Knight-Lord Experiment: Mis amigos del Bosque parte 1
Knight-Lord experiment: Mis amigos del bosque parte 1
Autor: Manuel RM Reyes
Fragmento Cortesía de Cosasdechicas.com, en la sección “Anécdotas”
Hola, mi nombre es Juliette, unas amigas me comentaron acerca de este sitio, ¡Vaya que tiene historias interesantes! Me alegra que muchas de nosotras podamos expresar nuestros temores y tribulaciones sin ninguna repercusión o rechazo. He venido aquí para hacer una advertencia a la vez que lo voy a contar como algo que me pasó hacia mitad del año. Sé que va a ser difícil de digerir, pero creo que está ligado con lo último que ha estado pasando en estos últimos meses, acerca de los rumores.
Trabajé un tiempo como docente en “Wallace’s and sons”, una escuela secundaria al sur de Escocia, pero luego de dos años me ofrecieron trabajar con niños huérfanos en “New Smiles”, que queda cerca de un bosque, esto debido a que tengo un fuerte don para atender a niños que han tenido una difícil etapa en su vida. Me ofrecieron el puesto como tutora y maestra de inglés, no me fue difícil adaptarme a los niños y que ellos pudiesen sentir simpatía conmigo. Sin embargo, mientras daba mis clases, ya saben como son los niños, nunca se callan y hablan en voz baja mientras el maestro en turno se voltea a la holo-pizarra para escribir o extraer un artículo del internet... Noté que varios niños hablaban de unos amigos que se encontraban en el bosque.
-Hablé con Giggles la otra vez
- ¿Qué te dijo?
-Me habló acerca de las rocas, que tienen poderes
- ¿Sí?
-La verdad no lo sé, confío más en Mom-paw…
- ¿Van a atender la clase, niños? -dije mientras terminaba de apuntar algo
-Lo sentimos profesora McMorrison
-No es momento de hablar de amigos imaginarios, cuando acabemos la clase pueden tener toda la libertad de hacerlo
Al principio no le tomaba importancia, pero como dije, eran varios los niños quienes hablaban de Giggles, Mom-paw, Whiskers y Hug-Cub. Me resultaba extraño que esos amigos imaginarios estuvieran en las boquitas de diferentes niños que no tenían conexión de amistad entre sí, me refiero que a que no convivían con cierto niño o que este convivía con otros de su tipo, pero que aun así hablaba de esa compañía.
Pensé en que había unos desconocidos en el bosque como en las historias de mi niñez, pero lo deseché, los sistemas de seguridad los habrían visto y la policía daría cuenta de ello. Puede que después de todo si sean amigos imaginarios. Hasta que encontré los regalos
- ¿Quién te lo dio, la maestra Norris? -pregunté en una ocasión al ver que una niña sostenía una orca de peluche
-Se llama Willy -me dijo la niña con ese talante de pseudo ofensa que hacen luego los niños. - y me lo dio Whiskers
- ¿Whiskers? ¿Es un compañerito tuyo?
-No -y abrazó fuerte a su peluche. - Es mi amigo del bosque
Eso me dejó en claro que había algo en él, un criminal probablemente, pero aún así no me atreví a conjeturar nada, quizá se había inventado a alguien y en realidad si se lo había regalado mi compañera Norris, maestra de Historia.
-Dime ¿Te encuentras bien? -me dijo un compañero
Asentí con la cabeza y luego le expliqué lo de los amigos imaginarios y el peluche de aquella niña.
-A esa edad los niños aman contar historias, además Mary (que así se llama la niña) trata de superar la muerte de sus padres, es posible que busque refugiarse en una compañía y hacerla ver como si fuera real, aunque si tiene que darle una vuelta a la Señora Thompson nuestra psicóloga.
Traté de calmarme, debía hacer caso omiso de esos amigos imaginarios y centrarme en su aprendizaje, pero salían con cada historia que era difícil saber si lo que estaban contando era un cuento o algo más. Lo único claro que tenía era que, durante mi infancia, el bosque era un lugar de misterio, de fábulas, algunas eran para divertirte y enseñarte algo de la vida, mientras que otras eran para tomar conciencia y ser precavidos. Un ejemplo es caperucita roja, ella puede ser cualquiera de nosotros sin importar su sexo o clase social, el lobo puede ser desde un ratero hasta un criminal experimentado, ese era mi cuento favorito no por otra cosa sino por su contextualización que se le puede dar, quitando la parte fantasiosa y poniéndolo en un plano realista. Los niños no tienen una noción del peligro como nosotros los adultos, pero es necesario ponerles prácticas que pueden ayudarles a salvaguardar su integridad.
