Knight-Lord experiment: El Secreto de los Nahuales
Este es el penúltimo cuento conceptual de Knight-Lord (el 6°) pero como como ya le había mandado a crear la portada (http://www.furaffinity.net/user/nekoraimu/), por eso lo pongo. Espero que les sea de su agrado.
Nota: La siguiente obra maneja términos coloquiales de México, por lo que es probable que requieras de ayuda de términos en algunas partes.
Autor: Manuel RM Reyes
…Déjame entender algo… ¿Quieres conocer mi vida o conocer a los nahuales? Bueno, no importa, de todas formas, tengo una historia que responde ambas preguntas. ¡Camarera, tráenos un par de tequilas, del bueno, un vaso para mí y otro para este “We”!
Verás, yo nací un 10 de abril de 2588 en Toledo, Tamaulipas. Toledo es un pueblo de reciente creación por parte del presidente en turno. “Por un México libre de violencia” Irónico, el pueblucho estaba en el mero ojo del Averno. Este pueblo era tranquilo pero con mucha tristeza, no había ni un solo día en que alguien se quejara por tener a un familiar desaparecido o muerto, tal como lo fue mi padre antes de que yo naciese, cuentan que era un lugarteniente del Cártel de San La Muerte, el cártel más poderoso de México, para que te hagas una idea, hace siglos la fundó el Chapo Guzmán y hubo narcos temidos y poderosos como Mario Marín, El “Triste” Alatriste, “San” Pedro Marfil entre otros, tuvo diversos nombres con el paso del tiempo. Los constantes asaltos, “levantones”, robos y descuidos por parte del gobierno, hicieron que el lugar tomase un aspecto parecido al de un pueblo del año 2006, pero con las carencias de uno de 1910. Nada de carros voladores, ni hologramas, nada de tecnologías de punta.
Mi madre decía que él, mi padre, murió intentando escapar del cártel con tal de volver con ella, le dispararon ya llegando a casa. Mamá cuidó de mi hermana y de mí, nos consentía, era una mujer increíblemente maravillosa, gentil y hermosa, muy hermosa. Era una mujer de piel morena como la tierra de México, con un largo cabello negro azabache como el mío, sólo que ella se lo dejaba suelto y yo me lo peino en trenza.
-No hay que temer a la oscuridad Refugio -decía mi madre
-Me da miedo la oscuridad, de ahí salen los monstruos -decía yo a los 8 años, siempre me dio miedo la oscuridad.
-Mi niño, en la oscuridad no hay nada, además, tenemos a Dios en el cuarto -señalaba a un Jesucristo colgado en la puerta de mi cuarto. - Además, estoy contigo, ya duérmete.
Tras un beso de buenas noches, dormí. Cuando niño, los cuentos de terror que contaban en mi escuela me afectaban muchísimo, no podía mirar hacia la penumbra porque inmediatamente me ponía a chillar, y casi muero esa noche.
Escuché que algo cayó del techo, me despertó, me giré y vi como un par de ojos centellantes me miraban desde el suelo, quise gritar, pero era tal mi miedo que no podía hacerlo, luego esa figura saltaba hacia mi cama, luego se desplazaba lentamente hacia mi cabeza. ¿Cómo reaccionas ante unos ojos verdes que centellan como vidrio en la penumbra? Entonces maulló. Todo miedo se disipó, esos ojos dejaron de darme miedo.
- ¡Clotilde! -ese era el nombre de la gata que no dudé en acariciarla entre las sombras. - ¡Qué bueno que eres tú Clotilde!
Acaricié hasta dormirme con el animal, pero como es la naturaleza de los gatos, al día siguiente se fue con nuestra vecina y homónima, Doña Clotilde García, esa señora sí que amaba los gatos, tenía diez gatos del cual su favorito era la gata negra que compartía su nombre.
La gata me daba cobijo en muchas noches, ahí le fui perdiendo el miedo, me hice la filosofía de que en la oscuridad puedes descubrir sorpresas que la luz no te permite. Un año después, tras salir de la primaria y entrar a la “secu”, me encontraría a mi primer enemigo Oscar… ¡PUAJ!
Permíteme un segundo ¡Camarera! ¡CAMARERA! ¡¿A esto le llama tequila?!
-Usted pidió “del bueno”
- ¡El Tequila bueno se hace en Jalisco! Deme la botella ¿De dónde es? Estados Unidos… con razón, se creen expertos tomando una vez alcohol y no hacen más que volverse mediocres buscando imitarlo, ¡DEME TEQUILA AHORA MISMO O SE QUEDA SIN PROPINA! ¡LLAME AL GERENTE DE ESTE BAR!
-Idiota
Como sea, volviendo a mi relato… Oscar, no sé que tenía en su cabeza de chorlito, pero tenía algo con mi madre, estaba enamorado de ella, pero no de una forma sana, ni idea de por qué ella y no mi hermana Itzel, de por sí nunca me llevé con mi hermana, me encantaba levantarle la falda para burlarme de las florecitas que tenía su ropa interior, ya te has de imaginar que tipo de relación era. Sin embargo, como bien sabes, en México hay dos mujeres con las que no te debes meter, puedes meterte con las demás menos con estas dos: la Virgencita de Guadalupe y nuestra mamá, porque te metes con una y es sentencia de muerte.
En una ocasión, saliendo de la escuela, cuando me proponía a dar una vuelta escuché un quejido familiar, al dar la vuelta solté mi mochila, estupefacto, mi madre yacía en el suelo atontada, tenía la falda rota, pues le habían pasado un machete por esta, Óscar y algunos de sus amigos reían.
- ¡¿Qué haces?! -corrí hasta mi madre, la ayudé a levantarse
-Refugio, niño de mami, no pensé que salieras temprano
Mi madre no solía expresar cuando algo le hacía daño, casi no hacía ruido cuando se lastimaba, era muy dócil, y eso me preocupaba.
-No pasa nada, sólo me equivoqué de camino -me dijo mientras se tocaba su muslo, verificando si no había sangre.
- ¡Discúlpate con ella!
Los amigos de Oscar se rieron, él se me acercó y me dio un puñetazo que me derribó, obviamente terminé llorando.
- ¡Refugio! -mi madre me tomó, trató de reanimarme
-Nos veremos pronto, señorita Valverde
Mamá tuvo tentaciones de denunciarlo múltiples veces, pero Oscar era perteneciente a una banda de cholos de la zona y quién sabe que hubieran hecho si ella los denunciase. Día a día cambiábamos de ruta volviendo de la escuela o de la tiendita de la esquina en el caso de mi madre, evitábamos a toda costa encontrarnos con la banda de Oscar, para colmo, trunqué mi secundaria por falta de ingresos, mi hermana apenas terminó su primaria. Que va…
- ¡Vuelve a acosar a mi madre y juro que te mato Oscar!
En una ocasión sorprendí a Oscar seguir a mi madre a escondidas hasta nuestro hogar. Por mi parte, sin nada que hacer, jugaba con unos cables que me encontré en la calle. A pesar de estar dañados, los hice funcionar para que moviesen un pequeño engrane que debió haber pertenecido a un juguete, un carro tal vez.
-Estoy armado con mi machete, Refugio, eres tonto intentar atacarme
Lo razoné delante de él, fue tonto, me quedé pensando en mi acto, el hecho de haber abordarlo solo no quiere decir que esté indefenso, en eso me madruga… por fortuna esquivé a tiempo el primer corte. Si hay algo que me distinguió tras la derrota anterior y siempre me distinguirá, son mis reflejos a corta distancia, me trató de rebanar el muy loco, pero esquivaba todos sus ataques, tropecé y aún seguía evitándolo, me levanté con rapidez, quise quitarle el machete, pero no podía porque el “vato” era más fuerte que yo. Pero si eres oportunista, te darás cuenta de que abres posibilidades esperando y actuando en el momento perfecto: Oscar no sabía usar el machete, lo soltó y antes de que cayera al suelo, lo tomé y se lo apunté, era como sostener una espada…
-Si me haces algo, mis chavos y yo te haremos daño
-Si me mataras la policía investigaría el caso y probablemente no te dejen salir, además mi madre ya tiene todo un historial contra ti, sólo dale la oportunidad
- ¿Vas a hacerme daño?
Negué con la cabeza, no está en mi naturaleza quitarle la vida a alguien más, aparté el machete y me fui retirando, hasta que me provocó con ese innecesario comentario.
-Le haré una visita a tu madre Refugio, ¿Qué tal esta noche? Quizá por fin haga ruido
Ante la idea de ver a mi madre gritando, suplicando por ayuda me llenó de rabia, tanta que me impidió pensar, le lancé el machete no hacia su cuerpo, pero lo arrojé con tanta fuerza y tan al azar que no conté que le cortaría de forma limpia su mano. El resto es historia, me fichó la policía, me llamaron homicida, la madre de Oscar me obligó a pagar la cirugía de recuperación de su mano y obviamente ya no podía salir a la calle sin ser vigilado por ellos o la policía.
¡AHHH! ¿Sabes qué es gracioso? La peor parte no fue por mi delito, sino por el regaño de mi mamá, me hizo recordar los pocos ingresos que teníamos, el futuro de mi hermanita y la deuda de la cirugía del idiota de su acosador, sólo que tras su regaño… disculpa si luego termino llorando… mamá solía desmayarse cuando algo la presionaba, no era natural, era a causa de su enfermedad… nunca me quedó claro que enfermedad era la que tenía pero sabía que era una variación del cáncer. Mi hermana y yo tendíamos a tratar de reanimarla, intentábamos que aquella vez que la encontrásemos arrumbada en el suelo no fuese la última vez que la viésemos con vida.
Mi madre trabajaba en una farmacia que también ofrecía el servicio de abarrotes, mi hermana vendía tamales… todo esto para aumentar de alguna forma los ingresos a la casa… pero yo cometí una de las estupideces más grandes de mi vida y que aún me arrepiento… De niño siempre quise ser como esos chicos que armaban un robot y les daban cupo para ir a la NASA allá en los “Unites”. ¿En qué estaba pensando cuando me uní al narcotráfico?
- ¿Qué hiciste? -mi hermana me decía mientras trataba de reanimar a mi madre en una ocasión, de hecho, acariciaba su cabello como si en algún momento nos fuese a proteger ante todo mal.
-Necesitamos ingresos Itzel -dije. - pensé que con ellos podría tener algo
- ¡Refugio! ¡¿Qué hará mamá sin ti?! ¡¿Qué vamos hacer sin ti?! ¡El promedio de vida de un narco es de un mes! ¡¿Por qué lo hiciste?!
Entonces dejó a mi mamá y me abrazó. Aunque siempre nos llevamos como el cuerno, siempre nos quisimos, la abracé, no sabía que estaba haciendo. Pero después de todo, un narco no dura mucho en el ambiente, mucho menos en Toledo.
Mi vida como narco fue para garantizarme protección a mí y a mi familia, pero me dejaron en claro que, si cometía un error, les harían una visita a ellas dos, muchos hombres contra un par de mujeres, ellas no podrían defenderse. No imagino que clase de sufrimiento les harían pasar antes de ser asesinadas. No a mi madre, no a mi hermana, el narco es el infierno mismo, es ahí cuando dejas de ser humano para volverte algo peor que una bestia, una vez que ingresas queda claro que Jesucristo nuestro señor, te negará tu estancia en su Reino.
No quise ser con ellos, me dedicaba a buscar información, mis habilidades para la robótica y la computación me permitieron construir señuelos y buscar información de rivales y posibles víctimas. No sé, de alguna forma también era cómplice de sus asesinatos.
-Novato -me daba unos papeles un compañero. - cámbiale la fecha
Tomé el papel, era un acta de nacimiento de una chava.
-Vamos a usarlo en un tribunal, van a dejar en libertad al Migue
Acepté y empecé a realizar mi magia. Casi no participaba en tiroteos, pero cuando lo hacía, procuraba nunca atinarles a los policías, procuraba tirar a herir o a diestra o siniestra obligándolos a cubrirse.
- ¡Refugio! ¡La próxima vez apunta bien! -me empujaba el señor Maldonado el líder de ese entonces de San La Muerte. - es tu vida o la de ellos ¿Quieres que tu mamá y tu hermana estén solas?
Vaya, el Señor Maldonado era famoso por su tiranía, te llegaba a matar sólo porque le viste feo, asesinó a las maestras de una guardería sólo porque le dijeron que su hijo no participaba en clase. O se cuenta que mandó a quemar un hotel con sus inquilinos adentro porque los dueños se negaron a pagar una cuota. Y lo peor era que tenía a toda la policía del centro y norte de México bajo su bolsillo, en el sur se había granjeado la confianza del ejército mexicano, sabía quiénes eran frágiles y quiénes debían recibir un plomazo. Lo único que no sabía era que yo tenía la mejor puntería de sus hombres, fallaba a propósito…
Trabajé muy bien para el narco, llegué a indicar a quiénes secuestrar, a quiénes contratar y con quiénes podíamos negociar. Gran parte del trabajo lo llegué hacer para contrabandear toda clase de drogas en la frontera con Estados Unidos, nuestro cliente más leal. Empresarios nos tenían carreteras aseguradas, aeropuertos, dinero… sobre todo dinero, nos garantizaban el éxito con tan sólo un clic.
