Sentimiento Escarlata: La Percepción del Mundo (Piloto)
Existen gatos rojos adorables llamados Audrey...
Sentimiento Escarlata: La percepción del mundo
Autor: Manuel Rodrigo Morales Reyes
¡Buenos días! ¡Mi nombre es Audrey, soy un gato parlante de color rojo, mis garras son de rubíes y esta es mi historia…!
Antes de conocer a mi actual dueño, Gavrilo, pertenecí a una mujer de la que no quiero hablar, pero puede que lo que diré te dé una idea sobre a qué se dedica: la mujer a la que pertenecí, por medio de un bastón invocaba una especie de escudo invisible para que yo y un perro que ella tenía, pudiésemos escapar del hogar en el que estábamos. Un día, ella olvidó invocarlo y logré escapar por una ventana en la parte superior, el perrito se quedó dentro. Fuera del hogar, estaba expuesto a un mundo nuevo delante de mí, uno que no conocía y que me sorprendería por la forma de ofrecerme algunas experiencias. Antes de poder escapar, mucho antes, tendía a leer los libros que estaban en un estante, me llamó la atención lo que decían y siempre deseé comprobarlo con mis propios ojos. Sólo que estar en la calle no fue lo mismo que estar bajo la seguridad de la casa en la que viví, estaba en constante peligro, los denominados autos iban a gran velocidad cerca de mí cuando cruzaba sobre el asfalto y apenas me daba tiempo de esquivarlos, mucha gente detesta los gatos y buscan hacerles daño, incluso pasé por una escuela, por poco me matan esos niños maleducados. De hecho, estuve caminando por las calles de la ciudad, corriendo peligro de morir por cualquier evento que se me presentase, desde la caída de un andamio o la corriente eléctrica de unos cables pelados de un farol. El mundo no era como lo describían los libros, los libros tomaban sólo un fragmento minúsculo de lo grande que es este sitio, no mencionaban el peligro real que los seres vivos corren al estar en la intemperie en una ciudad.
-¡Raw!
-¡Meow!
En una ocasión me encontré una manada de gatos, al principio todo estaba en orden, pero los gatos pueden ser muy agresivos, pueden matarse entre ellos para practicar o por territorio, durante la pelea, mi oponente lograba someterme, pero yo me zafaba y arremetía hacia su cabeza, total que al final gané la pelea, pude haber matado a mi oponente con mis garras de rubíes, lo sometí incluso para asestar el golpe final, pero me contuve y le dejé en paz, le dejé vivir. Conviví con esa banda de gatos por mucho tiempo, cazábamos ratones o si teníamos oportunidad, matábamos palomas del parque y luego nos la comíamos. Pero seguí con el deseo de seguir explorando el mundo.
En otra sección de la ciudad me encontré tres perros, no sé si es correcto pero en el momento, provocarle dolor a un perro es suficiente para ahuyentarle, me enfrenté a dos, saltaba hacia las paredes y luego saltaba hacia ellos encajando mis garras en el hocico o en el cuello, sabía que en cuanto mis patas o mi cuerpo estuvieran en contacto con las fauces de los animales, estaría muerto, para mi fortuna, los perros mientras lloraban, se vieron heridos y optaron por dejarme, irónicamente sus dueños los atendieron como si fuesen ellos las víctimas. Sin embargo, el tercer perro no huyó de mí, tampoco atacó, sentía curiosidad por mí, creo que nunca había visto un gato, era un perro callejero, quería jugar conmigo. Aquel perro y yo entablamos amistad, explorábamos la ciudad o algunas tiendas donde surtían carne para robar algo de comida, gracias a mi inteligencia, todos los asaltos fueron un éxito. De vez en cuando pasábamos por otros lados en los que otros perros o gatos o incluso humanos no nos hicieran nada, buscábamos siempre tranquilidad en zonas poco transitadas como zonas verdes, debajo de puentes o en el vagón abandonado de unas vías férreas abandonadas.
A diferencia de muchos animales, y al igual que el ser humano, cada experiencia me dejaba un conocimiento que me permitía un análisis reflexivo con el cual pudiera emplearlo a futuro, hubo muchas tomas de decisiones para la supervivencia de aquél perro y yo, sólo que la percepción del mundo del perro y otros animales, es un tanto limitada, su cerebro no le permite del todo almacenar la información de sus experiencias, tiene recuerdos a largo plazo, sí, como lo es reconocer a su amo cada vez que pasa o los lugares en los que ha estado, sin embargo, dicha capacidad de pensamiento limitado les atrae problemas: responden de inmediato a toda clase de situaciones y si esa situación implica un riesgo sumamente alto como lo es el peligro de morir aplastado por un camión, las consecuencias son devastadoras para el animal. Los animales comunes, a diferencia de mí, tienen un pensamiento semejante al de un niño de tres años humano, sus funciones principales van encaminadas a sus necesidades básicas y a los sentimientos que pueden surgir en su vida, muchas cosas las hace de forma desconsiderada, tiene accidentes, percances y si es educado correctamente, muchas capacidades instintivas tienden a integrar su desarrollo del contexto en el que se desenvuelve.
Un día, para cruzar la calle, tuvimos que pasar por un puente peatonal, pero estaba en mantenimiento, no se podía cruzar, así que optamos por arriesgar nuestras vidas por cruzar través de la carretera, los autos no se detienen ante la presencia de un animal, incluso no lo hacen ante sus semejantes seres humanos, esquivamos múltiples veces los autos grandes que pasaban cerca de nosotros, llegamos al camellón, luego bajamos de nuevo a la carretera para llegar al otro extremo de ésta, esquivé a tiempo un auto que por poco me pisa la cola, llegué a la banqueta, pero no vi al perro, me giré y lo vi: tenía sangre en su cabeza, estaba tumbado de lado e inmóvil, le habían pegado.
Los animales no somos muy expresivos ante muchas circunstancias, pero si sentimos, no respondemos de la misma manera como los seres humanos pero vaya que si nos duelen las heridas que no implican un corte o una mordida, nuestros sentimientos se desbordan de nuestra alma para encontrarse con la situación. Sentí el deseo de bajarme de la carretera por la impresión de ver a mi amigo tumbado en el suelo, en eso un auto pasó sobre su cadáver y me giré, no quise ver como sus huesos se movieron para querer salir atravesando su piel. ¿Por qué hace eso el humano? ¿Por qué no se detiene ante el cruce de los animales o de otros humanos? ¿Por qué vale más la vida de otros seres humanos y la de un animal no? No lo iba a dejar ahí, pero al cabo de unos instantes lo hicieron a un lado de la carretera, lo pusieron en un callejón, me aseguré que los humanos ya no estuviesen y fui hasta él. Tenía los ojos cerrados, su vida de desgracia al fin había terminado, su acompañante final fui yo, traté de moverlo, quizá con la vana esperanza de que se moviera, pero no se movió.
-Eh, perrito, ya estamos del otro lado de la carretera, ya estamos bien
No me respondió, lo zarandé para que al menos hiciera un aullido de que me estaba escuchando, pero no lo hizo, Lo traté de jalar, pesaba muchísimo, no lo podía mover ni un centímetro.
