, creí que ibas a ser un paciente más, alguien con problemas para externar y luego solventar. Sólo que no pensé que fueras a reaccionar tan mal con esa actividad del espejo.
Siempre quise ser como los demás, no lo sé, feliz, tranquilo, con familia, amigos, dinero… pero cuando se volvió a externar… creí que lo había dejado, creí que el BloodSiner era algo del pasado y no, está más presente que nunca, creció a la par conmigo.
-Ese ser que llamas BloodSiner ¿Cómo luce?
No estoy seguro, tal vez sea una deformidad, algo que sólo se ve a través de un cristal con destellos de arsénico con una película de plata. Es algo que creí que sólo pertenecía mi imaginación. Es una persona.
-Primero me dices que es algo amorfo y luego me dices que es una persona, ni siquiera tú sabes qué es, ¿verdad?
Si. Una de mis fantasías más oscuras es morir atravesado por algo afilado, o ver cómo pedazos de mi carne se despliegan por el suelo por ser destruido por un arma de fuego con suma potencia, algo así como un delirio por eviscerarse con un tenedor. Algo que me provoque muchísimo dolor, y a su vez me deje en paz al momento, sentir algo en su máximo esplendor y luego nada. GRITAR.
-Cálmate
Es sólo que no puedo mirarlo, pero él si a mí, me odia, me conoce, pero yo no lo conozco. No es mental, tampoco es fantasía, realmente existe, me lastima y no me deja. ¿Alguna vez ha experimentado vomitar sangre? Yo sí.
Mi realidad cambia, tal cual, en este momento, no tendría por qué moverse el suelo, no tendría por qué oscurecerse, ni romperse el muro en el que estoy recargado: un recuerdo, un BloodSiner. Irrealismo, sangre fluyendo fuera de mí y las estacas de un árbol destazando mi carne…
En algún lugar de España de 1521, en un bosque muerto del que flotan pétalos de flores marchitas, iluminado por un cielo morado tendiendo al anochecer…
Aquél joven de 14 años, vistiendo su falda negra hasta los tobillos revelando sus pies descalzos y su camisa de algodón blanca, blandía su espada color púrpura a lo largo de aquellos seres amorfos de un sólo ojo. Gritaba de furia al momento de abalanzarse contra ellos, realizaba el corte que desangraba a los monstruos como si fuera un polvo rojo que luego se tenía morado y caía al suelo al mismo tiempo que el ser se iba derritiendo y se volvía en el esqueleto sin vida que albergaba debajo de su piel. El muchacho decapitó al segundo como si por un momento se hubiera vuelto un girasol de pétalos rojos, la cabeza caía y rodaba como una roca inerte que se iba desgastando hasta volverse sólo en el cráneo y el cuerpo suplicando misericordia era pateado para dar combate al siguiente cuyo ojo reventó luego de que la espada se insertara como si sumergir una cuchara en agua se tratase, tras retirarla, cayó bocabajo.
El joven corrió hacia más adentro del bosque, al mismo tiempo que el sonido de una campana en la lejanía indicaba que ya eran las ocho de la noche. Un hombre se asomó con un arcabuz pretendiendo acabar con el chico, detrás de él aparecieron otros para asistirle, pero antes de que pudiera hacer algo, de la larga cabellera del muchacho, sobresalía una trenza que se volvía una especie de cuchilla que se incrustaría en la garganta del hombre, obligándolo abrir la boca que emanaba a borbotones ese líquido rojo que le daba vida pero luego se teñía púrpura y el resto de su cuerpo se quemaría hasta volverse un vacío esqueleto del que fue una vez un hombre, luego sería arrojado violentamente contra un árbol despedazándose.
- ¡Fuego! -gritó un soldado-.
El joven mediante saltos cortos esquivó las flechas y las balas de los arcabuceros cuando a uno lo miró a los ojos…
Se escuchó como un chasquido, su imagen se borró por segundos, el arcabucero lo perdió de vista a pesar de tenerlo delante, pero ahora su cuerpo dejó de responder, sus manos que sostenían el arma se volvieron hacia él posicionando su arma en la barbilla y al tirar de gatillo, su cabeza pareció despegarse de su sitio dejándose caer al mismo tiempo que el ser se dejaba ver en su posición erguido unos segundos y al siguiente, saltó y clavó su espada en el estómago del siguiente, la hizo desviarse un tanto de su sitio, liberando la serpiente orgánica que vivía en el vientre del sujeto para luego irse desapareciendo en ceniza morada acompañada del grito de angustia de su propietario cuyo esqueleto quedaría revelado al final y luego caería desperdigándose por el suelo.