-No me fío de los estadounidenses
-Pero son nuestro cliente preferido, Refugio
-No me gusta la idea de que la DEA está investigándolo
-Te preocupas mucho, Refugio, además recientemente ya me hice la confianza del director de la DEA, se harán patos en la investigación, no llegarán a nada porque no encontrarán nada.
-No me agradan los gringos, nada
-Nada más mírate Refugio, estás bien “negro”, puede que tengas un poco de razón en ese sentido, pero haces más por ellos que ellos por sí mismos
-Personalmente no quiero que me sigan haciendo menos, me aburren
-No seas llorón…
Una vez te dije que no me llevaba bien con los estadounidenses ¿no? Gran parte del tiempo se la pasan haciéndote ver que vales mucho menos de lo que eres, que son la élite del Mundo y casi te restriegan su bandera en la cara. Pero esa es mi percepción puede que contigo haya mejor suerte o simplemente te hayan tocado a los “gringos buenos” como los de las pelis.
En una ocasión, para aumentar mi “lealtad”, me pusieron una prueba, me enviaron a un cuartel en el que solíamos mantener a los secuestrados (de los cuales un alto número fueron por mi culpa), llegamos hasta un cuarto especial donde tenían a un hombre de rodillas, tapado por un trapo, se lo quitaron, se trataba de Oscar.
-Dispárale en la cabeza, lo agarramos revendiendo droga
-Pero…
No me caía bien Oscar, pero nunca le hubiera arrebatado la vida, me pusieron un revólver en la mano, me hicieron apuntarle, pero me quedé petrificado, si le disparaba confiarían en mí y no me crearían problemas, si no lo hacía me harían recordar lo de mis errores, la visita a mamá y a Itzel.
- ¿Qué esperas? Sólo tienes que dispararle
-Refugio, no tienes que hacerme esto, lamento lo que te hice en el pasado, en serio lo siento.
Dicen que sonrío mucho, aquella ocasión mi expresión era de confusión. Pero al final bajé mi arma, no podía hacerlo, le puse el revolver en la mano al señor Maldonado y me fui a poner cerca de una mesa donde trituraban a la gente. Luego escuché a Oscar gritar y el sonido del disparo del revólver, después escucharía su cuerpo caer al suelo.
- ¿Te dijimos cuando entraste a este negocio qué pasaba si errabas?
Asentí dándole la espalda, luego me retiré con prisa, tomé una motocicleta que solíamos usar para exploración y me fui a casa.
- ¡Mi niño! -me dijo mamá al verme en la puerta, estaba rezando a una imagen de una Virgen de Guadalupe, me abrazó. - ¡Qué bueno que estás bien!
-Mamá, ¿Dónde está Itzel?
-La amenazaron de muerte, le dije que huyera, que luego la buscaría
-Pero estaría lo más lejos posible
-Entre más dispersos estemos mejor -me puso un crucifijo dorado en mi mano. - Este crucifijo me lo dio tu padre cuando fuimos de vacaciones a Ciudad de México, quería que viviéramos ahí. Él era más hombre que los que le rodeaban.
- ¿Cómo era papá?
-Era casi como tú Refugio, él quería que cuando nacieses fuese el primero en verte, pero lo mataron a dos meses que faltaban… Era valiente, apuesto, mi querido Emiliano…
Tras esto mamá empezó a toser, lo hizo con tal intensidad que me dio miedo, y luego quedamos atónitos cuando de la boca de mi madre salió sangre, bastante.
-Ay, Dios mío
-Mamá -llegué hasta ella e impedí que se cayera al suelo rodeándola con mis brazos-.
-Curioso, tienes el mismo tacto que tenía mi Emiliano conmigo antes de llevarme a la cama, le encantaba llamarme “princesita”, me alegra que él haya sido tu padre…
Luego cerró sus ojos y se desmayó, no dudé, llamé al hospital, una vez ahí la pusieron en camilla y le dieron los tratamientos posibles para mantenerla consiente, pero me confirmarían algo que no quería escuchar, le quedaban días para que se reunira con nuestro Creador. Lloré.
Más tarde volvería esa noche al cuartel donde mencionaron que le iban a dar una visita a un muchacho que estuve investigando, que nos había denunciado en una ocasión, perdió el juicio, lo desacreditaron y huyó a un pueblo cercano a este, enviaron cuatro camionetas, cada una con seis hombres.
-Hay veces que quiero dejar el narco -me decía Manuel, el único amigo que tenía en el medio. - Pero nos tocó vivir así, que más da, espero que acabe pronto, quizá me maten y al fin pueda expiar mis pecados en el cielo no lo sé
- ¿Qué tal si los dos lo dejamos? Cuando regreses planeamos huir a otro Estado, ir a México D.F, no lo sé, quizá podamos ver el avance tecnológico que nos cuentan mucho por la tele, quizá veamos los nuevos rascacielos flotantes que tiene el Zócalo capitalino, los autos voladores, el nuevo transporte público. Este pueblo tiene la pinta de haber sido creado en la Revolución mexicana que acabó hacia siglos atrás.
-Je je, tal vez, voy a ver qué podemos hacer, mientras, voy a asegurarme de matar yo mismo al tipo, darle una muerte rápida si es necesario con tal de que confíen en mí.
Suspiré con desaliento y asentí. Todos se fueron, me quedé con un puñado de chicos que esperaban su regreso, un par de horas tal vez, pasaron esas dos horas y seguíamos esperándolos, luego cuatro, ya se habían tardado, luego cinco, luego me quedé dormido en la mesa en la que estaba. Soñaba con ser libre, con que pasase los últimos días con mamá en la playa, un sitio en el que ella quería volver a ver. Volver con mi hermana, en seguir levantándole su falda, molestarla, pero al fin y al cabo con ella. Quería ser libre, no estar encadenado a la cadena invisible del narco, la cadena de oro del Diablo…
A media hora de que amaneciera, todo mundo se sobresaltó cuando la puerta sonó al ser aporreada numerosas veces, casi al punto de derribarla.
- ¿Quién es? -dijo el portero mientras cargaba su metralleta AK-57
- ¡SOY PRÉCOMA!
- ¿Quién Précoma?
- ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!
Le abrieron la puerta y el dichoso Précoma, un vato de cabello café de ascendencia italiana entró jadeando, con los ojos increíblemente abiertos, estaba cubierto de tierra y lodo rojo, sólo que ese lodo me incomodó, al parecer había caído en un sitio en el que había…
- ¿Qué pasó?
-NOS EMBOSCARON
- ¿La policía?
-NO
- ¿La Marina?
- ¡NO!
- ¿Los de Nueva Generación?
- ¡NO!
- ¡¿Quiénes fueron?!
- ¡FUERON LOS NAHUALES!
¿Qué? ¿Los nahuales? Rápido para que me entiendas: En México existe una antigua leyenda que data desde los Mexicas acerca de personas que tenían la capacidad de convertirse en animales a voluntad, varía según la región, pero el mito era siempre el mismo. Sólo que, con eso del avance de la tecnología, los celulares, las computadoras, la globalización, en fin, esas historias y las de fantasmas fueron perdiendo el interés general del público, cosa que me resultó totalmente extraña. ¿Nahuales?
- ¿Esa es tu explicación? ¿Nahuales? -decía un compañero. - los demás murieron supongo
Asintió.
- ¡Qué forma más estúpida de excusarte Précoma! -decía otro. - Si perdimos a veintitrés hombres y la explicación es esa, deberíamos ejecutarte
- ¡Ya! -dijo el portero. - Mejor escuchemos lo que tiene que decir. Ahora Précoma, dinos que viste
-Todo iba bien… llegamos a la casa del dichoso Faustino, pero él huyó hasta el terreno baldío, lo alcanzamos a ver, nos llamó la atención la forma en cómo vestía, pero nadie hizo mucho énfasis… lo perseguimos con las camionetas, lo rodeamos, se dejó caer de rodillas en el suelo y lo pudimos ver mejor… nos empezamos a bajar…
-Dijiste que te llamó la atención cómo vestía ¿se travestía?
-Eso pensamos, pero con un toque demasiado… No sé, azteca… vestía una especie de falda blanca, tenía el torso descubierto y tenía tatuajes en forma de manchas de jaguar, tenía los brazos y piernas decorados con brazaletes dorados, muy llamativos y en su cabello había plumas multicolor… Manuel fue el que primero se le acercó pero se detuvo en seco y me llamó, el Faustino ese estaba haciendo un sonido parecido a un sollozo, pero me le acerqué para verlo, su expresión no era de miedo, tampoco lloraba, pero hacía un sonido de tristeza, luego se empezó a tocar su brazalete y nos miró… su mirada nos dio muchísimo miedo, lentamente sus ojos cafés se iban volviéndose verdes y lentamente iban adquiriendo brillo… luego hizo una especie de grito… Dios mío el grito… tras ese grito las luces de las camionetas se apagaron, sus motores, nos dejó en la oscuridad de la noche, casi no se veía nada. Pero de repente nos invadió un miedo…
- ¡¿Miedo?! ¡¿MIEDO?! Matamos familias enteras, soldados, ¿En serio miedo? -decía un compañero-.
-NO ERA CUALQUIER MIEDO… se sentía como si de repente estuviésemos indefensos, todo mundo entró en pánico, Rodolfo se asustó al punto de gritar algo acerca de un demonio y abrió fuego contra nosotros, matando a cuatro de los nuestros, lo tuve que matar… luego se empezó a escuchar como un perro grande y luego alguien gritaba acompañado del sonido de su carne siendo desgarrada, luego otro, y otro… EL AMBIENTE AHORA ERAN GRITOS… corrí, tropecé con una piedra y sentí que mi mano tocaba la cara de alguien en el suelo, pero tenía un corte que iba de su ojo hasta la mandíbula, ¡Sentí que había debajo de su piel, Madre de Dios! Entonces escuché que alguien imploraba por ayuda, se escuchaba que lo habían azotado contra el suelo. Los disparos de los pocos que se atrevieron a abrir fuego denotaban levemente cómo eran… ¡CÓMO ERAN!... sacados del rincón más adentrado del infierno
- ¿Cómo eran?
-Eran como animales, eran muy rápidos, un par de los nuestros vieron como uno de esos seres pasó entre ellos y con tal de matarlo se volaron sus esternones entre ellos.
-Qué estupidez
-María José me dijo que debía mantenerme a cubierto, me empujó hasta unas rocas, se puso detrás de mí, abrió fuego a la nada, quise contestar el ataque cuando sentí algo con pelo detrás de mí, me giré para ver, María José seguía disparando, pero la luz de los fogonazos me dejó ver que no tenía su cabeza pegada sobre su cuello y que lo que me había pegado era… ¡NO!... corrí más allá, la luz surgió gracias a una bengala de este Alberto, sólo para alumbrar a todos nuestros compañeros muertos, escuchamos un grito detrás de él, se giró y de entre las sombras surgió alguna… especie de jaguar que clavó un enorme cuchillo sobre su pecho matándolo al acto… me recordó un mural de ciudad de México… noté que se trataba de Faustino, por la forma de mirar lo reconocí, levanté como pude mi AK-57, le disparé con la intención de despedazarle la cabeza, me fui acercando para liberarme de esto… me seguía mirando con auténtico odio, cada bala activaba algo de color azul que impedía que no lo tocasen, se me acabó el cargador del cuerno de chivo y me quedé observándolo… mi arma de repente empezó a temblar, agarraba mucha fuerza que tenía que sujetarla y se rompió como si la hubiesen construido con amaranto. La bengala de pronto se apagó y sus ojos eran el único punto de luz en la noche. Sus ojos brillaban en la oscuridad. Eché a correr, resbalé con algo en el suelo y caí sobre un lodazal de olor férrico muy pegajoso, corrí y corrí hasta que vi cómo Manuel me rebasaba, por fin era rápido en su vida, pero de la nada se quedó estático, como si se le hubiera olvidado algo, ahora a mi me tocó rebasarle y miré hacia atrás que le pasaba, contemplé como una especie de mujer, acompañada del sonido de un cascabel y siseo lo rodeaba con sus piernas y sus brazos y se lo llevaba a la penumbra…
-Espera, Manuel tenía los códigos de unas cuentas bancarias, ¿Viste qué fue de él?
- ¡NO LO SÉ, A MANUEL SE LO LLEVARON LOS NAHUALES!
Luego volvió a jadear, me imaginé que como pudo corrió hasta aquí, por eso llegó hasta esa hora.
- ¿No pudiste sacar tu pistola al menos? -dijo un colega que sacó el arma de la funda enlodada de Précoma, todos nos quedamos sorprendidos de que era sólo el mango y el resto del arma estaba hecha “amaranto” sobre el resto de la funda.
Tras ese incidente sucedieron otros igual de desafortunados, Précoma quedó muy mal por el suceso, nos evitaba porque no creíamos del todo su historia, al cabo de una semana lo encontramos muerto en la regadera, aún vestido, con una expresión de tristeza que se expandía hasta el infinito de que nadie le creía. Mi cabeza se había llenado de pensamientos ¿Qué fue lo suficientemente fuerte como para que se haya muerto? ¿los nahuales son venganza divina de todo lo que hizo el narco a lo largo de los siglos? Digo esto porque luego empezaron a desaparecer clientes, compañeros, policías, pero, sobre todo, niños. Nos echábamos la culpa de qué bando era, quién era el que movía los hilos, luego desaparecían. Empecé a ganarle miedo a la noche de nuevo.