-Vamos por favor, aún podemos pasar una carnicería y robar un bistec, como lo hacíamos siempre
No me estaba respondiendo, mi esperanza de que estuviera vivo de alguna forma, se estaba desapareciendo, dejé de moverlo en vano y me acerqué a su cuello para abrazarlo. Los gatos no podemos llorar, o eso era lo que creí, el pelaje de mi compañero se empezó a sentir húmedo, no por su sangre, de mis ojos brotaban lágrimas, de alguna forma me dolía la partida de mi amigo
-Vete de aquí gato mugroso
Alguien apareció, me echó del lugar con una escoba
-¡Robert! ¡Un gato se está comiendo a un perro muerto!
Desde una distancia segura, contemplé como esas personas, agarraron el cuerpo de mi amigo y lo echaron al contenedor de basura, tal cual, sin bolsa ni nada. Hubo mucha actividad en el callejón hasta casi el anochecer, cuando por fin ya nadie pasó, bajé de mi seguridad y fui hasta el contendor.
Ese perro no merecía estar ahí, no debía quedarse ahí, en vida no tuvo nadie que le quisiera, probablemente le abandonaron o fue criado entre los callejones de la calle, su única salida de su mala vida era dormir y soñar con que era un perro diferente, en la que su vida no fuera tan triste como ahora, pero no así, no así, ningún ser vivo debería estar en el bote de basura, ignorado del mundo, abandonado de la vista de los que posiblemente lo quisieron. Entré al contenedor, hice esfuerzos para que saliera, pero no se movía, pesaba bastante, sin embargo sus movimientos causados por mis fuerzas, me confundieron por muchos momentos, quería decir que él pudiera estar vivo, pero no lo estaba.
-No puedes estar aquí amigo, aguanta, te enviaré a casa, estarás bien
Me empecé a cansar, me recosté sobre el frío cuerpo de mi amigo y empecé a dormitar, empecé a soñar en que estábamos en un campo, jugando a corretearnos, acompañados de alguien que nos cuidaba, un humano, el humano que ese perro siempre quiso tener. Luego nos echábamos en el pastizal y mirábamos el cielo, alegres de nuestras travesuras.
-¿Quién tiró a este animal?
Una voz me despertó repentinamente, sin mirar bien, gracias a que estaba abierto el contenedor, salté al borde y escapé a velocidad de rayo pero sin perder de vista lo que sucedía a continuación. Un joven con un uniforme verde que en el pecho traía la imagen en caricatura de un perro y un gato, sacaba el cuerpo del perro y se lo llevaba adentro del establecimiento, traté de seguirle, pero por la distancia que estaba, la puerta se cerró frente a mí, se trataba de una veterinaria, de eso estoy seguro, busqué otras formas de entrar, tardé en descubrir que había un borde por el que podía subir y dar con un patio trasero, desde ahí observé al joven en un jardín, paleando el suelo hasta crear un hoyo bastante grande, en ese hoyo metió a mi amigo, luego lo tapó, rezó por él y lo que llamó mi atención fue lo que dijo:
-Puede que no hayas tenido la vida que merecías, pero estarás en paz en este jardín, dando lugar a nueva vida, a nueva esperanza, en paz descanses amigo
Debo admitir que al menos aquél perro y amigo que tuve, al menos tuvo un entierro digno, al menos está en reposo eterno como quien dice.
Tiempo después, viví cerca de la veterinaria en la que mi colega fue enterrado, más que nada porque no podía dejarlo ir, cada vez que cerraba los ojos aparecía ante mis ojos, jadeando, como si se negara a salir de mi memoria. Comía ratas, le robaba de vez en cuando la comida a la gente descuidada…
-¡Esa es mi pizza!
-Era tu pizza –dije mientras corría de alguien-.
Y me dejaba un espacio entre las terrazas para tomar el sol y dormirme, en muchas ocasiones me pegaban con una escoba cuando pasaba delante de algunos establecimientos, o trataban de agarrarme.
-¡Vete! ¡Shu, shu!
Me pegaron en esa ocasión con un sartén
-¡Vieja loca! ¡Me dolió!
Tras responderle de forma verbal, la mujer se desmayó, había olvidado que los gatos no hablan, y mucho menos uno de color rojo. Eran contadas las ocasiones en las que hablé delante de la gente, pero siempre o se desmayaban o se asustaban de muerte.
-¡Eso es del Diablo!
-¡No! ¡Espera, tengo hambre!
-Déjame en paz
El hombre se echó a correr, soltó su botella de vidrio y se quebró delante de mí, al quebrarse, los cristales volaron hacia la calle y la banqueta, sufrí varios cortes en mis patas y parte de mi pecho, no supe que hacer, o a lo mejor sí. Pasé a la veterinaria, me hice el gato perdido, hasta que el dueño del local me vio.
-¿Quién pinta a los gatos de color? Eso es nocivo para su salud –me dejé agarrar por él.- Pobre gatito, según tu collar te llamas Audrey, no te preocupes, vas a comer ahorita y de paso te vamos a bañar
¡De lujo! Comí atún de verdad, enlatado, me dieron un baño contra las pulgas bastante rico y de paso me dieron una jaula en la que podía dormir, trataron mis heridas y listo.
-Te buscaremos a tu dueño, ya lo verás
No me quería quedar en ese lugar, soy un gato mundano, quería seguir explorando mi realidad, quería seguir explorando la ciudad. Las jaulas, para mi ventaja, se abrían por un pestillo manual, los animales normales no entienden bien su concepto, de cómo se abre, no tenía candado así que puse mi pata entre los barrotes y abrí el pestillo, librándome. Sólo que para que el joven no se sintiera mal, tiré muchas cosas al suelo, entre ellas la jaula, quería simular que me habían robado, abrí la puerta que daba al patio trasero y pasé por el jardín, me detuve ante el lugar de mi amigo finado.
-Muchas gracias por acompañarme en mi travesía, amigo.
Noté que sobre su tumba, había flores hermosas, producto de tener bajo ellas los nutrientes necesarios para crecer. La vida da muerte y la muerte da vida. Continué mi camino, salté una verja y corrí hacia otro sitio de la ciudad, en el área donde los rascacielos no estuvieran congregados.
La vida me estaba dando muchas experiencias, corroboraban lo que había leído, me daban más aprendizajes sobre el sitio en el que vivo realmente, lo que llamamos realidad me estaba dando una perspectiva sobre mi cosmovisión. Muchas cosas que fui aprendiendo se debieron al empirismo con que veía mi entorno, otras se debieron a mi pensamiento para tomar decisiones cruciales y evadir peligros innecesarios, me encontraba otros perros o gatos con menor frecuencia y quitármelos me era más fácil.
Tiempo después llegué a un área en la que había numerosos locales y almacenes, cercanos a un parque grandísimo. Me refugié en un día de lluvia debajo de un toldo, que gracias a unas cajas apiladas pude llegar, al principio no lo había visto, pero había un hombre rubio, sin hogar, que tenía un pedazo de plástico como sombrilla, a sus pies estaba un charco grande, al parecer ese era el sitio en el que dormía.
-¿Hace un mal clima no?
Me sorprendí, me habló, me pregunté si sabía de mi capacidad de habla, pero no era eso, quizá el hombre estaba tan sólo que requería de compañía de cualquier tipo, sin importar la animal claro
-¿Por qué eres un gato rojo? Debieron pintarte de forma artificial
La verdad es que mi pelaje rojo intenso es natural, parece artificial, pero nací con él y crecí con él, a menos que en el vientre de mi madre me hubieran bañado en colorante.