- ¡Muere demonio!
Disparó contra el chico, pero con su espada desvió la bala y luego saltó a este hombre, clavó su espada contra su garganta y luego la rebanó, dejando la cabeza caer, pero colgando puesto que el resto de su piel impedía que se cayese, segundos después, una ceniza púrpura emanó de su cabeza que luego cayó al no tener soporte y luego lo mismo con el cuerpo que se arrodilló para luego rodar colina abajo.
En determinado momento, el joven observó parte de la colina a la que había llegado, miró a su alrededor y notó que en un punto más arriba había fuego, los inquisidores debían estar ahí. Se arrodilló, su espada desapareció desmaterializándose y por unos segundos gritó de dolor, de su espalda surgieron unas enormes alas de ángel negro, tras relajarse, emprendió vuelo hasta llegar hasta el fuego, era un campamento donde unos religiosos, acompañados por unos guardias se pusieron de pie en cuanto lo vieron descender. Un guardia desenvainó su espada y trató de amputarle un brazo, el muchacho posicionó su brazo en lo alto, reapareciendo su espada, hubo unos chispazos, entablaron duelo hasta que el chico le hizo un corte en el tobillo haciéndolo tambalearse y dejarlo caer a una muerte segura.
- ¡Owgh! -gritó el muchacho luego de que su pecho fuera atravesado con una alabarda, delante de él, parte de sus carnes se asomaban y se envolvían a lo largo de la punta de metal y la madera del arma como un desliz de agua. Las gotas empezaron a caer al suelo, se arrodilló, gimió un par de segundos y luego se reincorporó.
- ¡Pero lo maté! -gritó el guardia horrorizado al ver cómo hacía esfuerzos para voltearle a ver. - ¡Te maté!
- ¡No es fácil matar a un demonio, idiota! -rugió el chico y acto seguido se convirtió en un humo negro muy denso que se separó de la lanza y luego se reposicionó a un lado, volviendo a emerger limpio y sin heridas. - ¡Me toca!
Rebanó el pecho de su homicida, matándolo al acto, luego atacó a los otros guardias que le atacaban con espadas, hacia giros con su espada, tocándola delicadamente como si fuera un pincel que, en las gargantas y cuerpos de sus oponentes, realizaba un lienzo de trazos rojos y púrpuras, en la que los órganos expuestos servían como las frutas de un cuadro pintoresco que luego desaparecían en cenizas.
Cuando el último hombre dejó de existir, los monjes miraban con horror al ser, uno de ellos trató de matarlo al sacar un cuchillo que, sin esfuerzo alguno, el chico logró quitárselo y de una patada lo mandó al suelo.
- ¡En el nombre de Dios, detente! -gritó el hombre mientras ponía un crucifijo delante de él, esperando protección divina.
- ¿Crees que tu Dios te va a proteger? -inquirió el demonio. - Rezar no te servirá ante mí. Debiste pensar antes de atacar.
Acto seguido, el joven separó sus manos de su espada, pero esta flotaba en el aire, luego empezó a girar a velocidad de licuadora, haciendo un sonido por la velocidad que llevaba y luego irse de lleno contra el pecho del hombre que salpicó su sangre a todas partes y luego se carbonizaría hasta ser un esqueleto, dando lugar a que la espada ahora estuviese triturando el suelo terroso de dónde cayó.
-Espera, no tienes que matarnos a todos -inició un sacerdote.
-En ese caso díganme ¿Dónde está la bruja morena? -El joven lo tomó del cuello y apuntó hacia su cabeza con la espada. - ¿En dónde está?
-No sé de qué hablas?
-La mujer, la chica de piel café, no te hagas, no todo el tiempo hay chicas de piel café por estos rumbos
-No sé de qué hablas, la Inquisición se lleva a los brujos a las ciudades aledañas, el auto de fe se hace sobre todo en pueblos y ciudades.
-Deberían morir todos vosotros, ¡Ni siquiera ella es seguidora del Diablo!
-No sé que dices demonio, no estábamos en el fuerte si es de que de ahí vienes. Nosotros íbamos a investigar un asunto diferente en Chamberí.