Empecé a contarles cuentos al final de la clase para que tuvieran cuidado, les contaba Pinocho, Juan sin miedo, Los tres amigos y la muerte, Pedro y el lobo, entre otros. A veces les daba consejos como “Nunca aceptes nada de un extraño”, “Si ves a alguien que no reconoces, pide ayuda” “Las buenas intenciones a veces pueden ser lo contrario”.
- ¿Eso incluye a Whiskers?
- ¿Quién es tu amigo Whiskers? -me imaginaba que me iba a responder
-Mi amigo del bosque
-Oh, vaya ¿Dónde lo puedo encontrar?
-No muy lejos -respondió otro chico. - está pasando el puente roto
- ¡Oye eso si es lejos! -dijo una niña. - eso está llegando a la carretera abandonada
Antes de que mi salón se saliese de control, pedí como actividad para la siguiente clase, que trajeran crayones, tijeras y pegamento para una sorpresa.
Aprovechando que mi clase era dentro de dos días, aproveché un descanso para tomar mi bici y pasera por el bosque, el bosque es seguro, no hay osos, ni lobos, pero hay zorros y luego hacen ruidos raros y más cuando gritan. Llegué al puente roto, un puente de roca que al parecer destruyeron hacia unos años, debajo de él un riachuelo deja en claro que alguna vez fue grande, no vi nada salvo un búho que capturé con mi cámara para mi cuenta de Facebook. Fui un poco más allá, llegué a la carretera abandonada que si se le sigue hasta el final llegamos a una planta nuclear abandonada, pero no quise ir ahí, el urbex me da miedo. No vi nada.
Al día siguiente, en mi clase, con la intención de que me creasen una historia en equipos sobre sus amigos imaginarios, tenían que dibujarlos sobre una cartulina que les otorgué. La verdad me sorprendió la precisión de los detalles de los personajes, excepto de un equipo que no tenía ni idea de quienes eran los personajes que sugerí, pero igual dibujaron a Harry Potter y a Batman, ¿Coincidencia? no lo creo.
Whiskers era una gata que vestía ropas rockeras y múltiples cadenas alrededor de su cuerpo, sus ojos eran morados y tenía el cabello pintado de rosa.
Mom-paw era una cierva que vestía una falda blanca y una especie de camisa grisácea que portaba un cetro dorado como su cabello, sus ojos eran verdes.
Hug-Cub era un lobo joven que vestía una falda corta, una camisa de red y un látigo, tenía un largo cabello negro y sus ojos era rojos. A decir verdad, este me extrañó bastante por sus elementos que los verías en la mentalidad de un adolescente, no en un niño.
Giggles también era un lobo, pero su color era rojo como su cabello, vestía ropas antiguas y tenía una espada que era blanca como la nieve, igual que sus ojos.
Pero hubo uno que nunca mencionaron y que sólo dibujo un equipo, al que le pusieron el acrónimo de “Ref”: un coyote con un sombrero largo y circular, tipo vaquero, con un guardapolvo verde y largo como una capa, unas cananas y un revólver. Sus ojos no se los dibujaron “Que el sombrero no los deja ver, además, siempre está cabizbajo”
Me contaron sus cuentos, al terminar les di sus respectivos puntos y luego se fueron una vez acabada la clase. Me preocupó la precisión de todos los equipos en cuanto a los personajes, fueron precisos con los colores que usaban, sus ítems y los nombres, los niños suelen cambiar los colores cuando van a contar un relato, aquí no lo hicieron y sólo lo hacen cuando tienen una referencia de primera mano: conviviendo con él.
En una ocasión mientras reflexionaba: ¿Por qué los personajes de las fábulas son animales? ¿Por qué los animales tienen que hablar en un cuento? ¿Qué influye en las personas que sus personalidades sean comparadas con las de un animal? ¿Por qué los animales de una fábula son más atractivos a las personas que si la fábula fuera entre unos amigos en un pub? ¿Por qué el Manchester United ha perdido dos rondas en estos últimos meses?... Total, fui a la entrada del Orfanato que daba vista al bosque, vi que a la lejanía estaba la niña que nos faltaba, hablando hacia los arbustos, no le tomé importancia, teñí la campana que estaba debajo del pórtico.
- ¡Mary! ¡Está oscureciendo, vente ya! -grité. - No vaya a ser que te coma el lobo
La niña se despidió y corrió, pero algo pasó volando cerca de ella, cuando vi que era, abrí a boca tanto como podía al igual que mis ojos, quise gritar, pero si lo hacía, la niña me escucharía, entraría en pánico y en lugar de correr por su vida voltearía y sería atrapada por ese ser…
Detrás de la niña, corriendo a toda velocidad estaba una especie de lobo rojo, grande, algo destellaba blanco en su figura, sus ojos, Giggles. El monstruo quitó algo de la espalda de la niña y se detuvo bruscamente al ver que en el pórtico estaba yo. Se quedó estático como una estatua, nuestras miradas chocaban, ambos nos estábamos viendo, ambos esperábamos un movimiento del otro.