Gibran, un verdugo que tenía el Cártel, empezó a matar perros y gatos que se encontraba, pensando que ellos se volverían en las bestias que nos iban desapareciendo. Pero al día siguiente lo encontramos muerto de la misma forma que mataba a esos pobres animalitos, no lo dejaron defenderse a pesar de que era el hombre más fuerte de todo el crimen organizado. Lentamente me iba quedando solo en el cuartel.
-Voy al baño -dijo el portero en una ocasión mientras leía posts en un blog que usaba el narco, cada vez con menos actividad-.
Asentí y me dejé ir por los comentarios de la inmunda página web, el tema de los nahuales se había extendido ahí también, los posts eran de culpa y al día siguiente no había respuesta. Luego escuché el sonido del arma.
-Oh, no -dijo un compañero que llegó al baño. - se disparó
Secuestradores, verdugos, halcones, jefes del Narco, imploraban que los agarrase la justicia mexicana y no los nahuales, a la policía la puedes sobornar, al ejército también, aunque es difícil. Pero con los nahuales no se podía, nadie sabía cómo lucían y quienes eran, el dichoso Faustino figuraba como desaparecido por su familia.
-Has escuchado de los nahuales ¿José? -pregunté a un niño en el pueblo-.
-Si, los he visto también
- ¿Puedes decirme algo de ellos?
Negó con la cabeza.
-Estoy seguro de que sabes a que bando pertenezco -me asintió con la cabeza. - mira no soy como ellos, pero quiero saber de los nahuales
-No le digo, señor Valverde, ni por el Santo de los narcos
- ¿Por qué?
-Porque a diferencia de usted y los que le acompañan, saben de nosotros, en este momento ya saben que está hablando conmigo, no me arriesgo, si no les cuesta nada matar a los “Talamontes” y los narcos… lo siento señor Valverde, si hablo de más, seré el próximo
Asentí con la cabeza, tenía razón. Consulté las cámaras de seguridad del pueblo hackeándolas, fallaban antes del asesinato o desaparición de alguien relacionado con el narco. Algunos lugareños mencionaban que todo lo electrónico se apagaba cuando un nahual estaba cerca, pero nunca me confesaban como eran, les tenían más miedo a ellos que a los propios narcotraficantes que tanto daño les hicieron.
Si Dios quería castigar a los injustos por medio de su infinita sabiduría, hizo un movimiento muy inteligente al volver a la Madre Naturaleza contra nosotros. En eso me llamaron del hospital…
Llegué hasta su habitación, a pesar de su enfermedad, seguía luciendo tan hermosa como siempre. La ventana proyectaba una imagen de la playa de San Lucas hacia un atardecer, una bocina reproducía el sonido de gaviotas y del mar. Cerca de ella y sobre ella había conchas marinas y algunos caracoles.
-Mamá -me senté a un lado de ella, sobre su cama. - ¿Dónde está Itzel?
-Se acaba de ir Refugio, sabía que esta era la última vez que me vería, me dejó esto para ti esto de mi parte
Me entregó una carta y su crucifijo dorado.
-Te pareces a tu papá con esa enorme trenza, Refugio, ¿no te has pensado cortar el cabello?
-Me gusta así, por ti
-Ja ja, Como hubiera dado por más tiempo con tu hermana y tú, que hubiéramos huido a México para un futuro que se nos negó… Antes de partir, mi niño… Hazme una promesa: Por más dura que se ponga la situación, por más que te lastimen, por más que te pongan en peligro, nunca matarás a nadie.
-No he matado a nadie…
-Déjame terminar. No contamines tu alma como lo hacen ellos, no me niegues la oportunidad de cuando acabe tu ciclo de vida, te vuelva a ver, toda la familia en el Reino de Dios. No es tarde para que te puedas expiar de todos tus pecados que ahora has llegado a cometer, hijo mío. Pero el más imperdonable es el asesinato, por favor no mates a nadie ni porque tu vida dependa de ello.
Asentí, ella me tomó de mi mejilla y yo de su mano.
-Eres suavecito -me dijo. - Siempre he querido volver al mar
Volteó a ver hacia la vista artificial que daba la ventana, los dos contemplábamos ese atardecer falso, pero real para mi madre.
-Algún día te llevaré al Mar Ref -mi madre sería la primera persona en ponerme el acrónimo de “Ref”. - Verás que si
Acto seguido, mientras sonreía, Fernanda Guadalupe María Valverde, mi madre, fallecería a los veintiséis años. Cerró sus ojos, su mano perdía fuerza y yo la sostuve con un ímpetu de resistencia, queriendo evitar un destino que Dios tenía estipulado y la necesitaba en su sitio.
-Mamita chula -dije. - Ya me quedé solo
La abracé con todo lo que tenía y empecé a gritar.
- ¡MAMÁ! ¡MAMÁ, NO!
Fueron tales mis gritos que los doctores me tuvieron que asistir, me negaba a dejar a mi madre. Entre jalones me sacaron y me dejaron en la sala de espera, esa misma noche fue su funeral, de la cual poca gente asistió, pues muchos otros ya habían partido por culpa del narco. De alguna forma me alegra que se haya ido de este infierno…
Tras su entierro, me fui a la zona centro de México, no sin antes pasar por algunos pueblos donde se había mencionado de los nahuales, no dejan rastros de los que suelen matar o se llevan salvo en algunas ocasiones. Aprovechando mis conocimientos de electrónica y algunos de materiales construí un revolver de electrones cuya munición no se acababa, era como los que hay en otros países, pero no se le acabaría la munición ni porque disparase todo el día, con él no rompería mi promesa de no matar a nadie.
En una oportunidad, descubrí un hogar abandonado con el nombre de Valverde, se trataba del hogar de mis padres antes de que mi hermana y yo naciésemos. En un ropero había una fotografía de ellos en un cuadro que no dudé en robar, lo mismo hice con un sombrero redondo y un guardapolvo verde enorme (como del estilo de películas Western), de alguna forma fueron de mi padre, así que eran su obsequio para mí. Poco después, luego de que me fuera a lo que antes era un jardín al que le rompieron la pared que daba vista a un terreno, el Señor Maldonado y algunos de sus hombres llegaron en sus trocas, se bajaron y tres de ellos subieron escaleras mientras que el resto se ponía ante mí.
- ¡Refugio! ¡Abandonaste el Cártel! Sabes muy bien que eso no me agrada
-Sólo quería estar un tiempo fuera, lejos de los nahuales
-Ahora mismo no nos pueden hacer nada, estoy armado con mis mejores hombres y tecnología de punta directa de los Estados Unidos, no me cogerán sin que pueda verlos
-No tienes idea de cómo son, no te servirá ni uno ni lo otro.
-Mira, he de admitir que con ese sombrero y ese guardapolvo te ves como pistolero, pero recuerda: yo tengo metralletas, hombres de excelsa puntería
-Déjame ir, ya no tengo información
-Dejaste ir a mis secuestrados
Era cierto, antes de irme, liberé a toda la gente que teníamos secuestrada y la dejé huir en una camioneta. Todavía me acuerdo de una chica que estaba golpeada que me agradeció por mi acto de redención.
-Lo siento
-No lo sientes Refugio, cada persona que teníamos ahí encerrado era dinero, mucho dinero y tú me lo quitaste, eso se paga caro, eso se paga con la vida.
- ¿Te importa más el dinero en este momento? ¿En el que literalmente estamos huyendo para sobrevivir?
-Ay, ay, ay, ¿Sabes algo? Hay algo de lo que me arrepiento muchísimo. Cuando recién te conocí, investigué a tu familia… Fernanda, ese era el nombre de tu madre…
Cuando dijo eso me fui encorajinando.
-Que mujer más hermosa, dicen que las más bonitas son las rubias y las pelirrojas, pero en el caso de ella era todo un manjar, cuentan que era muy silenciosa, que no se expresaba mucho cuando le hacían daño. Yo la hubiera hecho “expresarse”. Pude haberme vuelto tu padrastro Refugio, pude ser tu papá
- ¡Maldito seas Maldonado! ¡Perro Malnacido!
- ¿Qué, no te gusta la idea de que pude haber ido a tu casa e irme directo con ella? Ella habría visto lo que es bueno
-Miserable…
-Pero bueno, se murió, perdí esa oportunidad, puede que aún busqué a tu hermana. Ella tampoco estaba mala y tiene al menos semejanza con tu madre. Espero encontrarla pronto.
Invadido por el odio gruñí, pero luego me invadió el miedo al ver cómo cada AK-57 me apuntaba.
-Mátenlo
En cuanto se giró, sonaron múltiples tiros como los de una ametralladora y sintió un impacto en su espalda después de haber dado dos pasos hacia una camioneta. No pensé que hubiera podido disparar a esa velocidad, gracias a mi revólver, diecisiete hombres yacían quejándose de dolor en el suelo mientras que este Maldonado se quedaba estático en medio de esa escena, yo por mi parte me quedé sosteniendo en lo alto mi revólver, sacando un poco de humo y el cargador girando preparándose para los siguientes tiros, si los había. Maldonado de pronto empezó a tocarse el pecho y a soltar arcadas como si se estuviera ahogando, no necesitaba verlo a la cara para saber que estaba haciendo muecas de dolor más allá de mi comprensión. Era mucha exageración para el daño de mi arma la verdad, está hecha para aturdir y desarmar, no para semejante actuación.
- ¡REF! -hizo un sonido semejante a un respiro con dificultad. - ¡DESTRUISTE MI MARCAPASOS!
Luego se desplomó al suelo, lentamente me fui acercando, entre los quejidos de los demás narcos, uno de ellos cayó de la escalera, pasando cerca de mí, llegué hasta él, como había caído bocabajo, tuve que rodearlo un poco para ver su cara. Tenía los ojos casi en blanco, tenía la lengua fuera de su boca, tenía sangre porque la mordió y el suelo se estaba mojando por la saliva que emanaba en abundancia. Era obvio que Maldonado estaba bien “pinche” muerto. Sentí que había roto mi promesa, me llevé la mano a la boca y salí corriendo hasta la camioneta en la que estaba el hijo de Maldonado asustado al volante.
-Bájate del auto -disparé al suelo para que reaccionase. - ¡Bájate!
Me obedeció y robé el vehículo, lo conducía diciéndome para mí: No rompí mi promesa, no lo hubiera matado ni por sus mentadas hacia mi madre, de haber sabido que estaba delicado del corazón le hubiera dado en la pierna no al pecho, fue un accidente…
Y que tengo un accidente… iba tan rápido en la troca que pisó un bache y ahí mismo se quedó parte del eje y la llanta derecha, perdí el control, irónicamente no fue el bache en sí lo que me dejó destruido, fue Kenny el mecánico que teníamos, lo desaparecieron en la misma noche en el que Précoma nos contó de los nahuales, iba a revisar las trocas en su regreso, nunca lo hizo, ahí están las consecuencias.
- ¡Maldita sea Kenny! -grité mientras sentía mi cuerpo irse a todas direcciones. - ¿Por qué te tuvieron que desaparecer?
Me crucé de brazos mientras contemplaba por la ventana el panorama de cristales y fierros de la camioneta, se sentía un carrusel sin caballos y con pedazos volando a todas partes.
- ¿Neta?
La llanta del vehículo pasó a un lado de mí como si hubiera sido el copiloto, sentí la gravedad por segundos y luego la “desta” camioneta por fin se detuvo. Por tu seguridad ponte el cinturón de seguridad, hizo muy bien su trabajo en ponerme en primera fila ante un accidente de tránsito. Estaba de cabeza, me solté el cinturón y me fui como pude del vehículo, hasta esquivé una llanta a tiempo que aterrizó sobre la panza de la troca y fue a parar de lleno contra una biznaga, ¿Me creerás que se ensartó?
Revisé lo que había sobrevivido de la camioneta, me llevé una hielera con cheves y agua, perfección ¿eh? Y hasta me llevé unas cananas como de Revolucionario Mexicano al más puro estilo de Emiliano Zapata. La hielera y yo viajamos kilómetros bajo el sol imperdonable de este país. Las águilas volaban por sobre mí y había otros animalejos por ahí. Al caer la noche, mis ojos se estaban acostumbrando a la penumbra y empecé a irme en Dirección al sur, tenía poco dinero, pero al desierto no le puedes comprar nada, éste solo cobra. Entonces llegó un momento en que escuché ruido detrás de mí: más camionetas y un tanque del narco, sí que yo era importante, me resguardé detrás de una gran roca, sostuve mi crucifijo y empecé a rezar un poco, quizá después de todo el tiempo de vida que tuve era el suficiente, abrí la hielera apartando sus rueditas un poco, sentí el agua, no quería agua, toque las cervezas, sonreí y saqué una, la abrí.
- ¡Búsquenlo! -alcancé a oír a una mujer. - ¡No puede estar lejos!
Mujeres narco, jóvenes narco, narcos aquí, narcos allá, tenemos negado el cielo desde que nos volvemos narcos. Seguí tomando de tan dulce licor, escuchando que los hombres me iban a encontrar tarde o temprano, había algo positivo, si me encontraban, iba a volver a ver a Mamá, ¿Por qué no volver con ella?
Ya casi para acabarme mi bebida, veo entre los matorrales un par de luciérnagas, que bonitas, nunca había visto unas luciérnagas de brillo verde ¿Por qué están fijas? ¿Por qué no hacen ruido?