Fueron interrumpidos por el grito de un monje quien moría por un fuego creado de la nada, otro era empalado por una estaca que apareció de imprevisto en el suelo y el último murió luego de que unas patas de cabra y el cuerpo de un hombre lo aplastaran como si el repliegue de un acordeón se tratase.
-El Diablo -dijo el sacerdote antes de convertirse en un esqueleto.
El joven al observar el cadáver delante de él se sorprendió, tan poderoso era el Diablo que ni cuneta se había dado que el esqueleto empezó a abrir la boca y moverla como si musitara algo y luego empezaría a morder al chico en el cuello.
- ¡AAAAHH! -gritó en un tono casi femenino el joven, trató de apartarse el muerto hasta que lo tomó de los diente y le separó la quijada del cráneo y lo aventó al azar.
-Ni por que seas un demonio escapas de mí -habló el Diablo, cuyo cráneo era el esqueleto de una cabra con unos rubíes como ojos. - Sabías que volvería a este mundo a por ti tarde o temprano.
El muchacho se tocaba el cuello que emanaba sangre, se controló unos segundos y luego corrió hasta él, pero chocaría con un muro invisible que le fracturó la nariz, el Diablo volvió a hablar, pero en otro idioma y unas estacas se clavaron sobre la espalda del chico, otras sobre sus pies y sus manos. Gritaba de dolor, gritaba con intensidad, sin querer se estaba haciendo notar en toda esa colina que lo estaban sometiendo. Las estacas giraron, posicionándolo de espaldas al Diablo y luego sería elevado acostándolo, pero a su vez inclinándolo de tal forma que observase al Diablo de cabeza. La gravedad hizo que su falda cayera deslizándose por sobre sus muslos hasta quedar sólo tapando la zona genital.
- ¿Sabías que no sabía que podías cambiar de sexo a voluntad? El Diablo levantó su mano y junto a las estacas surgieron unas ramas con espinas.
La piel del chico se empezó a abrir cuando las espinas pasaban por esta, sin embargo, al primer corte, revelaron un cambio de voz, debajo de su camisa se abultó su pecho por la presencia de senos y sus piernas se hicieron más torneadas. Uno de sus gritos combinó su forma femenina con la masculina y empezó a quedarse afónico. Las espinas se retiraron, las estacas se ocultaron y lo dejaron caer al suelo con las piernas recogidas hacia su cuerpo.
-Sufres, y sufres, pero al final, en vano, te esfuerzas por querer ser más fuerte y poderoso que yo -iba hablando hasta posicionarse delante de él, contemplando como miraba con dificultad hacia su emisor. - Deberías dejarlo, Potro-Draco, no tiene sentido.
-Mereces… -acto seguido escupió un poco de sangre por su boca, alzó su brazo hacia el Diablo. - Mereces…
Recogió sus piernas un poco más, dejó la izquierda deslizarse un tanto sobre el barro férrico que se generaba por sus fluidos provenientes de los orificios cárnicos que se habían formado en su cuerpo.
-No lograrás salvarla, llegaré primero a que tú logres siquiera recuperarte de esos cortes, aunque he de admitir que me gustan tus piernas en tu modo femenino, debería arrancarlas y morderlas, aunque también admito que en hombre te ves bien -El Señor de las Tinieblas dejó aparecer sobre su espalda unas enormes alas de ave carcomidas. - Pero que va, estás muriendo.
El Potro-Draco cerró sus ojos, dejó caer sus piernas hacia la derecha y sus manos se relajaron, segundos después empezó a desintegrarse en cenizas rojas, dejando sólo el esqueleto en el suelo. Sin embargo, las cenizas seguían revoloteando alrededor de los restos humanos.
-Algo me dice que podría equivocarme… pero tendré ventaja aérea de todas formas…
Entonces emprendió vuelo y se alejó en el cielo.
Un día después, las cenizas rojas se congregaron dentro del esqueleto, formando los órganos como un burbujeo, las venas y las arterias como los trazos de una carretera, la piel y la carne como si se estuviera quemándose, pero en un efecto inverso. Las ropas volvían aparecer, se volvía a levantar, limpio, cansado, derrotado.
-Ergh
Tras un quejido tomó su espada que yacía en el suelo, la hizo desaparecer, guardándola. Alzo la vista para ver algo que creó un reflejo, un espejo. Detrás del espejo se veía un despacho de otra era, un par de hombres con ropas que no se asemejaban en nada a algo que se hubiera visto en otro país. El hombre que estaba más cerca del espejo miraba atónito la escena mientras el otro le decía algo. Se acercó al espejo, repitiendo los mismos movimientos que el hombre sorprendido.