La niña llegó hasta mí.
- ¿Maestra? -me zarandeó mi brazo. - ¿Está usted bien? ¿Qué le pasa?
Volteé a verla, al parecer mi cara la asustó.
-No pasa nada, me acordé de que no he revisado sus tareas.
Volteé al ser, se había ido. Las historias eran verdad, los niños no mentían, los monstruos de los cuentos de mi infancia siempre eran reales.
-Ven conmigo, no salgas a estas horas y mucho menos al bosque, es peligroso.
Pasó el tiempo cada vez que volteaba al bosque, tenía la sensación de que alguien me observaba, entre la penumbra, que ese ser de pesadilla estaba ahí, acechando, los niños dijeron que había otros, puede que también estén escondidos.
Sentí que mi compromiso como tutora era más grande ahora que vi esa cosa, así que terminé por mudarme al orfanato, rentando un cuarto poniendo la excusa que me aburría estar yendo de mi casa al trabajo. Además, no soy la única profesora que vive aquí, otros ocho maestros también están. Me otorgaron la habitación que daba vista al bosque, a través de un ventanal de tres vistas, la cama daba directamente visión a esta, por lo que cada mañana vería el bosque.
Seguí con mis clases normales, cada vez se hablaba menos de Giggles y compañía, pero escuché que un alumno decía “…Ni idea, sólo dijo que no podía porque lo habían visto”
¿Entonces? ¿Qué intención tenían esos seres en el bosque? No podía comunicarme con mis compañeros porque la premisa de que unos tipos de apariencia de animales están atrayendo a los niños al bosque sonaba un poco excéntrica, tampoco podía dar a conocer el caso a la policía porque en cuanto les cuente que “tiene orejitas puntiagudas, es de color rojo y sus ojos están en blanco”, me responderán que tome mis pastillas y visite al médico.
Una noche, mientras dormía, tenía pesadillas, soñaba que los niños corrían despavoridos gritando al ver como una silueta oscura se paseaba por los corredores, haciendo gruñidos, con los ojos en blanco y emanando un humo rojo de su cuerpo como si fuera un demonio. Algo me despertó, estaba lloviendo me hizo voltear al ventanal. Me invadió el miedo y grité, pero fue tal mi impresión que no salió nada de mi boca.
Aquellos cuatro seres estaban postrados sobre mi ventana, sujetándose de la nada, sus ojos les brillaban de una forma fantasmagórica, la oscuridad de la noche revelaba sólo sus siluetas, La Luna, les daba un toque lúgubre. Estaban inmóviles, contemplándome, el cristal se empeñaba cuando de sus hocicos salía vapor por el frío.
Me petrifiqué, sabía que ellos estaban consientes de que me había despertado y los estaba observando. Que estaba al borde de gritar y suplicar por ayuda pero que de alguna forma no me iba a servir por el terror que tenía. De alguna forma quería creer que eran producto de mi imaginación, pero no lo eran si el sonido de la madera cruje de que algo está sobre ella. Pero esos ojos, rojo, blanco verde y morado tenían un toque impío.
- ¿Qué es lo que quieren? Logré decir en voz alta
La de los ojos verdes se volteó ligeramente al de los ojos en blanco, este bruscamente se volteó hacia ella gruñendo como sólo los cánidos pueden hacerlo y siguieron postrando su mirada sobre mí. Me cubrí por completo con las sábanas, ocultando hasta el último de mis cabellos. “Nada más escucho el cristal abriéndose y juro que corro a la puerta gritando como loca”. De vez en cuando daba un vistazo hacia el ventanal, seguían ahí esos ojos del Diablo. No sé, las horas eran eternidades, tanto así que al día siguiente estaba tan mal que tenía clases y las tuve que suspender y visitar al doctor de la escuela.
Quiso sincerarse conmigo sobre qué me había pasado, pues mi salud se había deteriorado de un día a otro. Como pude le conté mi relato, no me creyó, pensó que tuve una pesadilla, producto de los dibujos de mis estudiantes, aún así me ayudó a superar mi condición física. Pasando las noches, ya no veía a esos seres, los niños tampoco hablaban de ellos con la misma frecuencia que antes, pero si reforzaron la seguridad del orfanato. Curiosamente le pregunté al guardia del lugar del porqué de las medidas, su respuesta me dejó impactada.
-Las cámaras de seguridad fallan en ciertos momentos, los sensores de detección de movimiento se apagan y encienden a cada rato y además están diciendo que se están llevando a los niños.
- ¿Quiénes?
-No lo sé, pero me extraña la frecuencia con la que los desaparecen y el cómo
- ¿A qué se refiere con el cómo?