-La vida nos trata mal ¿no crees?
El hombre me fue hablando sin coherencia alguna hasta que la lluvia cesó, escuchaba fragmentos de su vida, comentaba un poco de su niñez y parte de su forma de pensar, a decir verdad, el hombre me estaba divirtiendo.
-¿Pero que va? Estoy hablándole a un gato, los gatos no saben hablar y mucho menos entenderme, aun así sé que eres feliz ¿o no?
Lo contemplé por mucho tiempo, cayó la noche y dormía cerca de unas llantas ponchadas abandonadas. Dormí bien en esa ocasión. Al día siguiente el hombre estaba leyendo una revista que encontró en la basura, le dio la impresión de que lo observaban, se giró hacia mí.
-¡Ah! ¡Hola! ¡Creí que te habías ido! Todos los gatos lo hacen, siempre cambian de lugar, yo tuve uno cuando mi hija tuvo siete años, no sé si ella lo mantenga
Siguió leyendo, cuando desvié mi mirada, procurando ser un gato de lo más normal posible, me sentí tentado de hablarle, pero un gato parlante… asusté a mucha gente con solo hablarles.
-…Éramos una hermosa familia, me sentí orgulloso de ello –seguía hablando de su vida.- llegó un día en que al banco le debí una fuerte cantidad de dinero, no la pagué a tiempo y me quitaron un montón de cosas, encima perdí mi trabajo y mi esposa se divorció de mí, en el juicio le otorgaron muchas oportunidades, ella me lo quitó todo y también el cariño de mi hija. Pero viva el feminismo, ahora es una especie de nuevo machismo… ¿por qué te cuento esto gatito? ¿Audrey, te llamas Audrey?
Mi collar decía Audrey, nunca me lo pude quitar, curioso, el hombre tenía buena vista.
-Ahora mi hija ya ni me quiere ver, ¿en serio tenemos un sistema de justicia justa? ¡Tan solo mírame! Estoy viviendo de la basura, tenía un buen hogar… Ojalá mis padres siguieran en este mundo, no tengo a nadie.
El hombre empezó a llorar, se controló rápido y siguió leyendo. Pasaron dos días, viví cerca de aquel hombre, con la tentación de hablarle, sentí lástima por su condición de vida, prácticamente compartía de la mía. De vez en cuando me ofrecía algo de carne de la que rescataba de la basura de un restaurante cercano, me fui acercando más a él, pero sin que me tocara. Escuchaba sus problemas, le hacía de psicólogo y aprendí un poco de la conducta negativa del ser humano hacia sus semejantes, pero también aprendí de su alegría.
-… Haz de cuenta que nos subimos a la casita del árbol y que de repente ¡PAM!, una de las tarimas se rompe y yo quedé colgando del piso, eran como cuatro metros de altura, podría romperme la pierna, pero me solté y caí sobre un tronco que estaba debajo de mí, pegándome en mis partes nobles, hubieras visto como me caí, hasta pareció exagerado, pero así fue…
Total, que un momento antes de comer, mientras me comentaba del cariño especial que tenía con su hija, le comenté.
-Pero no fue tu culpa, el egoísmo de tu esposa fue lo que la hizo rebelarse contra ti.
Su semblante cambió de pronto como era de esperarse, se asustó, pero al cabo de unos segundos, sonrió y me contestó
-Quizá, lo que me parece inaceptable es que jugara de una forma tan sucia, abandonando todo el amor que sentimos cuando nos conocimos
Conviví mucho tiempo con ese hombre, platicábamos de todos los temas, los problemas sociales y la ciencia, en especial la ciencia.
-La vida es como una partícula de polvo, es imperceptible ante nosotros pero está presente en todo momento
-La vida, ¿Cómo definirías tu concepto de vida?
El hombre se recostó sobre su tapete de cartón y contestó:
-Quizá sea a cumplir nuestros sueños, saciar nuestro apetito de ser esenciales para el mundo y la sociedad en la que vivimos
-Pero los sueños son frágiles, son visiones que no siempre se cumplen, en la vida hay muchos factores que intervienen para obstaculizar su conclusión
-Sí, pero eso es lo que le da emoción ¿no? Si la vida fuera dulce, como me la pintaron cuando era niño, no hubiera experimentado la oportunidad de explicarle a mi hija de los peligros que corre cuando no se es precavido y que el estudio es una ayuda para mejorar sus aptitudes. Siempre debe haber un equilibrio.
-¿Qué me cuentas de tu condición de vida?
-Es un obstáculo más, no sé si saldré, pero sé que al menos estoy en paz conmigo mismo, si esto fue lo que obtuve, no me quejaré, pero si daré todo mi esfuerzo para cambiar aunque sea el lugar en el que duermo, si es necesario esperaré el día en que muera en la calle.
-Yo preferiría que visitara a su hija una vez más, que le muestre aunque sea una última vez el cariño que sintió con ella por tanto tiempo.
-Ojalá fuera así de fácil como dices Audrey, mi hija, estudió para mercadotecnia, ya me la imagino detestando a los sin hogar.
-Podría ser, pero tanto amor no se puede perder así nomás, su hija va a tener una carga pesada sobre su paradero
-Pues ni idea, mi niña ya debe estar forrada de dinero como su madre, yo ya ni le he de importar
Entablamos plática durante mucho tiempo, creamos un lazo de amistad bastante fuerte, como lo hice con aquél perro callejero. Intercambiábamos puntos de vista, opiniones y de vez en cuando lectura que encontrábamos de los botes de basura.
-Sabes algo, cuando era niño y cuando llegué a la secundaria, soñaba con ser un caballero medieval defendiendo su castillo, estar en el frente de batalla para echar al ejército invasor
Lo miré por unos instantes y luego vi que fue lo que activó ese pensamiento, sostenía una revista de historia en la que tocaban el tema de la edad media.
-Me sorprende que le hallen romanticismo a la época más oscura de la humanidad –comenté.- tengo entendido que hubo mucho desconocimiento y mucho fanatismo religioso
-Bueno, no me refiero a la era medieval en sí, sino a su mitología, luchar contra dragones, conocer magos, salvar princesas y luchar en innumerables batallas.
-Tipo película ¿no?
-La verdad es que si
-Si tuvieras la oportunidad de luchar en una batalla ¿Cómo sería?
-Bueno, batallas ya las viví, yo creo que serían todas aquellas que simulé cuando era niño y con mi hija, con ella jugaba a que era una princesa y yo un caballero y debía protegerla de un dragón enorme y malo, no era más que un peluche de dinosaurio.
Me imaginé la escena y me empecé a reír, casi a burla, incluso él me acompaño en mi risa, ambos reíamos, burlándonos de nuestra vida, renegando al destino, liberándonos de la oprimente realidad.
Era la compañía más entretenida e inmejorable que jamás tuve hasta ahora, fue un gran amigo, su nombre era Henry, me lo contó en una ocasión. Hasta que un día nos echaron del lugar en el que nos resguardábamos.
-Fuera de aquí pordiosero, este no es un lugar para ti, llamaré a la policía si no te largas
-No tengo donde dormir y cuando creo tener, me echan de todas partes, mínimo deme un espacio y le prometo que de ahí no me muevo
-Ni hablar, vete, llévate tus porquerías y a tu gato de felpa. Te lo advierto de nuevo si no te largas, llamo a la policía a que te mande a la cárcel, si quieres dormir ahí tendrás donde.