-Es este supongo una imagen alterna de mí -se dijo el demonio, juntó su mano al espejo al mismo tiempo que el otro. - tan débil, tan tonto. Ridículo.
El hombre que le hacía de asesor se veía lentamente curioso ante lo que veía en el espejo.
-Los espejos nos muestran realmente quienes somos, sólo que la imagen no nos gusta, ¿Qué harás conmigo, idiota? Búrlate, miénteme, di lo que quieras, no eres ni una pizca de poderoso que yo. Vuestro compañero habla y habla fingiendo conocernos, como la luna y el febo ¿no lo crees?
La imagen del espejo mostraba que el hombre del otro lado abría de par en par la boca, sus ojos se iban ampliando dando lugar a la mueca del miedo. El asesor dejó de hablar y reaccionó casi igual. El otro hombre, al otro lado del espejo retiró su mano, pero el demonio no lo hizo.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Nunca te has visto en el espejo?! -acto seguido asestó un golpe al espejo, rompiéndolo y atrapando el cuello de alguien que empezó a apretar hasta que su mano se desviara, soltándolo. - ¡¡TE ODIO!! ¡¡CREEDME QUE TE OOODIIIOOOOOO!! -se dejó caer de rodillas y dejó caer su cabeza hacia su pecho y lloró un poco al mismo tiempo que el espejo que se había formado delante de él se desintegraba. - Te odio, maldita sea. Te odio…
En su espalda se generaron de nuevo las alas de ángel caído, rugió de furia y voló repentinamente al cielo azul. En pleno vuelo, confiado a su furia y gruñendo, sus ojos cafés se tiñeron rojos como el rubí, sus alas empezaron a sacar humo, humo que prontamente lo absorbieron y se convirtió en una clase de humareda sin forma que iba a gran velocidad a buscar a esa chica que prometió recuperar. El humo amorfo de pronto descendió un poblado aledaño a Chamberí, se veía destrucción, muertos en todos lados y sangre. El Diablo y sus esbirros habían llegado hasta la bruja.
La mujer vistiendo unos harapos sucios contemplaba el tamaño del Demonio mayor, tenía la boca abierta, estaba muerta de miedo al igual que un joven que estaba detrás de ella que la usaba de escudo.
-Creo que debimos dejar que nos quemaran en la hoguera.
-Si, creo que sí.
Antes de que el Diablo pudiera decir algo, un ser apareció a gran velocidad, pegándole en la nuca y estrellándole la cabeza contra el suelo, despegando uno de sus ojos de su cuenca y salpicando sangre de la nariz y la boca.
-Te dije que iba a venir Raney -dijo el joven posicionándose entre ella y el Diablo quien gruñía de dolor.
- ¿Qué te hace pensar que puedes hacerle esto al Gran Señor de las Tinieblas?
-En que esta vez estoy enojado -la iris de sus ojos se volvieron rojos, su piel se empezaba a descarapelar en ceniza y sus alas estaban extendidas. - y esta vez es de verdad.
Entonces saltó hacia delante, El Diablo hizo lo mismo y se batirían en duelo…
Tal vez después de todo un BloodSiner es algo que queremos ver y a su vez no, tal vez nunca me miré al espejo.
-Pero cuando te miraste al espejo lo descubriste, ¿Por qué tenía que ser así?
Tal vez he vivido con tantas derrotas que eventualmente lo animaron. Él es malo, es poderoso, y tengo que vivir con él, no lo puedo sacar, pero si se puede externar, somos de alguna manera uno con el otro, pero no somos un todo. Quizá es lo que llamamos demonio interno.
- ¿Demonio interno? Creí que el demonio eras tú
-Tal vez -dije al mismo tiempo que las iris de mis ojos se tiñeron rojas. - le digo que somos un reflejo, pero no un todo…
Autor: Manuel R. M. Reyes
¿Qué es un BloodSiner? Es esa pregunta la que me lleva rondando la cabeza durante al menos 12 años. Quiero decir que es un ser que se alimenta del odio, se apropia de las vidas de las personas y a su vez se libera. Un BloodSiner es un ser muy poderoso, incontrolable, violento y tal vez hasta apasionado. Pero en sí ¿Qué es un BloodSiner? Es algo que vive en mi sangre, tal vez en la sangre en general, como si fuera un eritrocito que trae oxígeno al cuerpo como un manantial vitalicio. Arrancarlo implica desgarrarte las venas y la piel, como un grito de furia estando desnudo. Surrealista, irrealista, eso es un BloodSiner.