-Los niños que desaparecen, no dejan rastro alguno de violencia ni de pedir ayuda, es como si sus captores fueran su mejor amigo…
Esa noche otra vez empecé a tener pesadillas, me desperté, lentamente moví mi cabeza al ventanal, ahí estaban. Sin embargo, me di cuenta de algo, ya no me daban tanto miedo y podía contemplarlos sin reacción alguna. Lo mismo las noches que siguieron, se me aparecían en la ventana como siempre y esas veces las hice para reflexionar lo siguiente: Esos seres no dan miedo. Lo que pasa es que tienen un aspecto que puede resultar atractivo hacia los niños, como lo sería un gato o un perro, si estos animales muestran un comportamiento suave, dócil y simpático, los niños sentirán confianza, que por ende los hace acercarse, pero si el animal muestra comportamientos agresivos, enseñan sus dientes o hacen gruñidos, se alejarán. Este comportamiento también lo vemos en esos seres, en los Ojos del Diablo (Así los llaman en España, lo leí en un artículo de la BBC, por lo menos no soy la única que los ha visto). Ellos atraen a los niños quizá de una forma adorable (y lo más probable es que también de día), sus formas de actuar y de vestir parecen sacadas de un cuento de hadas o de una serie de TV que los niños han visto y les gusta.
Además, los adultos y los niños no tienen la misma forma de pensar, para ellos es que Los Ojos del Diablo son enviados de un reino para rescatarlos mientras que en la vida adulta es más que obvio que son secuestradores. Pero tengo la sensación de que hay algo más, quizá un fin religioso o de personalidad, pues esas formas de actuar y de vestir no son para entablar amistad con los niños, sino de entablar una conexión directa con su personalidad. Un ejemplo: Cuándo fuiste una niña ¿Te pusiste a pensar en qué animal podrías ser? ¿Por qué elegiste ese animal, qué te gusta de él? ¿Cómo lo relacionas contigo? De niña quería ser un búho, porque es un animal inteligente, puede volar y todo mundo grita de emoción cuando lo ve. (Irónicamente hoy soy ese búho, pero no vuela, a menos que tome el transporte público que si lo hace, o un avión).
De hecho, tampoco creo que sean animales al 100%, pues a veces, la gata saca un teléfono y calla la llamada, actitud que vemos en las sociedades cosmopolita. El lobo con falda saca una barra de cereal y la empieza a comer (Marca Kellogg), la Cierva se deja caer sobre el cristal, denotando su aburrimiento o el tal Giggles, consulta su reloj. De alguna forma viven entre nosotros.
Sólo que esa noche, Giggles le dio un golpecito al cristal, cuya intención aún desconozco, pero este se abrió de par en par dejando entrar el aire frío. En cuanto sentí como la temperatura rozó la piel de mi rostro caliente, el pensamiento de que se dieron cuenta que la ventana nunca había estado asegurada y que se puedan meter, que el único impedimento entre pasearse entre los pasillos y tomar a cuantos niños puedan o quedarse afuera, soy yo…
Dejé que el fantasma de William Wallace me poseyera, me entró un arrebato de adrenalina, salí en un segundo de la cama y empecé a gritarles que se largaran, tomé el despertador y lo arrojé contra la ventana, este pegó contra el marco haciendo resonar el cristal.
- ¡LÁRGUENSE, FUERA! ¡FUERA!
Tomé una silla quise arrojarla, pero salió de mis manos y rodó por el suelo, tomé los libros de mi buró y los lancé hacia los seres. Tres empezaron a huir, pero el dichoso Giggles se quedó estático, no supo reaccionar y algunos libros le empezaron a pegar. Tomé el libro de álgebra y se lo lancé a la cabeza, este cayó del edificio haciendo un sonido de dolor semejante al de un perro, sólo escuché que su cuerpo pegó contra el césped y me asomé, Giggles cojeaba, al parecer cayó mal, de la nada, la gata y la cierva corrieron hasta él para ayudarle a escapar hacia el bosque.
Se empezó a escuchar bullicio en el pasillo, abrieron mi puerta, los demás maestros y algunos niños miraban extrañados.
- ¿Profesora McMorrison? ¿Qué pasa?
-Nada, tuve una pesadilla
Luego tendría una difícil conversación con mis compañeros de trabajo y el director del orfanato de mi actitud, no me importó mucho el regaño, después de todo fui yo quien hice un bien mayor.
Al día siguiente todo mundo estaba moviéndose, yo me había quedado dormida, tratando de recuperar mi dignidad, que pronto se volvería parte del meollo: habían encontrado huellas en dónde dije que había caído ese ser. Y no sólo eso, Mary, la niña del peluche de una orca, estaba desaparecida. En dónde debería estar dormida sólo encontraron piedras, piedras de aspecto árido, provenientes de Norteamérica, El quinto Ojo del Diablo “Ref”, se había llevado a la niña mientras dormía.