Henry se mostró molesto, con mi patita le detuve el paso y le indiqué con un maullido que se contuviera. El hombre que nos echaba se extrañó por mi actitud y luego se fue.
-¿Y ahora?
-Ni idea
Nos fuimos al parque, quizá ahí podríamos encontrar un sitio en dónde dormir, dónde poder crear otro futuro, en el que ambos pudiéramos subsistir. Empecé a fantasear en que él encontraba un trabajo y le otorgaban una casa, en la que él y yo nos la pasábamos de perlas, platicando, contando chistes y crenado una nueva vida, ¡Hasta la hija de Henry llegaba y abrazaba a su papá! Era un sueño fumado pero me hacía sonreír. Cayó la noche y ambos nos recostamos sobre un montículo en la superficie de césped, nos daba una vista hermosa del espacio, las constelaciones en esa noche parecían sacadas de un sueño y puestas sobre el manto oscuro del cielo nocturno.
-¿Crees que mi hija me va a perdonar, Audrey?
-Tengo fe en que si, tu hija no puede odiarte todo el tiempo y mucho menos si estás en condición de calle, sin hogar, lejos de ella
-Mi esposa no le ha de permitir que me vea, de eso estoy seguro
-Pero tu hija no puede vivir con veneno, se deprimirá, en este momento quizá esté mirando el cielo y preguntándose dónde estás, se estará dando cuenta que la imagen de su padre la invade cada vez que hablan de caballeros y dragones.
-Puede que sí, si tienes razón, el cariño que tanto le di debe estar almacenado en su corazón
-Todo va a cambiar en el futuro, ya lo verás
-Cambiar. Eso se ve a paso de caracol
-Pero al menos se mueve. Es como este mundo, se mueve en rotación sobre su propio eje a una velocidad impresionante en un lapso de veinticuatro horas, pero es apenas perceptible para nosotros, pero lo sabemos gracias a las nubes en el aire.
-Hmm, me gustaría volver a dormir y rehacer mi vida
-A mí me gustaría lo mismo
Dormimos bajo el resplandor de las estrellas, como si presenciaran nuestro deseo pero sin cumplirlo, pero nos otorgaron el privilegio de dormir ante la realidad y desviarnos para construir la nuestra.
-¡Nadie se detenga!
-Por favor, por orden de la policía –se oía por un megáfono.- se exige desalojar el lugar para los preparativos electorales
¡No es justo!
-¡Pagamos para ver un concierto y nos dan esto!
Henry y yo despertamos en mitad de una lucha entre policías y manifestantes, había disturbios por doquier: varias bombas molotov explotaron cerca de los policías, un joven lanzó una por error hacia su compañero hasta envolverlo en llamas, un policía tomaba a un muchacho de la cabeza y lo resguardaba detrás de la barricada de escudos de la ley, había mucha gente tumbada en el suelo, inerte, muertos, más bien muertos no, noqueados, esa es la palabra.
-¿Qué está pasando?
Henry volteaba a todas partes, igual que yo, era como si nos hubieran metido en un sueño, pero era real.
¡Auww!
Un muchacho recibió un escopetazo de gomaespuma en el pecho, de este brotaba algo de sangre, pero no era letal. Muchos lanzaban piedras contra los oficiales.
-¡Ayuda! ¡Ayudaaa!
Un policía fue tomado por varios jóvenes, lo arrastraban, estaba sometido de los brazos, alguien le quitó el casco y lo lanzó cerca de mí, luego le quitaron la macana y le empezaron a pegar con ella, alguien aventó el escudo del policía hasta dar a los pies de Henry, otros oficiales llegaron a asistir a ese hombre y persiguieron a los delincuentes.
-¡No se vayan! ¡Qué no escapen los malhechores!
Henry tomó el casco del suelo, se lo puso, luego cogió el escudo que el oficial momentos antes perdió y recogió del suelo una macana que un agente de la ley soltó. Se giró hacia mí
-La vida consiste en cumplir los sueños, seguir un espejismo que nos da un motivo por el cual vivir, sólo que tenemos una sola vida para cumplirlos, ¿de qué sirve una vida con tantos sueños que posiblemente no se van a cumplir? La respuesta es que la vida es también un sueño, por qué no cumplir este también
Me hizo sonreír al verlo emprender carrera contra los policías, en su mente debía imaginar que su macana se transformaba en una espada, el escudo se volvía de metal y con el emblema de su reino, sus ropas y su casco se volvían su armadura y los granaderos ahí delante eran el ejército enemigo atacando su reino.
-Adiós Henry, gracias por haber estado a mi lado
Henry golpeó de lleno a un policía que se le acercó, lo derribó, luego otro, y otro. Usaba la macana con mucha habilidad, inclusive la hizo chocar contra otras como una espada, golpeaba con el escudo a los agentes que no traían protección alguna.
¡PSSSS!
La policía traía un camión de agua para repeler a los manifestantes, pero al pegar en el escudo de Henry parecía otras cosa: ¡El ejército enemigo tenía un dragón y él tenía que hacerle frente!
Lloré de emoción al ver cómo logró abrirse una brecha entre los escudos de los policías y pasar de ellos, otros lo siguieron, como si fueran los demás caballeros del reino.
-¡Despejen la zona, la policía tiene órdenes de desalojar! ¡Augh!
Henry le asestó un macanazo en la cabeza al hombre del altavoz, luego siguió luchando contra los demás policías que lentamente lo fueron derrotando, debieron hacer falta ocho hombres para someterlo.
-Adiós Henry
Luego me eché a correr cuando una oleada de policías corrió hacia los manifestantes, convirtiendo la ya de por sí caótica escena, en un campo de batalla. Hui hacia los suburbios, donde la violencia no estaba presente. Pasé por múltiples casas, fui buscando cuales estaban abiertas, me costó mucho trabajo hasta que encontré una que tenía la puerta trasera entreabierta, creí que no había nadie, me subí a las paredes y gracias a mis garras trepé al techo, empecé a dar giro a alrededor de un candelabro para liberarme de la adrenalina que sentí en la batalla campal, y ahí fue cuando te conocí Gavrilo, en aquel percance que nos hizo encontrarnos.
-Menuda aventura te aventaste, ¿qué pasó con Henry?
La verdad lo ignoro, estuve buscándolo en las redes sociales, pero sólo encuentro notas periodísticas de “Loco arremete contra policías en manifestación” o “Héroe de la juventud” o “Caballero vagabundo ahora es viral en redes sociales”. No lo he encontrado por ahora.
-Es triste su historia la verdad, al igual que la del perrito, nunca supimos su nombre ¿verdad?
Me temo que no. Además hay gente que tiende a ser muy egoísta y no aprenden del dolor ajeno, quizá la esposa en un futuro se arrepienta hasta de haber nacido, no lo sé.
TUM
-Audrey, mi hermano ya llegó, escóndete
De acuerdo. Mientras mi amo bajaba las escaleras para encontrarse con su hermano, por una corazonada, tecle “Henry” en el buscador de Facebook, los resultados fueron los mismos, pero en la sección “Personas que quizá conoces” estaba su foto. Usaba su Facebook desde la cárcel, sonreí y le envié una solicitud de amistad junto con un mensaje que decía.