-He de admitir que cuando te conocí, creí que ibas a ser un paciente más, alguien con problemas para externar y luego solventar. Sólo que no pensé que fueras a reaccionar tan mal con esa actividad del espejo.
Siempre quise ser como los demás, no lo sé, feliz, tranquilo, con familia, amigos, dinero… pero cuando se volvió a externar… creí que lo había dejado, creí que el BloodSiner era algo del pasado y no, está más presente que nunca, creció a la par conmigo.
-Ese ser que llamas BloodSiner ¿Cómo luce?
No estoy seguro, tal vez sea una deformidad, algo que sólo se ve a través de un cristal con destellos de arsénico con una película de plata. Es algo que creí que sólo pertenecía mi imaginación. Es una persona.
-Primero me dices que es algo amorfo y luego me dices que es una persona, ni siquiera tú sabes qué es, ¿verdad?
Si. Una de mis fantasías más oscuras es morir atravesado por algo afilado, o ver cómo pedazos de mi carne se despliegan por el suelo por ser destruido por un arma de fuego con suma potencia, algo así como un delirio por eviscerarse con un tenedor. Algo que me provoque muchísimo dolor, y a su vez me deje en paz al momento, sentir algo en su máximo esplendor y luego nada. GRITAR.
-Cálmate
Es sólo que no puedo mirarlo, pero él si a mí, me odia, me conoce, pero yo no lo conozco. No es mental, tampoco es fantasía, realmente existe, me lastima y no me deja. ¿Alguna vez ha experimentado vomitar sangre? Yo sí.
Mi realidad cambia, tal cual, en este momento, no tendría por qué moverse el suelo, no tendría por qué oscurecerse, ni romperse el muro en el que estoy recargado: un recuerdo, un BloodSiner. Irrealismo, sangre fluyendo fuera de mí y las estacas de un árbol destazando mi carne…
En algún lugar de España de 1521, en un bosque muerto del que flotan pétalos de flores marchitas, iluminado por un cielo morado tendiendo al anochecer…
Aquél joven de 14 años, vistiendo su falda negra hasta los tobillos revelando sus pies descalzos y su camisa de algodón blanca, blandía su espada color púrpura a lo largo de aquellos seres amorfos de un sólo ojo. Gritaba de furia al momento de abalanzarse contra ellos, realizaba el corte que desangraba a los monstruos como si fuera un polvo rojo que luego se tenía morado y caía al suelo al mismo tiempo que el ser se iba derritiendo y se volvía en el esqueleto sin vida que albergaba debajo de su piel. El muchacho decapitó al segundo como si por un momento se hubiera vuelto un girasol de pétalos rojos, la cabeza caía y rodaba como una roca inerte que se iba desgastando hasta volverse sólo en el cráneo y el cuerpo suplicando misericordia era pateado para dar combate al siguiente cuyo ojo reventó luego de que la espada se insertara como si sumergir una cuchara en agua se tratase, tras retirarla, cayó bocabajo.
El joven corrió hacia más adentro del bosque, al mismo tiempo que el sonido de una campana en la lejanía indicaba que ya eran las ocho de la noche. Un hombre se asomó con un arcabuz pretendiendo acabar con el chico, detrás de él aparecieron otros para asistirle, pero antes de que pudiera hacer algo, de la larga cabellera del muchacho, sobresalía una trenza que se volvía una especie de cuchilla que se incrustaría en la garganta del hombre, obligándolo abrir la boca que emanaba a borbotones ese líquido rojo que le daba vida pero luego se teñía púrpura y el resto de su cuerpo se quemaría hasta volverse un vacío esqueleto del que fue una vez un hombre, luego sería arrojado violentamente contra un árbol despedazándose.
- ¡Fuego! -gritó un soldado-.