Autor: Manuel RM Reyes
Fragmento Cortesía de Cosasdechicas.com, en la sección “Anécdotas”
Hola, mi nombre es Juliette, unas amigas me comentaron acerca de este sitio, ¡Vaya que tiene historias interesantes! Me alegra que muchas de nosotras podamos expresar nuestros temores y tribulaciones sin ninguna repercusión o rechazo. He venido aquí para hacer una advertencia a la vez que lo voy a contar como algo que me pasó hacia mitad del año. Sé que va a ser difícil de digerir, pero creo que está ligado con lo último que ha estado pasando en estos últimos meses, acerca de los rumores.
Trabajé un tiempo como docente en “Wallace’s and sons”, una escuela secundaria al sur de Escocia, pero luego de dos años me ofrecieron trabajar con niños huérfanos en “New Smiles”, que queda cerca de un bosque, esto debido a que tengo un fuerte don para atender a niños que han tenido una difícil etapa en su vida. Me ofrecieron el puesto como tutora y maestra de inglés, no me fue difícil adaptarme a los niños y que ellos pudiesen sentir simpatía conmigo. Sin embargo, mientras daba mis clases, ya saben como son los niños, nunca se callan y hablan en voz baja mientras el maestro en turno se voltea a la holo-pizarra para escribir o extraer un artículo del internet... Noté que varios niños hablaban de unos amigos que se encontraban en el bosque.
-Hablé con Giggles la otra vez
- ¿Qué te dijo?
-Me habló acerca de las rocas, que tienen poderes
- ¿Sí?
-La verdad no lo sé, confío más en Mom-paw…
- ¿Van a atender la clase, niños? -dije mientras terminaba de apuntar algo
-Lo sentimos profesora McMorrison
-No es momento de hablar de amigos imaginarios, cuando acabemos la clase pueden tener toda la libertad de hacerlo
Al principio no le tomaba importancia, pero como dije, eran varios los niños quienes hablaban de Giggles, Mom-paw, Whiskers y Hug-Cub. Me resultaba extraño que esos amigos imaginarios estuvieran en las boquitas de diferentes niños que no tenían conexión de amistad entre sí, me refiero que a que no convivían con cierto niño o que este convivía con otros de su tipo, pero que aun así hablaba de esa compañía.
Pensé en que había unos desconocidos en el bosque como en las historias de mi niñez, pero lo deseché, los sistemas de seguridad los habrían visto y la policía daría cuenta de ello. Puede que después de todo si sean amigos imaginarios. Hasta que encontré los regalos
- ¿Quién te lo dio, la maestra Norris? -pregunté en una ocasión al ver que una niña sostenía una orca de peluche
-Se llama Willy -me dijo la niña con ese talante de pseudo ofensa que hacen luego los niños. - y me lo dio Whiskers
- ¿Whiskers? ¿Es un compañerito tuyo?
-No -y abrazó fuerte a su peluche. - Es mi amigo del bosque
Eso me dejó en claro que había algo en él, un criminal probablemente, pero aún así no me atreví a conjeturar nada, quizá se había inventado a alguien y en realidad si se lo había regalado mi compañera Norris, maestra de Historia.
-Dime ¿Te encuentras bien? -me dijo un compañero
Asentí con la cabeza y luego le expliqué lo de los amigos imaginarios y el peluche de aquella niña.
-A esa edad los niños aman contar historias, además Mary (que así se llama la niña) trata de superar la muerte de sus padres, es posible que busque refugiarse en una compañía y hacerla ver como si fuera real, aunque si tiene que darle una vuelta a la Señora Thompson nuestra psicóloga.
Traté de calmarme, debía hacer caso omiso de esos amigos imaginarios y centrarme en su aprendizaje, pero salían con cada historia que era difícil saber si lo que estaban contando era un cuento o algo más. Lo único claro que tenía era que, durante mi infancia, el bosque era un lugar de misterio, de fábulas, algunas eran para divertirte y enseñarte algo de la vida, mientras que otras eran para tomar conciencia y ser precavidos. Un ejemplo es caperucita roja, ella puede ser cualquiera de nosotros sin importar su sexo o clase social, el lobo puede ser desde un ratero hasta un criminal experimentado, ese era mi cuento favorito no por otra cosa sino por su contextualización que se le puede dar, quitando la parte fantasiosa y poniéndolo en un plano realista. Los niños no tienen una noción del peligro como nosotros los adultos, pero es necesario ponerles prácticas que pueden ayudarles a salvaguardar su integridad.
Empecé a contarles cuentos al final de la clase para que tuvieran cuidado, les contaba Pinocho, Juan sin miedo, Los tres amigos y la muerte, Pedro y el lobo, entre otros. A veces les daba consejos como “Nunca aceptes nada de un extraño”, “Si ves a alguien que no reconoces, pide ayuda” “Las buenas intenciones a veces pueden ser lo contrario”.