Luego me quedé dormido… En sueños empecé a ver imágenes borrosas de armas disparando, gritos y seres sobrenaturales pasando de un lugar a otro, plomazos aquí y allá, gruñidos y ruidos de animales, luego me puse a pensar entre sueños acerca de las luciérnagas “Sus ojos brillaban”. Abrí los ojos. Ante mí no había nada, entre los matorrales de ayer había piedras, me di cuenta de que había ruido tras de mí, no supe que era, pero debían estar detrás de mí todavía. Abrí otra cerveza que me deslumbró porque le dio el sol, acepté mi destino, acepté el boleto de volver con mamá, me levanté, tomé otra cerveza por si acaso.
- ¡Vale ya me tienen! -grité mientras rodeaba la roca, sonriendo, en plan “ALV”, no me importaba mucho hasta que pude ver bien el panorama que me esperaba delante, me borró hasta la sonrisa. - Oh Dios mío, Madre de Dios.
Ante mí las camionetas estaban a por lo menos veinte metros, pero se les apreciaban marcas de balas, sangre y lo que parecían rasguños de garras sobrenaturales, una de ellas estaba volteada, otra tenía perdidas las llantas delanteras, me fui acercando, noté mejor los disparos, los vidrios antibalas estaban quebrados, de la camioneta al revés sobresalía un poco una mano ensangrentada. Pero del tanque del narco… que imagen más horrible. Hago un paréntesis aquí: un tanque del narco resiste ataques con granadas, con bazuca incluso, pero aquí… estaba abierta en múltiples lados como un abrelatas o peor no sé. Me acerqué a ver su interior, no había nadie desde luego, pero parecía que algunos fueron extraídos a la fuerza, tanto así que no cupieron en los agujeros y se fueron… los hoyos todavía tenían rastros de carne y ropa. Las paredes del interior estaban cubiertas con marcas de manos, salpicaduras, algunas arrastradas, otras fijas, si pudiera describir la escena: odio, mucho odio.
-Ej…
Alguien se quejó detrás de mí, era el hijo de Maldonado, estaba de lado, con la boca realmente abierta, expresando miedo como nadie en el mundo, lo mismo sus ojos, había visto como los nahuales extrajeron a sus compañeros del tanque y qué les hicieron a todos, pero de alguna forma se apiadaron de él. Tenía su arma enfundada, pero estaba hecha “amaranto” miré bien cerca de él, había pedazos y astillas de algunas AK-57. Imagina que te dejen indefenso en una pelea y quedas a merced del enemigo, los narcos somos así, somos la muerte misma con un AK-57 en nuestras manos, pero sin ella nos volvemos meros mortales otra vez.
-Tranquilo -le dije. - Voy a ayudarte
Jesucristo una vez dijo que hasta tus enemigos podías perdonarlos, iba a seguir sus pasos consiente de que el chico me podría matar porque en su mente estaba la idea de que maté a su padre como él mató al mío. Me giré para ver la escena otra vez, verificando que no me fuesen a madrugar, volteé a verlo, estaba inerte, estático, con la misma expresión con la que lo encontré. Sentí tanta lástima por él que lo puse acostado, cerré su boca, sus ojos y lo puse en posición de rezo, si hizo algo mal en vida, que Dios en su amplia sabiduría lo perdone.
-Dios, te imploro a que perdones a esta pobre alma
Me levanté, volteé a ver si no había nadie más, pero era el único ahí, al resto se los llevaron los nahuales. Me llevé la hielera, me acabé las cheves y ahora seguía con el agua. En el camino tropecé y me picó un escorpión en la mano, tras un quejido desenfundé el arma y le disparé pero no le atiné ni porque estaba cerca, le grité que era afortunado porque no le daba, en eso se me acercó un coyote, me causó algo en mi interior su mirada, pero se la sostuve, nos miramos fijamente por segundos, hasta que me levanté, luego se volvería mi “mascota” durante el resto del viaje hasta que se encontró una gallina y la mató al instante cuando sus fauces le interceptaron el cuello mientras corría... Para mi fortuna me encontré la Ciudad de San José Iturbide en Guanajuato, me dieron hospitalidad, vendí la hielera ya vacía y pensé que hacer con mi vida. Ser narco era cosa del pasado y ahora algo peor que ellos los estaba eliminando. De hecho, llegué a este mismo bar, ¿Ves a la pareja de “mirreyes” que están en la mesa del fondo? Yo me senté ahí, pedí cerveza, acariciaba mi crucifijo con fe y devoción, sentía a Jesucristo por delante y un relieve de la virgen en la parte de atrás. Jesucristo ante todos, pero la virgen de Guadalupe detrás de él.
¿Qué son los nahuales? ¿Cómo lucen? ¿El hecho de verlos es lo suficientemente impactante como para que me mate como al hijo de Maldonado o a Précoma? ¿Alguien más sabe de ellos? Tenía que estar preparado, estaba consiente también de que estaba siendo perseguido por la remanente del Cártel de San La Muerte, quiero conocer a los nahuales, tengo que entender…
Entonces escuché que alguien tomaba una silla delante de mí, tenía un perfume muy llamativo, una mujer, supuse que era una de esas clásicas chicas que por el mero hecho de juntarse con narcos y escuchar narcocorridos ya eran lo máximo en la vida.
-Si crees que vas a matarme te equivocas en cuanto desenfundes te habré disparado sin voltear -le advertí
-No vine a hacerte daño Refugio, vine a platicar, además, los hombres que te perseguían ya están muertos
Admito que he escuchado en toda mi vida matar, asesinar, etc. Tanto en colegas como en TV, pero la forma en cómo lo dijo ella, me incomodó, tenía un toque demasiado, no sé, no me gustó como sonó, me obligué a voltearme, tenía que ver quién me hablaba y me quedé atónito.
- ¿Cómo estás? -me volvió hablar con un acento francés
Era una mujer blanca, muy blanca, tenía los labios pintados de color vino, estaba encapuchada por lo que la única área visible de ella era su boca. Vestía como una monja, pero todo negro, tenía las manos muy juntas hacia un invertido crucifijo de plata (del cual me sorprende que no se lo hayan robado) como si estuviera rezando. Era como si el Diablo se hubiera metido a un convento y hubiera seducido a la primera monja que se hubiera encontrado, ese era una buena descripción.
- ¿Quién eres? -pregunté
-Debería decir ¿Tú que quieres? Tú me invocaste
-Mira, de una vez te aclaro -le advertía. - yo no invoco a nadie más que a Jesucristo mi señor, y si me sales con basura de otra religión, olvídate, soy católico
La mujer respiró molesta, pero prosiguió
-Parece que quieres que sea directa, bueno, voy a serlo: Refugio, tienes habilidades que muy poca gente tiene, nosotros queremos que vengas conmigo para enseñarte una puerta ilegal poco conocida, pero llena de conocimiento y placentera sabiduría, algo que la luz no te puede mostrar.
-Paso
-Vas a pasar por ella, te lo aseguro
- ¡Quiero decir que no quiero, mujer! ¡No! No me interesan las universidades, además tengo trunca mi secu, no tengo prepa y estoy desempleado
-A dónde vas no requieres nada de eso para ser alguien preparado en la vida, verás… -se separó un poco las manos, revelando que estaban sus uñas pintadas de negro, se tocó una pulsera que tenía. - con nosotros tendrás algo más allá de tu entendimiento
Hubo un destello de luces y la antes mujer ahora era una especie de ser aterrador del cual me sonrió, revelando unos colmillos muy afilados, sus manos tenían garras y de su cabeza había un par de orejas puntiagudas tapadas por su capucha. Por el susto, casi le desenfundo mi arma y le doy un tiro en todo su hocico, pero me contuve, luego la mujer monstruosa volvió a activar su pulsera, hubo otro destello y volvió a su forma humana.
-E… E… Eres… -trataba de recuperar la compostura. - ¿Eres una nahual?
La mujer sonrió.
-Tenemos múltiples nombres según el país en el que nos han visto: Amantes de la Oscuridad en la mayoría de ellos, Los Ojos del Diablo en España, Los que siguen al Oscuro en Italia, Los acechadores de la Penumbra en Rusia y Ucrania, Nahuales en México, entre muchos otros nombres bastantes “cool”. Pero el que usamos para autodenominarnos es… Nightwind
- ¿Nightwind? -me reí un poco. - ¿Viento Nocturno?
Podía que hasta el nombre tuviese sentido: actúan como el viento, de forma rápida, invisible y en la noche
-Con nosotros no romperás la promesa que le hiciste a tu madre de no matar a nadie, no somos así, por lo regular
Pensé en eso, me dio la impresión de que quizá los que mataron a los narcos eran probablemente todos aquellos que perdieron a un familiar gracias a ellos. Un momento ¿Cómo sabe de esa promesa? Detrás de nosotros unos borrachos hacían burlas hacia mi acompañante. Pensando diferente, quise cerciorarme de algo, miré por debajo de la mesa buscando un portafolios o algo que me dijese que era algo religioso, pero lo único que vi era que traía unos pantalones muy holgados que daban un aire discotequero y que ella llevaba unos zapatos abiertos de la parte frontal que revelaban los dedos de sus pies, también con las uñas pintadas de negro. Me incorporé.
-Ref, tú mismo lo has dicho, tienes hasta tu vida truncada, nosotros vamos a mostrarte la puerta que no todo mundo está dispuesto a cruzarla ya sea por razones de legalidad o por miedo, tú eres valiente Ref.
Pensé, pero quise jugármela un poco.
-Me llamas por mi nombre, evidentemente sabes quién soy, ¿Quién eres?
-Lorena Lavoisier. No tengo nada que ver con el científico por si lo preguntas
Dudoso, tomé mi crucifijo, ¿Debía confiar en una monja cuyo crucifijo es de plata y está invertido? Pero sonaba legítimo.
- ¿Adónde vamos entonces?
Ella sonrió, me hizo la indicación, nos levantamos de la mesa y uno de esos borrachos le hacía señas a Lorena, pero ella los ignoraba hasta que tomó su brazo y le decía de cosas, ella se quedó estática unos segundos y luego giró su cabeza hacia él, todavía cubierta por esa enorme capucha, sin embargo, el cómo movió la cabeza incomodó a todos, incluyéndome.
-Señor Gabriel, le recomiendo dejar la bebida en este preciso instante, en cuanto se acabe el licor y deje el establecimiento, morirá.
Todos nos asombramos, Gabriel soltó a la mujer y nos dejó ir, pero una vez afuera.
-Refugio, piensa en un animal, en uno que te identifique
Pensé bien, me acordé de la mirada del coyote y su eficiencia para matar, quizá omita lo de matar, pero el coyote pudiera que definiese un poco mi personalidad: un poco temeroso, oportunista, taimado, rápido y ágil.
-Coyote
-Interesante
- ¿No le gustó? ¿Elijo otro?
-No, de hecho, elegiste muy bien
El borracho apareció atrás de nosotros, llamándola bruja, hereje, eructó y luego cayó al suelo, sus amigos se rieron, pero luego lo fueron atendiendo, estaba quejándose y finalmente murió.
-Gabriel Elizondo, 46 años, muerto por un ahogamiento por reflujo producto del alcohol de baja calidad que tomaba, se lo advertí. Oye, Ref, te dije que con nosotros abrimos puertas que no todo mundo abre, lo que acabas de ver es una de ellas. ¡Ah, por cierto! Por si preguntas acerca de mi apariencia, mi animal es el murciélago vampiro común, una de las pocas especies de murciélago que es hematófago, osease, me alimento de la sangre de otros, procura que no esté cerca de ti en ese estado, puede que termine abusando de tu sangre.
Me incomodó un poco, pero me giré y contemplé como esos borrachos se quejaban de porque de la partida de su compadre. Más tarde, aprendería algunos conocimientos básicos de sociología, artes, entre otras cosas, parecía un club hasta que me dieron mi pulsera, la elección del animal sería para eso, me transformaron en un coyote y me hicieron ver mi horrible naturaleza, me convertí en un animal, el hambre que te da es tan grande que te empiezas a desesperar, quieres comer todo el rato, te enoja, te angustia, pero si aprendes a controlarlo, te vuelves por completo en la máscara y el rostro al mismo tiempo, haces de la oscuridad tu aliado y de la luz tu cobijo. Me enseñaron a mejorar mi puntería a cómo disparar y hasta cómo aplicar mis conocimientos en armas. Soy un terrorista de la Oscuridad, amigo, y no me arrepiento, no sabes lo bien que se siente ser uno mismo. Mi mentora sería Lorena, sería entrenado tanto en México como en Francia y en Estados Unidos, de hecho, hasta me entrené en otras partes del Globo. Pero esa es otra historia, igual que mi relación los únicos tres estadounidenses con los que si me llevo bien. Con decirte que hasta me reencontré con Manuel y Kenny, se volvieron como ellos…
Bueno, te contaré más de los Nightwind en otra ocasión, ahora tengo que irme, tengo una cita. Camarera, no se quede como tonta mirándome, mire tome, siempre si le doy propina, ya se me pasó… este, a propósito: cuida a tus hijos más de lo normal por si acaso, ya que sabes de la existencia de los nahuales, los niños son vulnerables a que se los lleven, pues no hay nada mejor que un niño que crea e imagina a un adulto cerrado, los niños son los ideales para volverse en nahuales. Debo advertirte que hasta yo los secuestro, esa es mi labor. Hasta luego. No lo olvides, cuida a tus niños…
Nota: La siguiente obra maneja términos coloquiales de México, por lo que es probable que requieras de ayuda de términos en algunas partes.