El joven mediante saltos cortos esquivó las flechas y las balas de los arcabuceros cuando a uno lo miró a los ojos…
Se escuchó como un chasquido, su imagen se borró por segundos, el arcabucero lo perdió de vista a pesar de tenerlo delante, pero ahora su cuerpo dejó de responder, sus manos que sostenían el arma se volvieron hacia él posicionando su arma en la barbilla y al tirar de gatillo, su cabeza pareció despegarse de su sitio dejándose caer al mismo tiempo que el ser se dejaba ver en su posición erguido unos segundos y al siguiente, saltó y clavó su espada en el estómago del siguiente, la hizo desviarse un tanto de su sitio, liberando la serpiente orgánica que vivía en el vientre del sujeto para luego irse desapareciendo en ceniza morada acompañada del grito de angustia de su propietario cuyo esqueleto quedaría revelado al final y luego caería desperdigándose por el suelo.
- ¡Muere demonio!
Disparó contra el chico, pero con su espada desvió la bala y luego saltó a este hombre, clavó su espada contra su garganta y luego la rebanó, dejando la cabeza caer, pero colgando puesto que el resto de su piel impedía que se cayese, segundos después, una ceniza púrpura emanó de su cabeza que luego cayó al no tener soporte y luego lo mismo con el cuerpo que se arrodilló para luego rodar colina abajo.
En determinado momento, el joven observó parte de la colina a la que había llegado, miró a su alrededor y notó que en un punto más arriba había fuego, los inquisidores debían estar ahí. Se arrodilló, su espada desapareció desmaterializándose y por unos segundos gritó de dolor, de su espalda surgieron unas enormes alas de ángel negro, tras relajarse, emprendió vuelo hasta llegar hasta el fuego, era un campamento donde unos religiosos, acompañados por unos guardias se pusieron de pie en cuanto lo vieron descender. Un guardia desenvainó su espada y trató de amputarle un brazo, el muchacho posicionó su brazo en lo alto, reapareciendo su espada, hubo unos chispazos, entablaron duelo hasta que el chico le hizo un corte en el tobillo haciéndolo tambalearse y dejarlo caer a una muerte segura.
- ¡Owgh! -gritó el muchacho luego de que su pecho fuera atravesado con una alabarda, delante de él, parte de sus carnes se asomaban y se envolvían a lo largo de la punta de metal y la madera del arma como un desliz de agua. Las gotas empezaron a caer al suelo, se arrodilló, gimió un par de segundos y luego se reincorporó.
- ¡Pero lo maté! -gritó el guardia horrorizado al ver cómo hacía esfuerzos para voltearle a ver. - ¡Te maté!
- ¡No es fácil matar a un demonio, idiota! -rugió el chico y acto seguido se convirtió en un humo negro muy denso que se separó de la lanza y luego se reposicionó a un lado, volviendo a emerger limpio y sin heridas. - ¡Me toca!
Rebanó el pecho de su homicida, matándolo al acto, luego atacó a los otros guardias que le atacaban con espadas, hacia giros con su espada, tocándola delicadamente como si fuera un pincel que, en las gargantas y cuerpos de sus oponentes, realizaba un lienzo de trazos rojos y púrpuras, en la que los órganos expuestos servían como las frutas de un cuadro pintoresco que luego desaparecían en cenizas.
Cuando el último hombre dejó de existir, los monjes miraban con horror al ser, uno de ellos trató de matarlo al sacar un cuchillo que, sin esfuerzo alguno, el chico logró quitárselo y de una patada lo mandó al suelo.
- ¡En el nombre de Dios, detente! -gritó el hombre mientras ponía un crucifijo delante de él, esperando protección divina.
- ¿Crees que tu Dios te va a proteger? -inquirió el demonio. - Rezar no te servirá ante mí. Debiste pensar antes de atacar.
Acto seguido, el joven separó sus manos de su espada, pero esta flotaba en el aire, luego empezó a girar a velocidad de licuadora, haciendo un sonido por la velocidad que llevaba y luego irse de lleno contra el pecho del hombre que salpicó su sangre a todas partes y luego se carbonizaría hasta ser un esqueleto, dando lugar a que la espada ahora estuviese triturando el suelo terroso de dónde cayó.
-Espera, no tienes que matarnos a todos -inició un sacerdote.
-En ese caso díganme ¿Dónde está la bruja morena? -El joven lo tomó del cuello y apuntó hacia su cabeza con la espada. - ¿En dónde está?
-No sé de qué hablas?
-La mujer, la chica de piel café, no te hagas, no todo el tiempo hay chicas de piel café por estos rumbos
-No sé de qué hablas, la Inquisición se lleva a los brujos a las ciudades aledañas, el auto de fe se hace sobre todo en pueblos y ciudades.