“Es el sentimiento Escarlata lo que nos permite vivir, soñar y cumplir la vida, que para eso somos Henry. Te quiere, Audrey”
Sentimiento Escarlata: La percepción del mundo
Autor: Manuel Rodrigo Morales Reyes
¡Buenos días! ¡Mi nombre es Audrey, soy un gato parlante de color rojo, mis garras son de rubíes y esta es mi historia…!
Antes de conocer a mi actual dueño, Gavrilo, pertenecí a una mujer de la que no quiero hablar, pero puede que lo que diré te dé una idea sobre a qué se dedica: la mujer a la que pertenecí, por medio de un bastón invocaba una especie de escudo invisible para que yo y un perro que ella tenía, pudiésemos escapar del hogar en el que estábamos. Un día, ella olvidó invocarlo y logré escapar por una ventana en la parte superior, el perrito se quedó dentro. Fuera del hogar, estaba expuesto a un mundo nuevo delante de mí, uno que no conocía y que me sorprendería por la forma de ofrecerme algunas experiencias. Antes de poder escapar, mucho antes, tendía a leer los libros que estaban en un estante, me llamó la atención lo que decían y siempre deseé comprobarlo con mis propios ojos. Sólo que estar en la calle no fue lo mismo que estar bajo la seguridad de la casa en la que viví, estaba en constante peligro, los denominados autos iban a gran velocidad cerca de mí cuando cruzaba sobre el asfalto y apenas me daba tiempo de esquivarlos, mucha gente detesta los gatos y buscan hacerles daño, incluso pasé por una escuela, por poco me matan esos niños maleducados. De hecho, estuve caminando por las calles de la ciudad, corriendo peligro de morir por cualquier evento que se me presentase, desde la caída de un andamio o la corriente eléctrica de unos cables pelados de un farol. El mundo no era como lo describían los libros, los libros tomaban sólo un fragmento minúsculo de lo grande que es este sitio, no mencionaban el peligro real que los seres vivos corren al estar en la intemperie en una ciudad.
-¡Raw!
-¡Meow!
En una ocasión me encontré una manada de gatos, al principio todo estaba en orden, pero los gatos pueden ser muy agresivos, pueden matarse entre ellos para practicar o por territorio, durante la pelea, mi oponente lograba someterme, pero yo me zafaba y arremetía hacia su cabeza, total que al final gané la pelea, pude haber matado a mi oponente con mis garras de rubíes, lo sometí incluso para asestar el golpe final, pero me contuve y le dejé en paz, le dejé vivir. Conviví con esa banda de gatos por mucho tiempo, cazábamos ratones o si teníamos oportunidad, matábamos palomas del parque y luego nos la comíamos. Pero seguí con el deseo de seguir explorando el mundo.
En otra sección de la ciudad me encontré tres perros, no sé si es correcto pero en el momento, provocarle dolor a un perro es suficiente para ahuyentarle, me enfrenté a dos, saltaba hacia las paredes y luego saltaba hacia ellos encajando mis garras en el hocico o en el cuello, sabía que en cuanto mis patas o mi cuerpo estuvieran en contacto con las fauces de los animales, estaría muerto, para mi fortuna, los perros mientras lloraban, se vieron heridos y optaron por dejarme, irónicamente sus dueños los atendieron como si fuesen ellos las víctimas. Sin embargo, el tercer perro no huyó de mí, tampoco atacó, sentía curiosidad por mí, creo que nunca había visto un gato, era un perro callejero, quería jugar conmigo. Aquel perro y yo entablamos amistad, explorábamos la ciudad o algunas tiendas donde surtían carne para robar algo de comida, gracias a mi inteligencia, todos los asaltos fueron un éxito. De vez en cuando pasábamos por otros lados en los que otros perros o gatos o incluso humanos no nos hicieran nada, buscábamos siempre tranquilidad en zonas poco transitadas como zonas verdes, debajo de puentes o en el vagón abandonado de unas vías férreas abandonadas.
A diferencia de muchos animales, y al igual que el ser humano, cada experiencia me dejaba un conocimiento que me permitía un análisis reflexivo con el cual pudiera emplearlo a futuro, hubo muchas tomas de decisiones para la supervivencia de aquél perro y yo, sólo que la percepción del mundo del perro y otros animales, es un tanto limitada, su cerebro no le permite del todo almacenar la información de sus experiencias, tiene recuerdos a largo plazo, sí, como lo es reconocer a su amo cada vez que pasa o los lugares en los que ha estado, sin embargo, dicha capacidad de pensamiento limitado les atrae problemas: responden de inmediato a toda clase de situaciones y si esa situación implica un riesgo sumamente alto como lo es el peligro de morir aplastado por un camión, las consecuencias son devastadoras para el animal. Los animales comunes, a diferencia de mí, tienen un pensamiento semejante al de un niño de tres años humano, sus funciones principales van encaminadas a sus necesidades básicas y a los sentimientos que pueden surgir en su vida, muchas cosas las hace de forma desconsiderada, tiene accidentes, percances y si es educado correctamente, muchas capacidades instintivas tienden a integrar su desarrollo del contexto en el que se desenvuelve.
Un día, para cruzar la calle, tuvimos que pasar por un puente peatonal, pero estaba en mantenimiento, no se podía cruzar, así que optamos por arriesgar nuestras vidas por cruzar través de la carretera, los autos no se detienen ante la presencia de un animal, incluso no lo hacen ante sus semejantes seres humanos, esquivamos múltiples veces los autos grandes que pasaban cerca de nosotros, llegamos al camellón, luego bajamos de nuevo a la carretera para llegar al otro extremo de ésta, esquivé a tiempo un auto que por poco me pisa la cola, llegué a la banqueta, pero no vi al perro, me giré y lo vi: tenía sangre en su cabeza, estaba tumbado de lado e inmóvil, le habían pegado.
Los animales no somos muy expresivos ante muchas circunstancias, pero si sentimos, no respondemos de la misma manera como los seres humanos pero vaya que si nos duelen las heridas que no implican un corte o una mordida, nuestros sentimientos se desbordan de nuestra alma para encontrarse con la situación. Sentí el deseo de bajarme de la carretera por la impresión de ver a mi amigo tumbado en el suelo, en eso un auto pasó sobre su cadáver y me giré, no quise ver como sus huesos se movieron para querer salir atravesando su piel. ¿Por qué hace eso el humano? ¿Por qué no se detiene ante el cruce de los animales o de otros humanos? ¿Por qué vale más la vida de otros seres humanos y la de un animal no? No lo iba a dejar ahí, pero al cabo de unos instantes lo hicieron a un lado de la carretera, lo pusieron en un callejón, me aseguré que los humanos ya no estuviesen y fui hasta él. Tenía los ojos cerrados, su vida de desgracia al fin había terminado, su acompañante final fui yo, traté de moverlo, quizá con la vana esperanza de que se moviera, pero no se movió.
-Eh, perrito, ya estamos del otro lado de la carretera, ya estamos bien
No me respondió, lo zarandé para que al menos hiciera un aullido de que me estaba escuchando, pero no lo hizo, Lo traté de jalar, pesaba muchísimo, no lo podía mover ni un centímetro.