Autor: Manuel RM Reyes
…Déjame entender algo… ¿Quieres conocer mi vida o conocer a los nahuales? Bueno, no importa, de todas formas, tengo una historia que responde ambas preguntas. ¡Camarera, tráenos un par de tequilas, del bueno, un vaso para mí y otro para este “We”!
Verás, yo nací un 10 de abril de 2588 en Toledo, Tamaulipas. Toledo es un pueblo de reciente creación por parte del presidente en turno. “Por un México libre de violencia” Irónico, el pueblucho estaba en el mero ojo del Averno. Este pueblo era tranquilo pero con mucha tristeza, no había ni un solo día en que alguien se quejara por tener a un familiar desaparecido o muerto, tal como lo fue mi padre antes de que yo naciese, cuentan que era un lugarteniente del Cártel de San La Muerte, el cártel más poderoso de México, para que te hagas una idea, hace siglos la fundó el Chapo Guzmán y hubo narcos temidos y poderosos como Mario Marín, El “Triste” Alatriste, “San” Pedro Marfil entre otros, tuvo diversos nombres con el paso del tiempo. Los constantes asaltos, “levantones”, robos y descuidos por parte del gobierno, hicieron que el lugar tomase un aspecto parecido al de un pueblo del año 2006, pero con las carencias de uno de 1910. Nada de carros voladores, ni hologramas, nada de tecnologías de punta.
Mi madre decía que él, mi padre, murió intentando escapar del cártel con tal de volver con ella, le dispararon ya llegando a casa. Mamá cuidó de mi hermana y de mí, nos consentía, era una mujer increíblemente maravillosa, gentil y hermosa, muy hermosa. Era una mujer de piel morena como la tierra de México, con un largo cabello negro azabache como el mío, sólo que ella se lo dejaba suelto y yo me lo peino en trenza.
-No hay que temer a la oscuridad Refugio -decía mi madre
-Me da miedo la oscuridad, de ahí salen los monstruos -decía yo a los 8 años, siempre me dio miedo la oscuridad.
-Mi niño, en la oscuridad no hay nada, además, tenemos a Dios en el cuarto -señalaba a un Jesucristo colgado en la puerta de mi cuarto. - Además, estoy contigo, ya duérmete.
Tras un beso de buenas noches, dormí. Cuando niño, los cuentos de terror que contaban en mi escuela me afectaban muchísimo, no podía mirar hacia la penumbra porque inmediatamente me ponía a chillar, y casi muero esa noche.
Escuché que algo cayó del techo, me despertó, me giré y vi como un par de ojos centellantes me miraban desde el suelo, quise gritar, pero era tal mi miedo que no podía hacerlo, luego esa figura saltaba hacia mi cama, luego se desplazaba lentamente hacia mi cabeza. ¿Cómo reaccionas ante unos ojos verdes que centellan como vidrio en la penumbra? Entonces maulló. Todo miedo se disipó, esos ojos dejaron de darme miedo.
- ¡Clotilde! -ese era el nombre de la gata que no dudé en acariciarla entre las sombras. - ¡Qué bueno que eres tú Clotilde!
Acaricié hasta dormirme con el animal, pero como es la naturaleza de los gatos, al día siguiente se fue con nuestra vecina y homónima, Doña Clotilde García, esa señora sí que amaba los gatos, tenía diez gatos del cual su favorito era la gata negra que compartía su nombre.
La gata me daba cobijo en muchas noches, ahí le fui perdiendo el miedo, me hice la filosofía de que en la oscuridad puedes descubrir sorpresas que la luz no te permite. Un año después, tras salir de la primaria y entrar a la “secu”, me encontraría a mi primer enemigo Oscar… ¡PUAJ!
Permíteme un segundo ¡Camarera! ¡CAMARERA! ¡¿A esto le llama tequila?!
-Usted pidió “del bueno”
- ¡El Tequila bueno se hace en Jalisco! Deme la botella ¿De dónde es? Estados Unidos… con razón, se creen expertos tomando una vez alcohol y no hacen más que volverse mediocres buscando imitarlo, ¡DEME TEQUILA AHORA MISMO O SE QUEDA SIN PROPINA! ¡LLAME AL GERENTE DE ESTE BAR!
-Idiota
Como sea, volviendo a mi relato… Oscar, no sé que tenía en su cabeza de chorlito, pero tenía algo con mi madre, estaba enamorado de ella, pero no de una forma sana, ni idea de por qué ella y no mi hermana Itzel, de por sí nunca me llevé con mi hermana, me encantaba levantarle la falda para burlarme de las florecitas que tenía su ropa interior, ya te has de imaginar que tipo de relación era. Sin embargo, como bien sabes, en México hay dos mujeres con las que no te debes meter, puedes meterte con las demás menos con estas dos: la Virgencita de Guadalupe y nuestra mamá, porque te metes con una y es sentencia de muerte.
En una ocasión, saliendo de la escuela, cuando me proponía a dar una vuelta escuché un quejido familiar, al dar la vuelta solté mi mochila, estupefacto, mi madre yacía en el suelo atontada, tenía la falda rota, pues le habían pasado un machete por esta, Óscar y algunos de sus amigos reían.
- ¡¿Qué haces?! -corrí hasta mi madre, la ayudé a levantarse
-Refugio, niño de mami, no pensé que salieras temprano
Mi madre no solía expresar cuando algo le hacía daño, casi no hacía ruido cuando se lastimaba, era muy dócil, y eso me preocupaba.
-No pasa nada, sólo me equivoqué de camino -me dijo mientras se tocaba su muslo, verificando si no había sangre.
- ¡Discúlpate con ella!
Los amigos de Oscar se rieron, él se me acercó y me dio un puñetazo que me derribó, obviamente terminé llorando.
- ¡Refugio! -mi madre me tomó, trató de reanimarme
-Nos veremos pronto, señorita Valverde
Mamá tuvo tentaciones de denunciarlo múltiples veces, pero Oscar era perteneciente a una banda de cholos de la zona y quién sabe que hubieran hecho si ella los denunciase. Día a día cambiábamos de ruta volviendo de la escuela o de la tiendita de la esquina en el caso de mi madre, evitábamos a toda costa encontrarnos con la banda de Oscar, para colmo, trunqué mi secundaria por falta de ingresos, mi hermana apenas terminó su primaria. Que va…
- ¡Vuelve a acosar a mi madre y juro que te mato Oscar!
En una ocasión sorprendí a Oscar seguir a mi madre a escondidas hasta nuestro hogar. Por mi parte, sin nada que hacer, jugaba con unos cables que me encontré en la calle. A pesar de estar dañados, los hice funcionar para que moviesen un pequeño engrane que debió haber pertenecido a un juguete, un carro tal vez.
-Estoy armado con mi machete, Refugio, eres tonto intentar atacarme
Lo razoné delante de él, fue tonto, me quedé pensando en mi acto, el hecho de haber abordarlo solo no quiere decir que esté indefenso, en eso me madruga… por fortuna esquivé a tiempo el primer corte. Si hay algo que me distinguió tras la derrota anterior y siempre me distinguirá, son mis reflejos a corta distancia, me trató de rebanar el muy loco, pero esquivaba todos sus ataques, tropecé y aún seguía evitándolo, me levanté con rapidez, quise quitarle el machete, pero no podía porque el “vato” era más fuerte que yo. Pero si eres oportunista, te darás cuenta de que abres posibilidades esperando y actuando en el momento perfecto: Oscar no sabía usar el machete, lo soltó y antes de que cayera al suelo, lo tomé y se lo apunté, era como sostener una espada…
-Si me haces algo, mis chavos y yo te haremos daño
-Si me mataras la policía investigaría el caso y probablemente no te dejen salir, además mi madre ya tiene todo un historial contra ti, sólo dale la oportunidad
- ¿Vas a hacerme daño?
Negué con la cabeza, no está en mi naturaleza quitarle la vida a alguien más, aparté el machete y me fui retirando, hasta que me provocó con ese innecesario comentario.
-Le haré una visita a tu madre Refugio, ¿Qué tal esta noche? Quizá por fin haga ruido
Ante la idea de ver a mi madre gritando, suplicando por ayuda me llenó de rabia, tanta que me impidió pensar, le lancé el machete no hacia su cuerpo, pero lo arrojé con tanta fuerza y tan al azar que no conté que le cortaría de forma limpia su mano. El resto es historia, me fichó la policía, me llamaron homicida, la madre de Oscar me obligó a pagar la cirugía de recuperación de su mano y obviamente ya no podía salir a la calle sin ser vigilado por ellos o la policía.
¡AHHH! ¿Sabes qué es gracioso? La peor parte no fue por mi delito, sino por el regaño de mi mamá, me hizo recordar los pocos ingresos que teníamos, el futuro de mi hermanita y la deuda de la cirugía del idiota de su acosador, sólo que tras su regaño… disculpa si luego termino llorando… mamá solía desmayarse cuando algo la presionaba, no era natural, era a causa de su enfermedad… nunca me quedó claro que enfermedad era la que tenía pero sabía que era una variación del cáncer. Mi hermana y yo tendíamos a tratar de reanimarla, intentábamos que aquella vez que la encontrásemos arrumbada en el suelo no fuese la última vez que la viésemos con vida.
Mi madre trabajaba en una farmacia que también ofrecía el servicio de abarrotes, mi hermana vendía tamales… todo esto para aumentar de alguna forma los ingresos a la casa… pero yo cometí una de las estupideces más grandes de mi vida y que aún me arrepiento… De niño siempre quise ser como esos chicos que armaban un robot y les daban cupo para ir a la NASA allá en los “Unites”. ¿En qué estaba pensando cuando me uní al narcotráfico?
- ¿Qué hiciste? -mi hermana me decía mientras trataba de reanimar a mi madre en una ocasión, de hecho, acariciaba su cabello como si en algún momento nos fuese a proteger ante todo mal.
-Necesitamos ingresos Itzel -dije. - pensé que con ellos podría tener algo
- ¡Refugio! ¡¿Qué hará mamá sin ti?! ¡¿Qué vamos hacer sin ti?! ¡El promedio de vida de un narco es de un mes! ¡¿Por qué lo hiciste?!
Entonces dejó a mi mamá y me abrazó. Aunque siempre nos llevamos como el cuerno, siempre nos quisimos, la abracé, no sabía que estaba haciendo. Pero después de todo, un narco no dura mucho en el ambiente, mucho menos en Toledo.
Mi vida como narco fue para garantizarme protección a mí y a mi familia, pero me dejaron en claro que, si cometía un error, les harían una visita a ellas dos, muchos hombres contra un par de mujeres, ellas no podrían defenderse. No imagino que clase de sufrimiento les harían pasar antes de ser asesinadas. No a mi madre, no a mi hermana, el narco es el infierno mismo, es ahí cuando dejas de ser humano para volverte algo peor que una bestia, una vez que ingresas queda claro que Jesucristo nuestro señor, te negará tu estancia en su Reino.
No quise ser con ellos, me dedicaba a buscar información, mis habilidades para la robótica y la computación me permitieron construir señuelos y buscar información de rivales y posibles víctimas. No sé, de alguna forma también era cómplice de sus asesinatos.
-Novato -me daba unos papeles un compañero. - cámbiale la fecha
Tomé el papel, era un acta de nacimiento de una chava.
-Vamos a usarlo en un tribunal, van a dejar en libertad al Migue
Acepté y empecé a realizar mi magia. Casi no participaba en tiroteos, pero cuando lo hacía, procuraba nunca atinarles a los policías, procuraba tirar a herir o a diestra o siniestra obligándolos a cubrirse.
- ¡Refugio! ¡La próxima vez apunta bien! -me empujaba el señor Maldonado el líder de ese entonces de San La Muerte. - es tu vida o la de ellos ¿Quieres que tu mamá y tu hermana estén solas?
Vaya, el Señor Maldonado era famoso por su tiranía, te llegaba a matar sólo porque le viste feo, asesinó a las maestras de una guardería sólo porque le dijeron que su hijo no participaba en clase. O se cuenta que mandó a quemar un hotel con sus inquilinos adentro porque los dueños se negaron a pagar una cuota. Y lo peor era que tenía a toda la policía del centro y norte de México bajo su bolsillo, en el sur se había granjeado la confianza del ejército mexicano, sabía quiénes eran frágiles y quiénes debían recibir un plomazo. Lo único que no sabía era que yo tenía la mejor puntería de sus hombres, fallaba a propósito…
Trabajé muy bien para el narco, llegué a indicar a quiénes secuestrar, a quiénes contratar y con quiénes podíamos negociar. Gran parte del trabajo lo llegué hacer para contrabandear toda clase de drogas en la frontera con Estados Unidos, nuestro cliente más leal. Empresarios nos tenían carreteras aseguradas, aeropuertos, dinero… sobre todo dinero, nos garantizaban el éxito con tan sólo un clic.
-No me fío de los estadounidenses
-Pero son nuestro cliente preferido, Refugio
-No me gusta la idea de que la DEA está investigándolo
-Te preocupas mucho, Refugio, además recientemente ya me hice la confianza del director de la DEA, se harán patos en la investigación, no llegarán a nada porque no encontrarán nada.