- ¿Eso incluye a Whiskers?
- ¿Quién es tu amigo Whiskers? -me imaginaba que me iba a responder
-Mi amigo del bosque
-Oh, vaya ¿Dónde lo puedo encontrar?
-No muy lejos -respondió otro chico. - está pasando el puente roto
- ¡Oye eso si es lejos! -dijo una niña. - eso está llegando a la carretera abandonada
Antes de que mi salón se saliese de control, pedí como actividad para la siguiente clase, que trajeran crayones, tijeras y pegamento para una sorpresa.
Aprovechando que mi clase era dentro de dos días, aproveché un descanso para tomar mi bici y pasera por el bosque, el bosque es seguro, no hay osos, ni lobos, pero hay zorros y luego hacen ruidos raros y más cuando gritan. Llegué al puente roto, un puente de roca que al parecer destruyeron hacia unos años, debajo de él un riachuelo deja en claro que alguna vez fue grande, no vi nada salvo un búho que capturé con mi cámara para mi cuenta de Facebook. Fui un poco más allá, llegué a la carretera abandonada que si se le sigue hasta el final llegamos a una planta nuclear abandonada, pero no quise ir ahí, el urbex me da miedo. No vi nada.
Al día siguiente, en mi clase, con la intención de que me creasen una historia en equipos sobre sus amigos imaginarios, tenían que dibujarlos sobre una cartulina que les otorgué. La verdad me sorprendió la precisión de los detalles de los personajes, excepto de un equipo que no tenía ni idea de quienes eran los personajes que sugerí, pero igual dibujaron a Harry Potter y a Batman, ¿Coincidencia? no lo creo.
Whiskers era una gata que vestía ropas rockeras y múltiples cadenas alrededor de su cuerpo, sus ojos eran morados y tenía el cabello pintado de rosa.
Mom-paw era una cierva que vestía una falda blanca y una especie de camisa grisácea que portaba un cetro dorado como su cabello, sus ojos eran verdes.
Hug-Cub era un lobo joven que vestía una falda corta, una camisa de red y un látigo, tenía un largo cabello negro y sus ojos era rojos. A decir verdad, este me extrañó bastante por sus elementos que los verías en la mentalidad de un adolescente, no en un niño.
Giggles también era un lobo, pero su color era rojo como su cabello, vestía ropas antiguas y tenía una espada que era blanca como la nieve, igual que sus ojos.
Pero hubo uno que nunca mencionaron y que sólo dibujo un equipo, al que le pusieron el acrónimo de “Ref”: un coyote con un sombrero largo y circular, tipo vaquero, con un guardapolvo verde y largo como una capa, unas cananas y un revólver. Sus ojos no se los dibujaron “Que el sombrero no los deja ver, además, siempre está cabizbajo”
Me contaron sus cuentos, al terminar les di sus respectivos puntos y luego se fueron una vez acabada la clase. Me preocupó la precisión de todos los equipos en cuanto a los personajes, fueron precisos con los colores que usaban, sus ítems y los nombres, los niños suelen cambiar los colores cuando van a contar un relato, aquí no lo hicieron y sólo lo hacen cuando tienen una referencia de primera mano: conviviendo con él.
En una ocasión mientras reflexionaba: ¿Por qué los personajes de las fábulas son animales? ¿Por qué los animales tienen que hablar en un cuento? ¿Qué influye en las personas que sus personalidades sean comparadas con las de un animal? ¿Por qué los animales de una fábula son más atractivos a las personas que si la fábula fuera entre unos amigos en un pub? ¿Por qué el Manchester United ha perdido dos rondas en estos últimos meses?... Total, fui a la entrada del Orfanato que daba vista al bosque, vi que a la lejanía estaba la niña que nos faltaba, hablando hacia los arbustos, no le tomé importancia, teñí la campana que estaba debajo del pórtico.
- ¡Mary! ¡Está oscureciendo, vente ya! -grité. - No vaya a ser que te coma el lobo
La niña se despidió y corrió, pero algo pasó volando cerca de ella, cuando vi que era, abrí a boca tanto como podía al igual que mis ojos, quise gritar, pero si lo hacía, la niña me escucharía, entraría en pánico y en lugar de correr por su vida voltearía y sería atrapada por ese ser…
Detrás de la niña, corriendo a toda velocidad estaba una especie de lobo rojo, grande, algo destellaba blanco en su figura, sus ojos, Giggles. El monstruo quitó algo de la espalda de la niña y se detuvo bruscamente al ver que en el pórtico estaba yo. Se quedó estático como una estatua, nuestras miradas chocaban, ambos nos estábamos viendo, ambos esperábamos un movimiento del otro.