-Deberían morir todos vosotros, ¡Ni siquiera ella es seguidora del Diablo!
-No sé que dices demonio, no estábamos en el fuerte si es de que de ahí vienes. Nosotros íbamos a investigar un asunto diferente en Chamberí.
Fueron interrumpidos por el grito de un monje quien moría por un fuego creado de la nada, otro era empalado por una estaca que apareció de imprevisto en el suelo y el último murió luego de que unas patas de cabra y el cuerpo de un hombre lo aplastaran como si el repliegue de un acordeón se tratase.
-El Diablo -dijo el sacerdote antes de convertirse en un esqueleto.
El joven al observar el cadáver delante de él se sorprendió, tan poderoso era el Diablo que ni cuneta se había dado que el esqueleto empezó a abrir la boca y moverla como si musitara algo y luego empezaría a morder al chico en el cuello.
- ¡AAAAHH! -gritó en un tono casi femenino el joven, trató de apartarse el muerto hasta que lo tomó de los diente y le separó la quijada del cráneo y lo aventó al azar.
-Ni por que seas un demonio escapas de mí -habló el Diablo, cuyo cráneo era el esqueleto de una cabra con unos rubíes como ojos. - Sabías que volvería a este mundo a por ti tarde o temprano.
El muchacho se tocaba el cuello que emanaba sangre, se controló unos segundos y luego corrió hasta él, pero chocaría con un muro invisible que le fracturó la nariz, el Diablo volvió a hablar, pero en otro idioma y unas estacas se clavaron sobre la espalda del chico, otras sobre sus pies y sus manos. Gritaba de dolor, gritaba con intensidad, sin querer se estaba haciendo notar en toda esa colina que lo estaban sometiendo. Las estacas giraron, posicionándolo de espaldas al Diablo y luego sería elevado acostándolo, pero a su vez inclinándolo de tal forma que observase al Diablo de cabeza. La gravedad hizo que su falda cayera deslizándose por sobre sus muslos hasta quedar sólo tapando la zona genital.
- ¿Sabías que no sabía que podías cambiar de sexo a voluntad? El Diablo levantó su mano y junto a las estacas surgieron unas ramas con espinas.
La piel del chico se empezó a abrir cuando las espinas pasaban por esta, sin embargo, al primer corte, revelaron un cambio de voz, debajo de su camisa se abultó su pecho por la presencia de senos y sus piernas se hicieron más torneadas. Uno de sus gritos combinó su forma femenina con la masculina y empezó a quedarse afónico. Las espinas se retiraron, las estacas se ocultaron y lo dejaron caer al suelo con las piernas recogidas hacia su cuerpo.
-Sufres, y sufres, pero al final, en vano, te esfuerzas por querer ser más fuerte y poderoso que yo -iba hablando hasta posicionarse delante de él, contemplando como miraba con dificultad hacia su emisor. - Deberías dejarlo, Potro-Draco, no tiene sentido.
-Mereces… -acto seguido escupió un poco de sangre por su boca, alzó su brazo hacia el Diablo. - Mereces…
Recogió sus piernas un poco más, dejó la izquierda deslizarse un tanto sobre el barro férrico que se generaba por sus fluidos provenientes de los orificios cárnicos que se habían formado en su cuerpo.
-No lograrás salvarla, llegaré primero a que tú logres siquiera recuperarte de esos cortes, aunque he de admitir que me gustan tus piernas en tu modo femenino, debería arrancarlas y morderlas, aunque también admito que en hombre te ves bien -El Señor de las Tinieblas dejó aparecer sobre su espalda unas enormes alas de ave carcomidas. - Pero que va, estás muriendo.
El Potro-Draco cerró sus ojos, dejó caer sus piernas hacia la derecha y sus manos se relajaron, segundos después empezó a desintegrarse en cenizas rojas, dejando sólo el esqueleto en el suelo. Sin embargo, las cenizas seguían revoloteando alrededor de los restos humanos.
-Algo me dice que podría equivocarme… pero tendré ventaja aérea de todas formas…
Entonces emprendió vuelo y se alejó en el cielo.
Un día después, las cenizas rojas se congregaron dentro del esqueleto, formando los órganos como un burbujeo, las venas y las arterias como los trazos de una carretera, la piel y la carne como si se estuviera quemándose, pero en un efecto inverso. Las ropas volvían aparecer, se volvía a levantar, limpio, cansado, derrotado.