-No me agradan los gringos, nada
-Nada más mírate Refugio, estás bien “negro”, puede que tengas un poco de razón en ese sentido, pero haces más por ellos que ellos por sí mismos
-Personalmente no quiero que me sigan haciendo menos, me aburren
-No seas llorón…
Una vez te dije que no me llevaba bien con los estadounidenses ¿no? Gran parte del tiempo se la pasan haciéndote ver que vales mucho menos de lo que eres, que son la élite del Mundo y casi te restriegan su bandera en la cara. Pero esa es mi percepción puede que contigo haya mejor suerte o simplemente te hayan tocado a los “gringos buenos” como los de las pelis.
En una ocasión, para aumentar mi “lealtad”, me pusieron una prueba, me enviaron a un cuartel en el que solíamos mantener a los secuestrados (de los cuales un alto número fueron por mi culpa), llegamos hasta un cuarto especial donde tenían a un hombre de rodillas, tapado por un trapo, se lo quitaron, se trataba de Oscar.
-Dispárale en la cabeza, lo agarramos revendiendo droga
-Pero…
No me caía bien Oscar, pero nunca le hubiera arrebatado la vida, me pusieron un revólver en la mano, me hicieron apuntarle, pero me quedé petrificado, si le disparaba confiarían en mí y no me crearían problemas, si no lo hacía me harían recordar lo de mis errores, la visita a mamá y a Itzel.
- ¿Qué esperas? Sólo tienes que dispararle
-Refugio, no tienes que hacerme esto, lamento lo que te hice en el pasado, en serio lo siento.
Dicen que sonrío mucho, aquella ocasión mi expresión era de confusión. Pero al final bajé mi arma, no podía hacerlo, le puse el revolver en la mano al señor Maldonado y me fui a poner cerca de una mesa donde trituraban a la gente. Luego escuché a Oscar gritar y el sonido del disparo del revólver, después escucharía su cuerpo caer al suelo.
- ¿Te dijimos cuando entraste a este negocio qué pasaba si errabas?
Asentí dándole la espalda, luego me retiré con prisa, tomé una motocicleta que solíamos usar para exploración y me fui a casa.
- ¡Mi niño! -me dijo mamá al verme en la puerta, estaba rezando a una imagen de una Virgen de Guadalupe, me abrazó. - ¡Qué bueno que estás bien!
-Mamá, ¿Dónde está Itzel?
-La amenazaron de muerte, le dije que huyera, que luego la buscaría
-Pero estaría lo más lejos posible
-Entre más dispersos estemos mejor -me puso un crucifijo dorado en mi mano. - Este crucifijo me lo dio tu padre cuando fuimos de vacaciones a Ciudad de México, quería que viviéramos ahí. Él era más hombre que los que le rodeaban.
- ¿Cómo era papá?
-Era casi como tú Refugio, él quería que cuando nacieses fuese el primero en verte, pero lo mataron a dos meses que faltaban… Era valiente, apuesto, mi querido Emiliano…
Tras esto mamá empezó a toser, lo hizo con tal intensidad que me dio miedo, y luego quedamos atónitos cuando de la boca de mi madre salió sangre, bastante.
-Ay, Dios mío
-Mamá -llegué hasta ella e impedí que se cayera al suelo rodeándola con mis brazos-.
-Curioso, tienes el mismo tacto que tenía mi Emiliano conmigo antes de llevarme a la cama, le encantaba llamarme “princesita”, me alegra que él haya sido tu padre…
Luego cerró sus ojos y se desmayó, no dudé, llamé al hospital, una vez ahí la pusieron en camilla y le dieron los tratamientos posibles para mantenerla consiente, pero me confirmarían algo que no quería escuchar, le quedaban días para que se reunira con nuestro Creador. Lloré.
Más tarde volvería esa noche al cuartel donde mencionaron que le iban a dar una visita a un muchacho que estuve investigando, que nos había denunciado en una ocasión, perdió el juicio, lo desacreditaron y huyó a un pueblo cercano a este, enviaron cuatro camionetas, cada una con seis hombres.
-Hay veces que quiero dejar el narco -me decía Manuel, el único amigo que tenía en el medio. - Pero nos tocó vivir así, que más da, espero que acabe pronto, quizá me maten y al fin pueda expiar mis pecados en el cielo no lo sé
- ¿Qué tal si los dos lo dejamos? Cuando regreses planeamos huir a otro Estado, ir a México D.F, no lo sé, quizá podamos ver el avance tecnológico que nos cuentan mucho por la tele, quizá veamos los nuevos rascacielos flotantes que tiene el Zócalo capitalino, los autos voladores, el nuevo transporte público. Este pueblo tiene la pinta de haber sido creado en la Revolución mexicana que acabó hacia siglos atrás.
-Je je, tal vez, voy a ver qué podemos hacer, mientras, voy a asegurarme de matar yo mismo al tipo, darle una muerte rápida si es necesario con tal de que confíen en mí.
Suspiré con desaliento y asentí. Todos se fueron, me quedé con un puñado de chicos que esperaban su regreso, un par de horas tal vez, pasaron esas dos horas y seguíamos esperándolos, luego cuatro, ya se habían tardado, luego cinco, luego me quedé dormido en la mesa en la que estaba. Soñaba con ser libre, con que pasase los últimos días con mamá en la playa, un sitio en el que ella quería volver a ver. Volver con mi hermana, en seguir levantándole su falda, molestarla, pero al fin y al cabo con ella. Quería ser libre, no estar encadenado a la cadena invisible del narco, la cadena de oro del Diablo…
A media hora de que amaneciera, todo mundo se sobresaltó cuando la puerta sonó al ser aporreada numerosas veces, casi al punto de derribarla.
- ¿Quién es? -dijo el portero mientras cargaba su metralleta AK-57
- ¡SOY PRÉCOMA!
- ¿Quién Précoma?
- ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!
Le abrieron la puerta y el dichoso Précoma, un vato de cabello café de ascendencia italiana entró jadeando, con los ojos increíblemente abiertos, estaba cubierto de tierra y lodo rojo, sólo que ese lodo me incomodó, al parecer había caído en un sitio en el que había…
- ¿Qué pasó?
-NOS EMBOSCARON
- ¿La policía?
-NO
- ¿La Marina?
- ¡NO!
- ¿Los de Nueva Generación?
- ¡NO!
- ¡¿Quiénes fueron?!
- ¡FUERON LOS NAHUALES!
¿Qué? ¿Los nahuales? Rápido para que me entiendas: En México existe una antigua leyenda que data desde los Mexicas acerca de personas que tenían la capacidad de convertirse en animales a voluntad, varía según la región, pero el mito era siempre el mismo. Sólo que, con eso del avance de la tecnología, los celulares, las computadoras, la globalización, en fin, esas historias y las de fantasmas fueron perdiendo el interés general del público, cosa que me resultó totalmente extraña. ¿Nahuales?
- ¿Esa es tu explicación? ¿Nahuales? -decía un compañero. - los demás murieron supongo
Asintió.
- ¡Qué forma más estúpida de excusarte Précoma! -decía otro. - Si perdimos a veintitrés hombres y la explicación es esa, deberíamos ejecutarte
- ¡Ya! -dijo el portero. - Mejor escuchemos lo que tiene que decir. Ahora Précoma, dinos que viste
-Todo iba bien… llegamos a la casa del dichoso Faustino, pero él huyó hasta el terreno baldío, lo alcanzamos a ver, nos llamó la atención la forma en cómo vestía, pero nadie hizo mucho énfasis… lo perseguimos con las camionetas, lo rodeamos, se dejó caer de rodillas en el suelo y lo pudimos ver mejor… nos empezamos a bajar…
-Dijiste que te llamó la atención cómo vestía ¿se travestía?
-Eso pensamos, pero con un toque demasiado… No sé, azteca… vestía una especie de falda blanca, tenía el torso descubierto y tenía tatuajes en forma de manchas de jaguar, tenía los brazos y piernas decorados con brazaletes dorados, muy llamativos y en su cabello había plumas multicolor… Manuel fue el que primero se le acercó pero se detuvo en seco y me llamó, el Faustino ese estaba haciendo un sonido parecido a un sollozo, pero me le acerqué para verlo, su expresión no era de miedo, tampoco lloraba, pero hacía un sonido de tristeza, luego se empezó a tocar su brazalete y nos miró… su mirada nos dio muchísimo miedo, lentamente sus ojos cafés se iban volviéndose verdes y lentamente iban adquiriendo brillo… luego hizo una especie de grito… Dios mío el grito… tras ese grito las luces de las camionetas se apagaron, sus motores, nos dejó en la oscuridad de la noche, casi no se veía nada. Pero de repente nos invadió un miedo…
- ¡¿Miedo?! ¡¿MIEDO?! Matamos familias enteras, soldados, ¿En serio miedo? -decía un compañero-.
-NO ERA CUALQUIER MIEDO… se sentía como si de repente estuviésemos indefensos, todo mundo entró en pánico, Rodolfo se asustó al punto de gritar algo acerca de un demonio y abrió fuego contra nosotros, matando a cuatro de los nuestros, lo tuve que matar… luego se empezó a escuchar como un perro grande y luego alguien gritaba acompañado del sonido de su carne siendo desgarrada, luego otro, y otro… EL AMBIENTE AHORA ERAN GRITOS… corrí, tropecé con una piedra y sentí que mi mano tocaba la cara de alguien en el suelo, pero tenía un corte que iba de su ojo hasta la mandíbula, ¡Sentí que había debajo de su piel, Madre de Dios! Entonces escuché que alguien imploraba por ayuda, se escuchaba que lo habían azotado contra el suelo. Los disparos de los pocos que se atrevieron a abrir fuego denotaban levemente cómo eran… ¡CÓMO ERAN!... sacados del rincón más adentrado del infierno
- ¿Cómo eran?
-Eran como animales, eran muy rápidos, un par de los nuestros vieron como uno de esos seres pasó entre ellos y con tal de matarlo se volaron sus esternones entre ellos.
-Qué estupidez
-María José me dijo que debía mantenerme a cubierto, me empujó hasta unas rocas, se puso detrás de mí, abrió fuego a la nada, quise contestar el ataque cuando sentí algo con pelo detrás de mí, me giré para ver, María José seguía disparando, pero la luz de los fogonazos me dejó ver que no tenía su cabeza pegada sobre su cuello y que lo que me había pegado era… ¡NO!... corrí más allá, la luz surgió gracias a una bengala de este Alberto, sólo para alumbrar a todos nuestros compañeros muertos, escuchamos un grito detrás de él, se giró y de entre las sombras surgió alguna… especie de jaguar que clavó un enorme cuchillo sobre su pecho matándolo al acto… me recordó un mural de ciudad de México… noté que se trataba de Faustino, por la forma de mirar lo reconocí, levanté como pude mi AK-57, le disparé con la intención de despedazarle la cabeza, me fui acercando para liberarme de esto… me seguía mirando con auténtico odio, cada bala activaba algo de color azul que impedía que no lo tocasen, se me acabó el cargador del cuerno de chivo y me quedé observándolo… mi arma de repente empezó a temblar, agarraba mucha fuerza que tenía que sujetarla y se rompió como si la hubiesen construido con amaranto. La bengala de pronto se apagó y sus ojos eran el único punto de luz en la noche. Sus ojos brillaban en la oscuridad. Eché a correr, resbalé con algo en el suelo y caí sobre un lodazal de olor férrico muy pegajoso, corrí y corrí hasta que vi cómo Manuel me rebasaba, por fin era rápido en su vida, pero de la nada se quedó estático, como si se le hubiera olvidado algo, ahora a mi me tocó rebasarle y miré hacia atrás que le pasaba, contemplé como una especie de mujer, acompañada del sonido de un cascabel y siseo lo rodeaba con sus piernas y sus brazos y se lo llevaba a la penumbra…
-Espera, Manuel tenía los códigos de unas cuentas bancarias, ¿Viste qué fue de él?
- ¡NO LO SÉ, A MANUEL SE LO LLEVARON LOS NAHUALES!
Luego volvió a jadear, me imaginé que como pudo corrió hasta aquí, por eso llegó hasta esa hora.
- ¿No pudiste sacar tu pistola al menos? -dijo un colega que sacó el arma de la funda enlodada de Précoma, todos nos quedamos sorprendidos de que era sólo el mango y el resto del arma estaba hecha “amaranto” sobre el resto de la funda.
Tras ese incidente sucedieron otros igual de desafortunados, Précoma quedó muy mal por el suceso, nos evitaba porque no creíamos del todo su historia, al cabo de una semana lo encontramos muerto en la regadera, aún vestido, con una expresión de tristeza que se expandía hasta el infinito de que nadie le creía. Mi cabeza se había llenado de pensamientos ¿Qué fue lo suficientemente fuerte como para que se haya muerto? ¿los nahuales son venganza divina de todo lo que hizo el narco a lo largo de los siglos? Digo esto porque luego empezaron a desaparecer clientes, compañeros, policías, pero, sobre todo, niños. Nos echábamos la culpa de qué bando era, quién era el que movía los hilos, luego desaparecían. Empecé a ganarle miedo a la noche de nuevo.