La niña llegó hasta mí.
- ¿Maestra? -me zarandeó mi brazo. - ¿Está usted bien? ¿Qué le pasa?
Volteé a verla, al parecer mi cara la asustó.
-No pasa nada, me acordé de que no he revisado sus tareas.
Volteé al ser, se había ido. Las historias eran verdad, los niños no mentían, los monstruos de los cuentos de mi infancia siempre eran reales.
-Ven conmigo, no salgas a estas horas y mucho menos al bosque, es peligroso.
Pasó el tiempo cada vez que volteaba al bosque, tenía la sensación de que alguien me observaba, entre la penumbra, que ese ser de pesadilla estaba ahí, acechando, los niños dijeron que había otros, puede que también estén escondidos.
Sentí que mi compromiso como tutora era más grande ahora que vi esa cosa, así que terminé por mudarme al orfanato, rentando un cuarto poniendo la excusa que me aburría estar yendo de mi casa al trabajo. Además, no soy la única profesora que vive aquí, otros ocho maestros también están. Me otorgaron la habitación que daba vista al bosque, a través de un ventanal de tres vistas, la cama daba directamente visión a esta, por lo que cada mañana vería el bosque.
Seguí con mis clases normales, cada vez se hablaba menos de Giggles y compañía, pero escuché que un alumno decía “…Ni idea, sólo dijo que no podía porque lo habían visto”
¿Entonces? ¿Qué intención tenían esos seres en el bosque? No podía comunicarme con mis compañeros porque la premisa de que unos tipos de apariencia de animales están atrayendo a los niños al bosque sonaba un poco excéntrica, tampoco podía dar a conocer el caso a la policía porque en cuanto les cuente que “tiene orejitas puntiagudas, es de color rojo y sus ojos están en blanco”, me responderán que tome mis pastillas y visite al médico.
Una noche, mientras dormía, tenía pesadillas, soñaba que los niños corrían despavoridos gritando al ver como una silueta oscura se paseaba por los corredores, haciendo gruñidos, con los ojos en blanco y emanando un humo rojo de su cuerpo como si fuera un demonio. Algo me despertó, estaba lloviendo me hizo voltear al ventanal. Me invadió el miedo y grité, pero fue tal mi impresión que no salió nada de mi boca.
Aquellos cuatro seres estaban postrados sobre mi ventana, sujetándose de la nada, sus ojos les brillaban de una forma fantasmagórica, la oscuridad de la noche revelaba sólo sus siluetas, La Luna, les daba un toque lúgubre. Estaban inmóviles, contemplándome, el cristal se empeñaba cuando de sus hocicos salía vapor por el frío.
Me petrifiqué, sabía que ellos estaban consientes de que me había despertado y los estaba observando. Que estaba al borde de gritar y suplicar por ayuda pero que de alguna forma no me iba a servir por el terror que tenía. De alguna forma quería creer que eran producto de mi imaginación, pero no lo eran si el sonido de la madera cruje de que algo está sobre ella. Pero esos ojos, rojo, blanco verde y morado tenían un toque impío.
- ¿Qué es lo que quieren? Logré decir en voz alta
La de los ojos verdes se volteó ligeramente al de los ojos en blanco, este bruscamente se volteó hacia ella gruñendo como sólo los cánidos pueden hacerlo y siguieron postrando su mirada sobre mí. Me cubrí por completo con las sábanas, ocultando hasta el último de mis cabellos. “Nada más escucho el cristal abriéndose y juro que corro a la puerta gritando como loca”. De vez en cuando daba un vistazo hacia el ventanal, seguían ahí esos ojos del Diablo. No sé, las horas eran eternidades, tanto así que al día siguiente estaba tan mal que tenía clases y las tuve que suspender y visitar al doctor de la escuela.
Quiso sincerarse conmigo sobre qué me había pasado, pues mi salud se había deteriorado de un día a otro. Como pude le conté mi relato, no me creyó, pensó que tuve una pesadilla, producto de los dibujos de mis estudiantes, aún así me ayudó a superar mi condición física. Pasando las noches, ya no veía a esos seres, los niños tampoco hablaban de ellos con la misma frecuencia que antes, pero si reforzaron la seguridad del orfanato. Curiosamente le pregunté al guardia del lugar del porqué de las medidas, su respuesta me dejó impactada.
-Las cámaras de seguridad fallan en ciertos momentos, los sensores de detección de movimiento se apagan y encienden a cada rato y además están diciendo que se están llevando a los niños.
- ¿Quiénes?
-No lo sé, pero me extraña la frecuencia con la que los desaparecen y el cómo
- ¿A qué se refiere con el cómo?