-Ergh
Tras un quejido tomó su espada que yacía en el suelo, la hizo desaparecer, guardándola. Alzo la vista para ver algo que creó un reflejo, un espejo. Detrás del espejo se veía un despacho de otra era, un par de hombres con ropas que no se asemejaban en nada a algo que se hubiera visto en otro país. El hombre que estaba más cerca del espejo miraba atónito la escena mientras el otro le decía algo. Se acercó al espejo, repitiendo los mismos movimientos que el hombre sorprendido.
-Es este supongo una imagen alterna de mí -se dijo el demonio, juntó su mano al espejo al mismo tiempo que el otro. - tan débil, tan tonto. Ridículo.
El hombre que le hacía de asesor se veía lentamente curioso ante lo que veía en el espejo.
-Los espejos nos muestran realmente quienes somos, sólo que la imagen no nos gusta, ¿Qué harás conmigo, idiota? Búrlate, miénteme, di lo que quieras, no eres ni una pizca de poderoso que yo. Vuestro compañero habla y habla fingiendo conocernos, como la luna y el febo ¿no lo crees?
La imagen del espejo mostraba que el hombre del otro lado abría de par en par la boca, sus ojos se iban ampliando dando lugar a la mueca del miedo. El asesor dejó de hablar y reaccionó casi igual. El otro hombre, al otro lado del espejo retiró su mano, pero el demonio no lo hizo.
- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Nunca te has visto en el espejo?! -acto seguido asestó un golpe al espejo, rompiéndolo y atrapando el cuello de alguien que empezó a apretar hasta que su mano se desviara, soltándolo. - ¡¡TE ODIO!! ¡¡CREEDME QUE TE OOODIIIOOOOOO!! -se dejó caer de rodillas y dejó caer su cabeza hacia su pecho y lloró un poco al mismo tiempo que el espejo que se había formado delante de él se desintegraba. - Te odio, maldita sea. Te odio…
En su espalda se generaron de nuevo las alas de ángel caído, rugió de furia y voló repentinamente al cielo azul. En pleno vuelo, confiado a su furia y gruñendo, sus ojos cafés se tiñeron rojos como el rubí, sus alas empezaron a sacar humo, humo que prontamente lo absorbieron y se convirtió en una clase de humareda sin forma que iba a gran velocidad a buscar a esa chica que prometió recuperar. El humo amorfo de pronto descendió un poblado aledaño a Chamberí, se veía destrucción, muertos en todos lados y sangre. El Diablo y sus esbirros habían llegado hasta la bruja.
La mujer vistiendo unos harapos sucios contemplaba el tamaño del Demonio mayor, tenía la boca abierta, estaba muerta de miedo al igual que un joven que estaba detrás de ella que la usaba de escudo.
-Creo que debimos dejar que nos quemaran en la hoguera.
-Si, creo que sí.
Antes de que el Diablo pudiera decir algo, un ser apareció a gran velocidad, pegándole en la nuca y estrellándole la cabeza contra el suelo, despegando uno de sus ojos de su cuenca y salpicando sangre de la nariz y la boca.
-Te dije que iba a venir Raney -dijo el joven posicionándose entre ella y el Diablo quien gruñía de dolor.
- ¿Qué te hace pensar que puedes hacerle esto al Gran Señor de las Tinieblas?
-En que esta vez estoy enojado -la iris de sus ojos se volvieron rojos, su piel se empezaba a descarapelar en ceniza y sus alas estaban extendidas. - y esta vez es de verdad.
Entonces saltó hacia delante, El Diablo hizo lo mismo y se batirían en duelo…
Tal vez después de todo un BloodSiner es algo que queremos ver y a su vez no, tal vez nunca me miré al espejo.
-Pero cuando te miraste al espejo lo descubriste, ¿Por qué tenía que ser así?
Tal vez he vivido con tantas derrotas que eventualmente lo animaron. Él es malo, es poderoso, y tengo que vivir con él, no lo puedo sacar, pero si se puede externar, somos de alguna manera uno con el otro, pero no somos un todo. Quizá es lo que llamamos demonio interno.
- ¿Demonio interno? Creí que el demonio eras tú
-Tal vez -dije al mismo tiempo que las iris de mis ojos se tiñeron rojas. - le digo que somos un reflejo, pero no un todo…
Category Story / Human
Species Unspecified / Any
Size 50 x 50px
File Size 20.7 kB
FA+

Comments