-Vamos por favor, aún podemos pasar una carnicería y robar un bistec, como lo hacíamos siempre
No me estaba respondiendo, mi esperanza de que estuviera vivo de alguna forma, se estaba desapareciendo, dejé de moverlo en vano y me acerqué a su cuello para abrazarlo. Los gatos no podemos llorar, o eso era lo que creí, el pelaje de mi compañero se empezó a sentir húmedo, no por su sangre, de mis ojos brotaban lágrimas, de alguna forma me dolía la partida de mi amigo
-Vete de aquí gato mugroso
Alguien apareció, me echó del lugar con una escoba
-¡Robert! ¡Un gato se está comiendo a un perro muerto!
Desde una distancia segura, contemplé como esas personas, agarraron el cuerpo de mi amigo y lo echaron al contenedor de basura, tal cual, sin bolsa ni nada. Hubo mucha actividad en el callejón hasta casi el anochecer, cuando por fin ya nadie pasó, bajé de mi seguridad y fui hasta el contendor.
Ese perro no merecía estar ahí, no debía quedarse ahí, en vida no tuvo nadie que le quisiera, probablemente le abandonaron o fue criado entre los callejones de la calle, su única salida de su mala vida era dormir y soñar con que era un perro diferente, en la que su vida no fuera tan triste como ahora, pero no así, no así, ningún ser vivo debería estar en el bote de basura, ignorado del mundo, abandonado de la vista de los que posiblemente lo quisieron. Entré al contenedor, hice esfuerzos para que saliera, pero no se movía, pesaba bastante, sin embargo sus movimientos causados por mis fuerzas, me confundieron por muchos momentos, quería decir que él pudiera estar vivo, pero no lo estaba.
-No puedes estar aquí amigo, aguanta, te enviaré a casa, estarás bien
Me empecé a cansar, me recosté sobre el frío cuerpo de mi amigo y empecé a dormitar, empecé a soñar en que estábamos en un campo, jugando a corretearnos, acompañados de alguien que nos cuidaba, un humano, el humano que ese perro siempre quiso tener. Luego nos echábamos en el pastizal y mirábamos el cielo, alegres de nuestras travesuras.
-¿Quién tiró a este animal?
Una voz me despertó repentinamente, sin mirar bien, gracias a que estaba abierto el contenedor, salté al borde y escapé a velocidad de rayo pero sin perder de vista lo que sucedía a continuación. Un joven con un uniforme verde que en el pecho traía la imagen en caricatura de un perro y un gato, sacaba el cuerpo del perro y se lo llevaba adentro del establecimiento, traté de seguirle, pero por la distancia que estaba, la puerta se cerró frente a mí, se trataba de una veterinaria, de eso estoy seguro, busqué otras formas de entrar, tardé en descubrir que había un borde por el que podía subir y dar con un patio trasero, desde ahí observé al joven en un jardín, paleando el suelo hasta crear un hoyo bastante grande, en ese hoyo metió a mi amigo, luego lo tapó, rezó por él y lo que llamó mi atención fue lo que dijo:
-Puede que no hayas tenido la vida que merecías, pero estarás en paz en este jardín, dando lugar a nueva vida, a nueva esperanza, en paz descanses amigo
Debo admitir que al menos aquél perro y amigo que tuve, al menos tuvo un entierro digno, al menos está en reposo eterno como quien dice.
Tiempo después, viví cerca de la veterinaria en la que mi colega fue enterrado, más que nada porque no podía dejarlo ir, cada vez que cerraba los ojos aparecía ante mis ojos, jadeando, como si se negara a salir de mi memoria. Comía ratas, le robaba de vez en cuando la comida a la gente descuidada…
-¡Esa es mi pizza!
-Era tu pizza –dije mientras corría de alguien-.
Y me dejaba un espacio entre las terrazas para tomar el sol y dormirme, en muchas ocasiones me pegaban con una escoba cuando pasaba delante de algunos establecimientos, o trataban de agarrarme.
-¡Vete! ¡Shu, shu!
Me pegaron en esa ocasión con un sartén
-¡Vieja loca! ¡Me dolió!
Tras responderle de forma verbal, la mujer se desmayó, había olvidado que los gatos no hablan, y mucho menos uno de color rojo. Eran contadas las ocasiones en las que hablé delante de la gente, pero siempre o se desmayaban o se asustaban de muerte.
-¡Eso es del Diablo!
-¡No! ¡Espera, tengo hambre!
-Déjame en paz
El hombre se echó a correr, soltó su botella de vidrio y se quebró delante de mí, al quebrarse, los cristales volaron hacia la calle y la banqueta, sufrí varios cortes en mis patas y parte de mi pecho, no supe que hacer, o a lo mejor sí. Pasé a la veterinaria, me hice el gato perdido, hasta que el dueño del local me vio.
-¿Quién pinta a los gatos de color? Eso es nocivo para su salud –me dejé agarrar por él.- Pobre gatito, según tu collar te llamas Audrey, no te preocupes, vas a comer ahorita y de paso te vamos a bañar
¡De lujo! Comí atún de verdad, enlatado, me dieron un baño contra las pulgas bastante rico y de paso me dieron una jaula en la que podía dormir, trataron mis heridas y listo.
-Te buscaremos a tu dueño, ya lo verás
No me quería quedar en ese lugar, soy un gato mundano, quería seguir explorando mi realidad, quería seguir explorando la ciudad. Las jaulas, para mi ventaja, se abrían por un pestillo manual, los animales normales no entienden bien su concepto, de cómo se abre, no tenía candado así que puse mi pata entre los barrotes y abrí el pestillo, librándome. Sólo que para que el joven no se sintiera mal, tiré muchas cosas al suelo, entre ellas la jaula, quería simular que me habían robado, abrí la puerta que daba al patio trasero y pasé por el jardín, me detuve ante el lugar de mi amigo finado.
-Muchas gracias por acompañarme en mi travesía, amigo.
Noté que sobre su tumba, había flores hermosas, producto de tener bajo ellas los nutrientes necesarios para crecer. La vida da muerte y la muerte da vida. Continué mi camino, salté una verja y corrí hacia otro sitio de la ciudad, en el área donde los rascacielos no estuvieran congregados.
La vida me estaba dando muchas experiencias, corroboraban lo que había leído, me daban más aprendizajes sobre el sitio en el que vivo realmente, lo que llamamos realidad me estaba dando una perspectiva sobre mi cosmovisión. Muchas cosas que fui aprendiendo se debieron al empirismo con que veía mi entorno, otras se debieron a mi pensamiento para tomar decisiones cruciales y evadir peligros innecesarios, me encontraba otros perros o gatos con menor frecuencia y quitármelos me era más fácil.
Tiempo después llegué a un área en la que había numerosos locales y almacenes, cercanos a un parque grandísimo. Me refugié en un día de lluvia debajo de un toldo, que gracias a unas cajas apiladas pude llegar, al principio no lo había visto, pero había un hombre rubio, sin hogar, que tenía un pedazo de plástico como sombrilla, a sus pies estaba un charco grande, al parecer ese era el sitio en el que dormía.
-¿Hace un mal clima no?
Me sorprendí, me habló, me pregunté si sabía de mi capacidad de habla, pero no era eso, quizá el hombre estaba tan sólo que requería de compañía de cualquier tipo, sin importar la animal claro
-¿Por qué eres un gato rojo? Debieron pintarte de forma artificial
La verdad es que mi pelaje rojo intenso es natural, parece artificial, pero nací con él y crecí con él, a menos que en el vientre de mi madre me hubieran bañado en colorante.
-La vida nos trata mal ¿no crees?
