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Category Artwork (Digital) / Fetish Other
Species Hedgehog
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En el corazón de un bosque frondoso, donde los árboles susurraban secretos al viento, vivía un pequeño lobito llamado Lobo. Lobo era un lobito antropogénico, una criatura única que, a pesar de su apariencia lobuna, poseía las costumbres y la conciencia de un niño pequeño. Ese día, Lobo llevaba puesta su camisa azul favorita, tan brillante como el cielo despejado. Se sentía lleno de energía, jugando a perseguir mariposas y a olfatear las flores silvestres. De repente, una sensación familiar lo detuvo en seco. Una presión creciente en su bajo vientre le indicaba que era hora de una pausa importante. Con la seriedad que solo un niño puede tener ante una llamada de la naturaleza, Lobo se dirigió a su pequeño baño de troncos y hojas. Allí, sentado sobre su inodoro tallado en un árbol caído, se dispuso a la tarea. Mientras Lobo se acomodaba, una voz suave y sabia, la del narrador del bosque, comenzó a resonar en el aire, como un susurro entre las hojas. «Y así, el pequeño lobito se prepara para una de las funciones más esenciales de cualquier ser vivo: la eliminación de los desechos corporales», comenzó el narrador. «Pero, ¿alguna vez te has preguntado, pequeño Lobo, cómo funciona este milagro en un animal como tú? A diferencia de las criaturas comunes, tu anatomía es un prodigio de la naturaleza antropogénica». Lobo, que ya se había bajado los pantalones y los calzones, inclinó la cabeza, escuchando con atención mientras sentía cómo el pipí comenzaba a fluir. Tu cuerpo es mucho más elegante. Tú no tienes un ano. En su lugar, tu sistema digestivo y urinario trabajan en una sinfonía perfecta para liberar lo que no necesitas a través de un proceso mucho más sutil». El narrador explicó: «Dentro de ti, después de que tu comida ha sido descompuesta y tus nutrientes absorbidos, los restos sólidos, la caca, se preparan para su viaje. Al mismo tiempo, tus riñones han estado filtrando tu sangre, extrayendo las toxinas y el exceso de agua para crear el pipí. Estos dos desechos, sólidos y líquidos, se encuentran en una cámara especial dentro de tu abdomen. Desde allí, no son empujados por un solo conducto, sino que comienzan un viaje asombroso». Lobo sintió cómo la caca comenzaba a salir, no en un empujón brusco, sino como un deslizamiento suave y controlado. «Imagina que cada célula de la parte inferior de tu cuerpo es una pequeña puerta», prosiguió el narrador. «Los desechos, tanto la caca como el pipí, se mueven a través del espacio intercelular, ese mundo invisible que existe entre una célula y otra. Es un viaje en mosaico. La materia sólida se desliza por un camino de células, mientras que el líquido encuentra el suyo, ambos empujados suavemente por una presión osmótica controlada. Las células de tu piel se abren microscópicamente, como los pétalos de una flor, para dejar pasar los desechos al exterior, y luego se cierran de nuevo, dejando tu piel intacta y limpia. Tu cuerpo elimina sus desechos a través de la propia piel, sin necesidad de un orificio dedicado». Lobo terminó, sintiéndose vacío y aliviado. Miró hacia abajo y vio el resultado de su proceso flotando en el agua del inodoro. Era la misma caca y pipí que cualquier otra criatura, pero el camino que había recorrido para salir de él había sido completamente diferente. «Y ahora, la parte final», dijo el narrador con un tono amable. «La limpieza. Aunque tu método de eliminación es más limpio en esencia, siempre es bueno asegurar la comodidad». Lobo, como era su costumbre, tomó un trozo de hoja suave y grande que tenía preparado para esa función. Con movimientos cuidadosos y aprendidos, se pasó la hoja por su trasero. No había ningún orificio que limpiar, ni pliegues complicados. La superficie de su piel era lisa y continua. La hoja simplemente se aseguró de que cualquier residuo superficial que hubiera quedado del viaje intercelular fuera completamente retirado. Se secó con otra hoja más suave y se sintió fresco y perfectamente limpio. Se levantó, se subió los calzones y los pantalones, y tiró de la cuerda que activaba el flujo de agua del arroyo cercano para limpiar su inodoro. Mientras se lavaba las manos en un cuenco de agua, se sentía orgulloso. No solo había hecho pipí y caca, sino que había participado en un proceso biológico que lo hacía especial. Salió del baño de nuevo al bosque, su camisa azul parecía aún más brillante bajo el sol. Se sentía ligero, renovado y conectado de una manera muy profunda con su propia naturaleza única. Corrió a jugar de nuevo, pero ahora con un nuevo conocimiento: la magia de su cuerpo no estaba en lo que hacía, sino en la forma extraordinaria en que lo hacía. Y el narrador del bosque, sonriendo en el silencio, sabía que el pequeño lobito entendía que ser diferente era, en realidad, ser maravillosamente eficiente.
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