Gibran, un verdugo que tenía el Cártel, empezó a matar perros y gatos que se encontraba, pensando que ellos se volverían en las bestias que nos iban desapareciendo. Pero al día siguiente lo encontramos muerto de la misma forma que mataba a esos pobres animalitos, no lo dejaron defenderse a pesar de que era el hombre más fuerte de todo el crimen organizado. Lentamente me iba quedando solo en el cuartel.
-Voy al baño -dijo el portero en una ocasión mientras leía posts en un blog que usaba el narco, cada vez con menos actividad-.
Asentí y me dejé ir por los comentarios de la inmunda página web, el tema de los nahuales se había extendido ahí también, los posts eran de culpa y al día siguiente no había respuesta. Luego escuché el sonido del arma.
-Oh, no -dijo un compañero que llegó al baño. - se disparó
Secuestradores, verdugos, halcones, jefes del Narco, imploraban que los agarrase la justicia mexicana y no los nahuales, a la policía la puedes sobornar, al ejército también, aunque es difícil. Pero con los nahuales no se podía, nadie sabía cómo lucían y quienes eran, el dichoso Faustino figuraba como desaparecido por su familia.
-Has escuchado de los nahuales ¿José? -pregunté a un niño en el pueblo-.
-Si, los he visto también
- ¿Puedes decirme algo de ellos?
Negó con la cabeza.
-Estoy seguro de que sabes a que bando pertenezco -me asintió con la cabeza. - mira no soy como ellos, pero quiero saber de los nahuales
-No le digo, señor Valverde, ni por el Santo de los narcos
- ¿Por qué?
-Porque a diferencia de usted y los que le acompañan, saben de nosotros, en este momento ya saben que está hablando conmigo, no me arriesgo, si no les cuesta nada matar a los “Talamontes” y los narcos… lo siento señor Valverde, si hablo de más, seré el próximo
Asentí con la cabeza, tenía razón. Consulté las cámaras de seguridad del pueblo hackeándolas, fallaban antes del asesinato o desaparición de alguien relacionado con el narco. Algunos lugareños mencionaban que todo lo electrónico se apagaba cuando un nahual estaba cerca, pero nunca me confesaban como eran, les tenían más miedo a ellos que a los propios narcotraficantes que tanto daño les hicieron.
Si Dios quería castigar a los injustos por medio de su infinita sabiduría, hizo un movimiento muy inteligente al volver a la Madre Naturaleza contra nosotros. En eso me llamaron del hospital…
Llegué hasta su habitación, a pesar de su enfermedad, seguía luciendo tan hermosa como siempre. La ventana proyectaba una imagen de la playa de San Lucas hacia un atardecer, una bocina reproducía el sonido de gaviotas y del mar. Cerca de ella y sobre ella había conchas marinas y algunos caracoles.
-Mamá -me senté a un lado de ella, sobre su cama. - ¿Dónde está Itzel?
-Se acaba de ir Refugio, sabía que esta era la última vez que me vería, me dejó esto para ti esto de mi parte
Me entregó una carta y su crucifijo dorado.
-Te pareces a tu papá con esa enorme trenza, Refugio, ¿no te has pensado cortar el cabello?
-Me gusta así, por ti
-Ja ja, Como hubiera dado por más tiempo con tu hermana y tú, que hubiéramos huido a México para un futuro que se nos negó… Antes de partir, mi niño… Hazme una promesa: Por más dura que se ponga la situación, por más que te lastimen, por más que te pongan en peligro, nunca matarás a nadie.
-No he matado a nadie…
-Déjame terminar. No contamines tu alma como lo hacen ellos, no me niegues la oportunidad de cuando acabe tu ciclo de vida, te vuelva a ver, toda la familia en el Reino de Dios. No es tarde para que te puedas expiar de todos tus pecados que ahora has llegado a cometer, hijo mío. Pero el más imperdonable es el asesinato, por favor no mates a nadie ni porque tu vida dependa de ello.
Asentí, ella me tomó de mi mejilla y yo de su mano.
-Eres suavecito -me dijo. - Siempre he querido volver al mar
Volteó a ver hacia la vista artificial que daba la ventana, los dos contemplábamos ese atardecer falso, pero real para mi madre.
-Algún día te llevaré al Mar Ref -mi madre sería la primera persona en ponerme el acrónimo de “Ref”. - Verás que si
Acto seguido, mientras sonreía, Fernanda Guadalupe María Valverde, mi madre, fallecería a los veintiséis años. Cerró sus ojos, su mano perdía fuerza y yo la sostuve con un ímpetu de resistencia, queriendo evitar un destino que Dios tenía estipulado y la necesitaba en su sitio.
-Mamita chula -dije. - Ya me quedé solo
La abracé con todo lo que tenía y empecé a gritar.
- ¡MAMÁ! ¡MAMÁ, NO!
Fueron tales mis gritos que los doctores me tuvieron que asistir, me negaba a dejar a mi madre. Entre jalones me sacaron y me dejaron en la sala de espera, esa misma noche fue su funeral, de la cual poca gente asistió, pues muchos otros ya habían partido por culpa del narco. De alguna forma me alegra que se haya ido de este infierno…
Tras su entierro, me fui a la zona centro de México, no sin antes pasar por algunos pueblos donde se había mencionado de los nahuales, no dejan rastros de los que suelen matar o se llevan salvo en algunas ocasiones. Aprovechando mis conocimientos de electrónica y algunos de materiales construí un revolver de electrones cuya munición no se acababa, era como los que hay en otros países, pero no se le acabaría la munición ni porque disparase todo el día, con él no rompería mi promesa de no matar a nadie.
En una oportunidad, descubrí un hogar abandonado con el nombre de Valverde, se trataba del hogar de mis padres antes de que mi hermana y yo naciésemos. En un ropero había una fotografía de ellos en un cuadro que no dudé en robar, lo mismo hice con un sombrero redondo y un guardapolvo verde enorme (como del estilo de películas Western), de alguna forma fueron de mi padre, así que eran su obsequio para mí. Poco después, luego de que me fuera a lo que antes era un jardín al que le rompieron la pared que daba vista a un terreno, el Señor Maldonado y algunos de sus hombres llegaron en sus trocas, se bajaron y tres de ellos subieron escaleras mientras que el resto se ponía ante mí.
- ¡Refugio! ¡Abandonaste el Cártel! Sabes muy bien que eso no me agrada
-Sólo quería estar un tiempo fuera, lejos de los nahuales
-Ahora mismo no nos pueden hacer nada, estoy armado con mis mejores hombres y tecnología de punta directa de los Estados Unidos, no me cogerán sin que pueda verlos
-No tienes idea de cómo son, no te servirá ni uno ni lo otro.
-Mira, he de admitir que con ese sombrero y ese guardapolvo te ves como pistolero, pero recuerda: yo tengo metralletas, hombres de excelsa puntería
-Déjame ir, ya no tengo información
-Dejaste ir a mis secuestrados
Era cierto, antes de irme, liberé a toda la gente que teníamos secuestrada y la dejé huir en una camioneta. Todavía me acuerdo de una chica que estaba golpeada que me agradeció por mi acto de redención.
-Lo siento
-No lo sientes Refugio, cada persona que teníamos ahí encerrado era dinero, mucho dinero y tú me lo quitaste, eso se paga caro, eso se paga con la vida.
- ¿Te importa más el dinero en este momento? ¿En el que literalmente estamos huyendo para sobrevivir?
-Ay, ay, ay, ¿Sabes algo? Hay algo de lo que me arrepiento muchísimo. Cuando recién te conocí, investigué a tu familia… Fernanda, ese era el nombre de tu madre…
Cuando dijo eso me fui encorajinando.
-Que mujer más hermosa, dicen que las más bonitas son las rubias y las pelirrojas, pero en el caso de ella era todo un manjar, cuentan que era muy silenciosa, que no se expresaba mucho cuando le hacían daño. Yo la hubiera hecho “expresarse”. Pude haberme vuelto tu padrastro Refugio, pude ser tu papá
- ¡Maldito seas Maldonado! ¡Perro Malnacido!
- ¿Qué, no te gusta la idea de que pude haber ido a tu casa e irme directo con ella? Ella habría visto lo que es bueno
-Miserable…
-Pero bueno, se murió, perdí esa oportunidad, puede que aún busqué a tu hermana. Ella tampoco estaba mala y tiene al menos semejanza con tu madre. Espero encontrarla pronto.
Invadido por el odio gruñí, pero luego me invadió el miedo al ver cómo cada AK-57 me apuntaba.
-Mátenlo
En cuanto se giró, sonaron múltiples tiros como los de una ametralladora y sintió un impacto en su espalda después de haber dado dos pasos hacia una camioneta. No pensé que hubiera podido disparar a esa velocidad, gracias a mi revólver, diecisiete hombres yacían quejándose de dolor en el suelo mientras que este Maldonado se quedaba estático en medio de esa escena, yo por mi parte me quedé sosteniendo en lo alto mi revólver, sacando un poco de humo y el cargador girando preparándose para los siguientes tiros, si los había. Maldonado de pronto empezó a tocarse el pecho y a soltar arcadas como si se estuviera ahogando, no necesitaba verlo a la cara para saber que estaba haciendo muecas de dolor más allá de mi comprensión. Era mucha exageración para el daño de mi arma la verdad, está hecha para aturdir y desarmar, no para semejante actuación.
- ¡REF! -hizo un sonido semejante a un respiro con dificultad. - ¡DESTRUISTE MI MARCAPASOS!
Luego se desplomó al suelo, lentamente me fui acercando, entre los quejidos de los demás narcos, uno de ellos cayó de la escalera, pasando cerca de mí, llegué hasta él, como había caído bocabajo, tuve que rodearlo un poco para ver su cara. Tenía los ojos casi en blanco, tenía la lengua fuera de su boca, tenía sangre porque la mordió y el suelo se estaba mojando por la saliva que emanaba en abundancia. Era obvio que Maldonado estaba bien “pinche” muerto. Sentí que había roto mi promesa, me llevé la mano a la boca y salí corriendo hasta la camioneta en la que estaba el hijo de Maldonado asustado al volante.
-Bájate del auto -disparé al suelo para que reaccionase. - ¡Bájate!
Me obedeció y robé el vehículo, lo conducía diciéndome para mí: No rompí mi promesa, no lo hubiera matado ni por sus mentadas hacia mi madre, de haber sabido que estaba delicado del corazón le hubiera dado en la pierna no al pecho, fue un accidente…
Y que tengo un accidente… iba tan rápido en la troca que pisó un bache y ahí mismo se quedó parte del eje y la llanta derecha, perdí el control, irónicamente no fue el bache en sí lo que me dejó destruido, fue Kenny el mecánico que teníamos, lo desaparecieron en la misma noche en el que Précoma nos contó de los nahuales, iba a revisar las trocas en su regreso, nunca lo hizo, ahí están las consecuencias.
- ¡Maldita sea Kenny! -grité mientras sentía mi cuerpo irse a todas direcciones. - ¿Por qué te tuvieron que desaparecer?
Me crucé de brazos mientras contemplaba por la ventana el panorama de cristales y fierros de la camioneta, se sentía un carrusel sin caballos y con pedazos volando a todas partes.
- ¿Neta?
La llanta del vehículo pasó a un lado de mí como si hubiera sido el copiloto, sentí la gravedad por segundos y luego la “desta” camioneta por fin se detuvo. Por tu seguridad ponte el cinturón de seguridad, hizo muy bien su trabajo en ponerme en primera fila ante un accidente de tránsito. Estaba de cabeza, me solté el cinturón y me fui como pude del vehículo, hasta esquivé una llanta a tiempo que aterrizó sobre la panza de la troca y fue a parar de lleno contra una biznaga, ¿Me creerás que se ensartó?
Revisé lo que había sobrevivido de la camioneta, me llevé una hielera con cheves y agua, perfección ¿eh? Y hasta me llevé unas cananas como de Revolucionario Mexicano al más puro estilo de Emiliano Zapata. La hielera y yo viajamos kilómetros bajo el sol imperdonable de este país. Las águilas volaban por sobre mí y había otros animalejos por ahí. Al caer la noche, mis ojos se estaban acostumbrando a la penumbra y empecé a irme en Dirección al sur, tenía poco dinero, pero al desierto no le puedes comprar nada, éste solo cobra. Entonces llegó un momento en que escuché ruido detrás de mí: más camionetas y un tanque del narco, sí que yo era importante, me resguardé detrás de una gran roca, sostuve mi crucifijo y empecé a rezar un poco, quizá después de todo el tiempo de vida que tuve era el suficiente, abrí la hielera apartando sus rueditas un poco, sentí el agua, no quería agua, toque las cervezas, sonreí y saqué una, la abrí.
- ¡Búsquenlo! -alcancé a oír a una mujer. - ¡No puede estar lejos!
Mujeres narco, jóvenes narco, narcos aquí, narcos allá, tenemos negado el cielo desde que nos volvemos narcos. Seguí tomando de tan dulce licor, escuchando que los hombres me iban a encontrar tarde o temprano, había algo positivo, si me encontraban, iba a volver a ver a Mamá, ¿Por qué no volver con ella?
Ya casi para acabarme mi bebida, veo entre los matorrales un par de luciérnagas, que bonitas, nunca había visto unas luciérnagas de brillo verde ¿Por qué están fijas? ¿Por qué no hacen ruido?