El hombre me fue hablando sin coherencia alguna hasta que la lluvia cesó, escuchaba fragmentos de su vida, comentaba un poco de su niñez y parte de su forma de pensar, a decir verdad, el hombre me estaba divirtiendo.
-¿Pero que va? Estoy hablándole a un gato, los gatos no saben hablar y mucho menos entenderme, aun así sé que eres feliz ¿o no?
Lo contemplé por mucho tiempo, cayó la noche y dormía cerca de unas llantas ponchadas abandonadas. Dormí bien en esa ocasión. Al día siguiente el hombre estaba leyendo una revista que encontró en la basura, le dio la impresión de que lo observaban, se giró hacia mí.
-¡Ah! ¡Hola! ¡Creí que te habías ido! Todos los gatos lo hacen, siempre cambian de lugar, yo tuve uno cuando mi hija tuvo siete años, no sé si ella lo mantenga
Siguió leyendo, cuando desvié mi mirada, procurando ser un gato de lo más normal posible, me sentí tentado de hablarle, pero un gato parlante… asusté a mucha gente con solo hablarles.
-…Éramos una hermosa familia, me sentí orgulloso de ello –seguía hablando de su vida.- llegó un día en que al banco le debí una fuerte cantidad de dinero, no la pagué a tiempo y me quitaron un montón de cosas, encima perdí mi trabajo y mi esposa se divorció de mí, en el juicio le otorgaron muchas oportunidades, ella me lo quitó todo y también el cariño de mi hija. Pero viva el feminismo, ahora es una especie de nuevo machismo… ¿por qué te cuento esto gatito? ¿Audrey, te llamas Audrey?
Mi collar decía Audrey, nunca me lo pude quitar, curioso, el hombre tenía buena vista.
-Ahora mi hija ya ni me quiere ver, ¿en serio tenemos un sistema de justicia justa? ¡Tan solo mírame! Estoy viviendo de la basura, tenía un buen hogar… Ojalá mis padres siguieran en este mundo, no tengo a nadie.
El hombre empezó a llorar, se controló rápido y siguió leyendo. Pasaron dos días, viví cerca de aquel hombre, con la tentación de hablarle, sentí lástima por su condición de vida, prácticamente compartía de la mía. De vez en cuando me ofrecía algo de carne de la que rescataba de la basura de un restaurante cercano, me fui acercando más a él, pero sin que me tocara. Escuchaba sus problemas, le hacía de psicólogo y aprendí un poco de la conducta negativa del ser humano hacia sus semejantes, pero también aprendí de su alegría.
-… Haz de cuenta que nos subimos a la casita del árbol y que de repente ¡PAM!, una de las tarimas se rompe y yo quedé colgando del piso, eran como cuatro metros de altura, podría romperme la pierna, pero me solté y caí sobre un tronco que estaba debajo de mí, pegándome en mis partes nobles, hubieras visto como me caí, hasta pareció exagerado, pero así fue…
Total, que un momento antes de comer, mientras me comentaba del cariño especial que tenía con su hija, le comenté.
-Pero no fue tu culpa, el egoísmo de tu esposa fue lo que la hizo rebelarse contra ti.
Su semblante cambió de pronto como era de esperarse, se asustó, pero al cabo de unos segundos, sonrió y me contestó
-Quizá, lo que me parece inaceptable es que jugara de una forma tan sucia, abandonando todo el amor que sentimos cuando nos conocimos
Conviví mucho tiempo con ese hombre, platicábamos de todos los temas, los problemas sociales y la ciencia, en especial la ciencia.
-La vida es como una partícula de polvo, es imperceptible ante nosotros pero está presente en todo momento
-La vida, ¿Cómo definirías tu concepto de vida?
El hombre se recostó sobre su tapete de cartón y contestó:
-Quizá sea a cumplir nuestros sueños, saciar nuestro apetito de ser esenciales para el mundo y la sociedad en la que vivimos
-Pero los sueños son frágiles, son visiones que no siempre se cumplen, en la vida hay muchos factores que intervienen para obstaculizar su conclusión
-Sí, pero eso es lo que le da emoción ¿no? Si la vida fuera dulce, como me la pintaron cuando era niño, no hubiera experimentado la oportunidad de explicarle a mi hija de los peligros que corre cuando no se es precavido y que el estudio es una ayuda para mejorar sus aptitudes. Siempre debe haber un equilibrio.
-¿Qué me cuentas de tu condición de vida?
-Es un obstáculo más, no sé si saldré, pero sé que al menos estoy en paz conmigo mismo, si esto fue lo que obtuve, no me quejaré, pero si daré todo mi esfuerzo para cambiar aunque sea el lugar en el que duermo, si es necesario esperaré el día en que muera en la calle.
-Yo preferiría que visitara a su hija una vez más, que le muestre aunque sea una última vez el cariño que sintió con ella por tanto tiempo.
-Ojalá fuera así de fácil como dices Audrey, mi hija, estudió para mercadotecnia, ya me la imagino detestando a los sin hogar.
-Podría ser, pero tanto amor no se puede perder así nomás, su hija va a tener una carga pesada sobre su paradero
-Pues ni idea, mi niña ya debe estar forrada de dinero como su madre, yo ya ni le he de importar
Entablamos plática durante mucho tiempo, creamos un lazo de amistad bastante fuerte, como lo hice con aquél perro callejero. Intercambiábamos puntos de vista, opiniones y de vez en cuando lectura que encontrábamos de los botes de basura.
-Sabes algo, cuando era niño y cuando llegué a la secundaria, soñaba con ser un caballero medieval defendiendo su castillo, estar en el frente de batalla para echar al ejército invasor
Lo miré por unos instantes y luego vi que fue lo que activó ese pensamiento, sostenía una revista de historia en la que tocaban el tema de la edad media.
-Me sorprende que le hallen romanticismo a la época más oscura de la humanidad –comenté.- tengo entendido que hubo mucho desconocimiento y mucho fanatismo religioso
-Bueno, no me refiero a la era medieval en sí, sino a su mitología, luchar contra dragones, conocer magos, salvar princesas y luchar en innumerables batallas.
-Tipo película ¿no?
-La verdad es que si
-Si tuvieras la oportunidad de luchar en una batalla ¿Cómo sería?
-Bueno, batallas ya las viví, yo creo que serían todas aquellas que simulé cuando era niño y con mi hija, con ella jugaba a que era una princesa y yo un caballero y debía protegerla de un dragón enorme y malo, no era más que un peluche de dinosaurio.
Me imaginé la escena y me empecé a reír, casi a burla, incluso él me acompaño en mi risa, ambos reíamos, burlándonos de nuestra vida, renegando al destino, liberándonos de la oprimente realidad.
Era la compañía más entretenida e inmejorable que jamás tuve hasta ahora, fue un gran amigo, su nombre era Henry, me lo contó en una ocasión. Hasta que un día nos echaron del lugar en el que nos resguardábamos.
-Fuera de aquí pordiosero, este no es un lugar para ti, llamaré a la policía si no te largas
-No tengo donde dormir y cuando creo tener, me echan de todas partes, mínimo deme un espacio y le prometo que de ahí no me muevo
-Ni hablar, vete, llévate tus porquerías y a tu gato de felpa. Te lo advierto de nuevo si no te largas, llamo a la policía a que te mande a la cárcel, si quieres dormir ahí tendrás donde.