-Los niños que desaparecen, no dejan rastro alguno de violencia ni de pedir ayuda, es como si sus captores fueran su mejor amigo…
Esa noche otra vez empecé a tener pesadillas, me desperté, lentamente moví mi cabeza al ventanal, ahí estaban. Sin embargo, me di cuenta de algo, ya no me daban tanto miedo y podía contemplarlos sin reacción alguna. Lo mismo las noches que siguieron, se me aparecían en la ventana como siempre y esas veces las hice para reflexionar lo siguiente: Esos seres no dan miedo. Lo que pasa es que tienen un aspecto que puede resultar atractivo hacia los niños, como lo sería un gato o un perro, si estos animales muestran un comportamiento suave, dócil y simpático, los niños sentirán confianza, que por ende los hace acercarse, pero si el animal muestra comportamientos agresivos, enseñan sus dientes o hacen gruñidos, se alejarán. Este comportamiento también lo vemos en esos seres, en los Ojos del Diablo (Así los llaman en España, lo leí en un artículo de la BBC, por lo menos no soy la única que los ha visto). Ellos atraen a los niños quizá de una forma adorable (y lo más probable es que también de día), sus formas de actuar y de vestir parecen sacadas de un cuento de hadas o de una serie de TV que los niños han visto y les gusta.
Además, los adultos y los niños no tienen la misma forma de pensar, para ellos es que Los Ojos del Diablo son enviados de un reino para rescatarlos mientras que en la vida adulta es más que obvio que son secuestradores. Pero tengo la sensación de que hay algo más, quizá un fin religioso o de personalidad, pues esas formas de actuar y de vestir no son para entablar amistad con los niños, sino de entablar una conexión directa con su personalidad. Un ejemplo: Cuándo fuiste una niña ¿Te pusiste a pensar en qué animal podrías ser? ¿Por qué elegiste ese animal, qué te gusta de él? ¿Cómo lo relacionas contigo? De niña quería ser un búho, porque es un animal inteligente, puede volar y todo mundo grita de emoción cuando lo ve. (Irónicamente hoy soy ese búho, pero no vuela, a menos que tome el transporte público que si lo hace, o un avión).
De hecho, tampoco creo que sean animales al 100%, pues a veces, la gata saca un teléfono y calla la llamada, actitud que vemos en las sociedades cosmopolita. El lobo con falda saca una barra de cereal y la empieza a comer (Marca Kellogg), la Cierva se deja caer sobre el cristal, denotando su aburrimiento o el tal Giggles, consulta su reloj. De alguna forma viven entre nosotros.
Sólo que esa noche, Giggles le dio un golpecito al cristal, cuya intención aún desconozco, pero este se abrió de par en par dejando entrar el aire frío. En cuanto sentí como la temperatura rozó la piel de mi rostro caliente, el pensamiento de que se dieron cuenta que la ventana nunca había estado asegurada y que se puedan meter, que el único impedimento entre pasearse entre los pasillos y tomar a cuantos niños puedan o quedarse afuera, soy yo…
Dejé que el fantasma de William Wallace me poseyera, me entró un arrebato de adrenalina, salí en un segundo de la cama y empecé a gritarles que se largaran, tomé el despertador y lo arrojé contra la ventana, este pegó contra el marco haciendo resonar el cristal.
- ¡LÁRGUENSE, FUERA! ¡FUERA!
Tomé una silla quise arrojarla, pero salió de mis manos y rodó por el suelo, tomé los libros de mi buró y los lancé hacia los seres. Tres empezaron a huir, pero el dichoso Giggles se quedó estático, no supo reaccionar y algunos libros le empezaron a pegar. Tomé el libro de álgebra y se lo lancé a la cabeza, este cayó del edificio haciendo un sonido de dolor semejante al de un perro, sólo escuché que su cuerpo pegó contra el césped y me asomé, Giggles cojeaba, al parecer cayó mal, de la nada, la gata y la cierva corrieron hasta él para ayudarle a escapar hacia el bosque.
Se empezó a escuchar bullicio en el pasillo, abrieron mi puerta, los demás maestros y algunos niños miraban extrañados.
- ¿Profesora McMorrison? ¿Qué pasa?
-Nada, tuve una pesadilla
Luego tendría una difícil conversación con mis compañeros de trabajo y el director del orfanato de mi actitud, no me importó mucho el regaño, después de todo fui yo quien hice un bien mayor.
Al día siguiente todo mundo estaba moviéndose, yo me había quedado dormida, tratando de recuperar mi dignidad, que pronto se volvería parte del meollo: habían encontrado huellas en dónde dije que había caído ese ser. Y no sólo eso, Mary, la niña del peluche de una orca, estaba desaparecida. En dónde debería estar dormida sólo encontraron piedras, piedras de aspecto árido, provenientes de Norteamérica, El quinto Ojo del Diablo “Ref”, se había llevado a la niña mientras dormía.
Category Story / Fantasy
Species Unspecified / Any
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