Luego me quedé dormido… En sueños empecé a ver imágenes borrosas de armas disparando, gritos y seres sobrenaturales pasando de un lugar a otro, plomazos aquí y allá, gruñidos y ruidos de animales, luego me puse a pensar entre sueños acerca de las luciérnagas “Sus ojos brillaban”. Abrí los ojos. Ante mí no había nada, entre los matorrales de ayer había piedras, me di cuenta de que había ruido tras de mí, no supe que era, pero debían estar detrás de mí todavía. Abrí otra cerveza que me deslumbró porque le dio el sol, acepté mi destino, acepté el boleto de volver con mamá, me levanté, tomé otra cerveza por si acaso.
- ¡Vale ya me tienen! -grité mientras rodeaba la roca, sonriendo, en plan “ALV”, no me importaba mucho hasta que pude ver bien el panorama que me esperaba delante, me borró hasta la sonrisa. - Oh Dios mío, Madre de Dios.
Ante mí las camionetas estaban a por lo menos veinte metros, pero se les apreciaban marcas de balas, sangre y lo que parecían rasguños de garras sobrenaturales, una de ellas estaba volteada, otra tenía perdidas las llantas delanteras, me fui acercando, noté mejor los disparos, los vidrios antibalas estaban quebrados, de la camioneta al revés sobresalía un poco una mano ensangrentada. Pero del tanque del narco… que imagen más horrible. Hago un paréntesis aquí: un tanque del narco resiste ataques con granadas, con bazuca incluso, pero aquí… estaba abierta en múltiples lados como un abrelatas o peor no sé. Me acerqué a ver su interior, no había nadie desde luego, pero parecía que algunos fueron extraídos a la fuerza, tanto así que no cupieron en los agujeros y se fueron… los hoyos todavía tenían rastros de carne y ropa. Las paredes del interior estaban cubiertas con marcas de manos, salpicaduras, algunas arrastradas, otras fijas, si pudiera describir la escena: odio, mucho odio.
-Ej…
Alguien se quejó detrás de mí, era el hijo de Maldonado, estaba de lado, con la boca realmente abierta, expresando miedo como nadie en el mundo, lo mismo sus ojos, había visto como los nahuales extrajeron a sus compañeros del tanque y qué les hicieron a todos, pero de alguna forma se apiadaron de él. Tenía su arma enfundada, pero estaba hecha “amaranto” miré bien cerca de él, había pedazos y astillas de algunas AK-57. Imagina que te dejen indefenso en una pelea y quedas a merced del enemigo, los narcos somos así, somos la muerte misma con un AK-57 en nuestras manos, pero sin ella nos volvemos meros mortales otra vez.
-Tranquilo -le dije. - Voy a ayudarte
Jesucristo una vez dijo que hasta tus enemigos podías perdonarlos, iba a seguir sus pasos consiente de que el chico me podría matar porque en su mente estaba la idea de que maté a su padre como él mató al mío. Me giré para ver la escena otra vez, verificando que no me fuesen a madrugar, volteé a verlo, estaba inerte, estático, con la misma expresión con la que lo encontré. Sentí tanta lástima por él que lo puse acostado, cerré su boca, sus ojos y lo puse en posición de rezo, si hizo algo mal en vida, que Dios en su amplia sabiduría lo perdone.
-Dios, te imploro a que perdones a esta pobre alma
Me levanté, volteé a ver si no había nadie más, pero era el único ahí, al resto se los llevaron los nahuales. Me llevé la hielera, me acabé las cheves y ahora seguía con el agua. En el camino tropecé y me picó un escorpión en la mano, tras un quejido desenfundé el arma y le disparé pero no le atiné ni porque estaba cerca, le grité que era afortunado porque no le daba, en eso se me acercó un coyote, me causó algo en mi interior su mirada, pero se la sostuve, nos miramos fijamente por segundos, hasta que me levanté, luego se volvería mi “mascota” durante el resto del viaje hasta que se encontró una gallina y la mató al instante cuando sus fauces le interceptaron el cuello mientras corría... Para mi fortuna me encontré la Ciudad de San José Iturbide en Guanajuato, me dieron hospitalidad, vendí la hielera ya vacía y pensé que hacer con mi vida. Ser narco era cosa del pasado y ahora algo peor que ellos los estaba eliminando. De hecho, llegué a este mismo bar, ¿Ves a la pareja de “mirreyes” que están en la mesa del fondo? Yo me senté ahí, pedí cerveza, acariciaba mi crucifijo con fe y devoción, sentía a Jesucristo por delante y un relieve de la virgen en la parte de atrás. Jesucristo ante todos, pero la virgen de Guadalupe detrás de él.
¿Qué son los nahuales? ¿Cómo lucen? ¿El hecho de verlos es lo suficientemente impactante como para que me mate como al hijo de Maldonado o a Précoma? ¿Alguien más sabe de ellos? Tenía que estar preparado, estaba consiente también de que estaba siendo perseguido por la remanente del Cártel de San La Muerte, quiero conocer a los nahuales, tengo que entender…
Entonces escuché que alguien tomaba una silla delante de mí, tenía un perfume muy llamativo, una mujer, supuse que era una de esas clásicas chicas que por el mero hecho de juntarse con narcos y escuchar narcocorridos ya eran lo máximo en la vida.
-Si crees que vas a matarme te equivocas en cuanto desenfundes te habré disparado sin voltear -le advertí
-No vine a hacerte daño Refugio, vine a platicar, además, los hombres que te perseguían ya están muertos
Admito que he escuchado en toda mi vida matar, asesinar, etc. Tanto en colegas como en TV, pero la forma en cómo lo dijo ella, me incomodó, tenía un toque demasiado, no sé, no me gustó como sonó, me obligué a voltearme, tenía que ver quién me hablaba y me quedé atónito.
- ¿Cómo estás? -me volvió hablar con un acento francés
Era una mujer blanca, muy blanca, tenía los labios pintados de color vino, estaba encapuchada por lo que la única área visible de ella era su boca. Vestía como una monja, pero todo negro, tenía las manos muy juntas hacia un invertido crucifijo de plata (del cual me sorprende que no se lo hayan robado) como si estuviera rezando. Era como si el Diablo se hubiera metido a un convento y hubiera seducido a la primera monja que se hubiera encontrado, ese era una buena descripción.
- ¿Quién eres? -pregunté
-Debería decir ¿Tú que quieres? Tú me invocaste
-Mira, de una vez te aclaro -le advertía. - yo no invoco a nadie más que a Jesucristo mi señor, y si me sales con basura de otra religión, olvídate, soy católico
La mujer respiró molesta, pero prosiguió
-Parece que quieres que sea directa, bueno, voy a serlo: Refugio, tienes habilidades que muy poca gente tiene, nosotros queremos que vengas conmigo para enseñarte una puerta ilegal poco conocida, pero llena de conocimiento y placentera sabiduría, algo que la luz no te puede mostrar.
-Paso
-Vas a pasar por ella, te lo aseguro
- ¡Quiero decir que no quiero, mujer! ¡No! No me interesan las universidades, además tengo trunca mi secu, no tengo prepa y estoy desempleado
-A dónde vas no requieres nada de eso para ser alguien preparado en la vida, verás… -se separó un poco las manos, revelando que estaban sus uñas pintadas de negro, se tocó una pulsera que tenía. - con nosotros tendrás algo más allá de tu entendimiento
Hubo un destello de luces y la antes mujer ahora era una especie de ser aterrador del cual me sonrió, revelando unos colmillos muy afilados, sus manos tenían garras y de su cabeza había un par de orejas puntiagudas tapadas por su capucha. Por el susto, casi le desenfundo mi arma y le doy un tiro en todo su hocico, pero me contuve, luego la mujer monstruosa volvió a activar su pulsera, hubo otro destello y volvió a su forma humana.
-E… E… Eres… -trataba de recuperar la compostura. - ¿Eres una nahual?
La mujer sonrió.
-Tenemos múltiples nombres según el país en el que nos han visto: Amantes de la Oscuridad en la mayoría de ellos, Los Ojos del Diablo en España, Los que siguen al Oscuro en Italia, Los acechadores de la Penumbra en Rusia y Ucrania, Nahuales en México, entre muchos otros nombres bastantes “cool”. Pero el que usamos para autodenominarnos es… Nightwind
- ¿Nightwind? -me reí un poco. - ¿Viento Nocturno?
Podía que hasta el nombre tuviese sentido: actúan como el viento, de forma rápida, invisible y en la noche
-Con nosotros no romperás la promesa que le hiciste a tu madre de no matar a nadie, no somos así, por lo regular
Pensé en eso, me dio la impresión de que quizá los que mataron a los narcos eran probablemente todos aquellos que perdieron a un familiar gracias a ellos. Un momento ¿Cómo sabe de esa promesa? Detrás de nosotros unos borrachos hacían burlas hacia mi acompañante. Pensando diferente, quise cerciorarme de algo, miré por debajo de la mesa buscando un portafolios o algo que me dijese que era algo religioso, pero lo único que vi era que traía unos pantalones muy holgados que daban un aire discotequero y que ella llevaba unos zapatos abiertos de la parte frontal que revelaban los dedos de sus pies, también con las uñas pintadas de negro. Me incorporé.
-Ref, tú mismo lo has dicho, tienes hasta tu vida truncada, nosotros vamos a mostrarte la puerta que no todo mundo está dispuesto a cruzarla ya sea por razones de legalidad o por miedo, tú eres valiente Ref.
Pensé, pero quise jugármela un poco.
-Me llamas por mi nombre, evidentemente sabes quién soy, ¿Quién eres?
-Lorena Lavoisier. No tengo nada que ver con el científico por si lo preguntas
Dudoso, tomé mi crucifijo, ¿Debía confiar en una monja cuyo crucifijo es de plata y está invertido? Pero sonaba legítimo.
- ¿Adónde vamos entonces?
Ella sonrió, me hizo la indicación, nos levantamos de la mesa y uno de esos borrachos le hacía señas a Lorena, pero ella los ignoraba hasta que tomó su brazo y le decía de cosas, ella se quedó estática unos segundos y luego giró su cabeza hacia él, todavía cubierta por esa enorme capucha, sin embargo, el cómo movió la cabeza incomodó a todos, incluyéndome.
-Señor Gabriel, le recomiendo dejar la bebida en este preciso instante, en cuanto se acabe el licor y deje el establecimiento, morirá.
Todos nos asombramos, Gabriel soltó a la mujer y nos dejó ir, pero una vez afuera.
-Refugio, piensa en un animal, en uno que te identifique
Pensé bien, me acordé de la mirada del coyote y su eficiencia para matar, quizá omita lo de matar, pero el coyote pudiera que definiese un poco mi personalidad: un poco temeroso, oportunista, taimado, rápido y ágil.
-Coyote
-Interesante
- ¿No le gustó? ¿Elijo otro?
-No, de hecho, elegiste muy bien
El borracho apareció atrás de nosotros, llamándola bruja, hereje, eructó y luego cayó al suelo, sus amigos se rieron, pero luego lo fueron atendiendo, estaba quejándose y finalmente murió.
-Gabriel Elizondo, 46 años, muerto por un ahogamiento por reflujo producto del alcohol de baja calidad que tomaba, se lo advertí. Oye, Ref, te dije que con nosotros abrimos puertas que no todo mundo abre, lo que acabas de ver es una de ellas. ¡Ah, por cierto! Por si preguntas acerca de mi apariencia, mi animal es el murciélago vampiro común, una de las pocas especies de murciélago que es hematófago, osease, me alimento de la sangre de otros, procura que no esté cerca de ti en ese estado, puede que termine abusando de tu sangre.
Me incomodó un poco, pero me giré y contemplé como esos borrachos se quejaban de porque de la partida de su compadre. Más tarde, aprendería algunos conocimientos básicos de sociología, artes, entre otras cosas, parecía un club hasta que me dieron mi pulsera, la elección del animal sería para eso, me transformaron en un coyote y me hicieron ver mi horrible naturaleza, me convertí en un animal, el hambre que te da es tan grande que te empiezas a desesperar, quieres comer todo el rato, te enoja, te angustia, pero si aprendes a controlarlo, te vuelves por completo en la máscara y el rostro al mismo tiempo, haces de la oscuridad tu aliado y de la luz tu cobijo. Me enseñaron a mejorar mi puntería a cómo disparar y hasta cómo aplicar mis conocimientos en armas. Soy un terrorista de la Oscuridad, amigo, y no me arrepiento, no sabes lo bien que se siente ser uno mismo. Mi mentora sería Lorena, sería entrenado tanto en México como en Francia y en Estados Unidos, de hecho, hasta me entrené en otras partes del Globo. Pero esa es otra historia, igual que mi relación los únicos tres estadounidenses con los que si me llevo bien. Con decirte que hasta me reencontré con Manuel y Kenny, se volvieron como ellos…
Bueno, te contaré más de los Nightwind en otra ocasión, ahora tengo que irme, tengo una cita. Camarera, no se quede como tonta mirándome, mire tome, siempre si le doy propina, ya se me pasó… este, a propósito: cuida a tus hijos más de lo normal por si acaso, ya que sabes de la existencia de los nahuales, los niños son vulnerables a que se los lleven, pues no hay nada mejor que un niño que crea e imagina a un adulto cerrado, los niños son los ideales para volverse en nahuales. Debo advertirte que hasta yo los secuestro, esa es mi labor. Hasta luego. No lo olvides, cuida a tus niños…
Category Story / Anime
Species Unspecified / Any
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