Henry se mostró molesto, con mi patita le detuve el paso y le indiqué con un maullido que se contuviera. El hombre que nos echaba se extrañó por mi actitud y luego se fue.
-¿Y ahora?
-Ni idea
Nos fuimos al parque, quizá ahí podríamos encontrar un sitio en dónde dormir, dónde poder crear otro futuro, en el que ambos pudiéramos subsistir. Empecé a fantasear en que él encontraba un trabajo y le otorgaban una casa, en la que él y yo nos la pasábamos de perlas, platicando, contando chistes y crenado una nueva vida, ¡Hasta la hija de Henry llegaba y abrazaba a su papá! Era un sueño fumado pero me hacía sonreír. Cayó la noche y ambos nos recostamos sobre un montículo en la superficie de césped, nos daba una vista hermosa del espacio, las constelaciones en esa noche parecían sacadas de un sueño y puestas sobre el manto oscuro del cielo nocturno.
-¿Crees que mi hija me va a perdonar, Audrey?
-Tengo fe en que si, tu hija no puede odiarte todo el tiempo y mucho menos si estás en condición de calle, sin hogar, lejos de ella
-Mi esposa no le ha de permitir que me vea, de eso estoy seguro
-Pero tu hija no puede vivir con veneno, se deprimirá, en este momento quizá esté mirando el cielo y preguntándose dónde estás, se estará dando cuenta que la imagen de su padre la invade cada vez que hablan de caballeros y dragones.
-Puede que sí, si tienes razón, el cariño que tanto le di debe estar almacenado en su corazón
-Todo va a cambiar en el futuro, ya lo verás
-Cambiar. Eso se ve a paso de caracol
-Pero al menos se mueve. Es como este mundo, se mueve en rotación sobre su propio eje a una velocidad impresionante en un lapso de veinticuatro horas, pero es apenas perceptible para nosotros, pero lo sabemos gracias a las nubes en el aire.
-Hmm, me gustaría volver a dormir y rehacer mi vida
-A mí me gustaría lo mismo
Dormimos bajo el resplandor de las estrellas, como si presenciaran nuestro deseo pero sin cumplirlo, pero nos otorgaron el privilegio de dormir ante la realidad y desviarnos para construir la nuestra.
-¡Nadie se detenga!
-Por favor, por orden de la policía –se oía por un megáfono.- se exige desalojar el lugar para los preparativos electorales
¡No es justo!
-¡Pagamos para ver un concierto y nos dan esto!
Henry y yo despertamos en mitad de una lucha entre policías y manifestantes, había disturbios por doquier: varias bombas molotov explotaron cerca de los policías, un joven lanzó una por error hacia su compañero hasta envolverlo en llamas, un policía tomaba a un muchacho de la cabeza y lo resguardaba detrás de la barricada de escudos de la ley, había mucha gente tumbada en el suelo, inerte, muertos, más bien muertos no, noqueados, esa es la palabra.
-¿Qué está pasando?
Henry volteaba a todas partes, igual que yo, era como si nos hubieran metido en un sueño, pero era real.
¡Auww!
Un muchacho recibió un escopetazo de gomaespuma en el pecho, de este brotaba algo de sangre, pero no era letal. Muchos lanzaban piedras contra los oficiales.
-¡Ayuda! ¡Ayudaaa!
Un policía fue tomado por varios jóvenes, lo arrastraban, estaba sometido de los brazos, alguien le quitó el casco y lo lanzó cerca de mí, luego le quitaron la macana y le empezaron a pegar con ella, alguien aventó el escudo del policía hasta dar a los pies de Henry, otros oficiales llegaron a asistir a ese hombre y persiguieron a los delincuentes.
-¡No se vayan! ¡Qué no escapen los malhechores!
Henry tomó el casco del suelo, se lo puso, luego cogió el escudo que el oficial momentos antes perdió y recogió del suelo una macana que un agente de la ley soltó. Se giró hacia mí
-La vida consiste en cumplir los sueños, seguir un espejismo que nos da un motivo por el cual vivir, sólo que tenemos una sola vida para cumplirlos, ¿de qué sirve una vida con tantos sueños que posiblemente no se van a cumplir? La respuesta es que la vida es también un sueño, por qué no cumplir este también
Me hizo sonreír al verlo emprender carrera contra los policías, en su mente debía imaginar que su macana se transformaba en una espada, el escudo se volvía de metal y con el emblema de su reino, sus ropas y su casco se volvían su armadura y los granaderos ahí delante eran el ejército enemigo atacando su reino.
-Adiós Henry, gracias por haber estado a mi lado
Henry golpeó de lleno a un policía que se le acercó, lo derribó, luego otro, y otro. Usaba la macana con mucha habilidad, inclusive la hizo chocar contra otras como una espada, golpeaba con el escudo a los agentes que no traían protección alguna.
¡PSSSS!
La policía traía un camión de agua para repeler a los manifestantes, pero al pegar en el escudo de Henry parecía otras cosa: ¡El ejército enemigo tenía un dragón y él tenía que hacerle frente!
Lloré de emoción al ver cómo logró abrirse una brecha entre los escudos de los policías y pasar de ellos, otros lo siguieron, como si fueran los demás caballeros del reino.
-¡Despejen la zona, la policía tiene órdenes de desalojar! ¡Augh!
Henry le asestó un macanazo en la cabeza al hombre del altavoz, luego siguió luchando contra los demás policías que lentamente lo fueron derrotando, debieron hacer falta ocho hombres para someterlo.
-Adiós Henry
Luego me eché a correr cuando una oleada de policías corrió hacia los manifestantes, convirtiendo la ya de por sí caótica escena, en un campo de batalla. Hui hacia los suburbios, donde la violencia no estaba presente. Pasé por múltiples casas, fui buscando cuales estaban abiertas, me costó mucho trabajo hasta que encontré una que tenía la puerta trasera entreabierta, creí que no había nadie, me subí a las paredes y gracias a mis garras trepé al techo, empecé a dar giro a alrededor de un candelabro para liberarme de la adrenalina que sentí en la batalla campal, y ahí fue cuando te conocí Gavrilo, en aquel percance que nos hizo encontrarnos.
-Menuda aventura te aventaste, ¿qué pasó con Henry?
La verdad lo ignoro, estuve buscándolo en las redes sociales, pero sólo encuentro notas periodísticas de “Loco arremete contra policías en manifestación” o “Héroe de la juventud” o “Caballero vagabundo ahora es viral en redes sociales”. No lo he encontrado por ahora.
-Es triste su historia la verdad, al igual que la del perrito, nunca supimos su nombre ¿verdad?
Me temo que no. Además hay gente que tiende a ser muy egoísta y no aprenden del dolor ajeno, quizá la esposa en un futuro se arrepienta hasta de haber nacido, no lo sé.
TUM
-Audrey, mi hermano ya llegó, escóndete
De acuerdo. Mientras mi amo bajaba las escaleras para encontrarse con su hermano, por una corazonada, tecle “Henry” en el buscador de Facebook, los resultados fueron los mismos, pero en la sección “Personas que quizá conoces” estaba su foto. Usaba su Facebook desde la cárcel, sonreí y le envié una solicitud de amistad junto con un mensaje que decía.
“Es el sentimiento Escarlata lo que nos permite vivir, soñar y cumplir la vida, que para eso somos Henry. Te quiere, Audrey”
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